lunes, 3 de octubre de 2016

SYMPATHY FOR THE CREATURE 2: La Cosa




Título original: The Thing

Director: John Carpenter

Guion: Bill Lancaster

Elenco: Kurt Russell, Keith David, Richard Dysart, A. Wilford Brimley, Richard Masur

Cinematógrafo: Dean Cundey

País: Estados Unidos

Año: 1982

Tópicos: Alienígenas, gore, paranoia


“Una película deprimente y absurda. Los actores son utilerías mutiladas, cortadas, decapitadas, comidas y regurgitadas. Es demasiado falso como para ser desagradable. Cine basura y nada más” (The New York Times).

The Thing huele, y bastante mal. No tiene ritmo, la continuidad es frágil, no hay sentido del humor, los personajes son unicolor, sin un ápice de calor o humanidad. Me parece que John Carpenter no nació para dirigir una película de terror-ciencia ficción. ¿Para qué sirve? Para grabar accidentes de tránsito, choques de trenes y azotes públicos” (Starlog Magazine).

“Lo impresionante es cómo Carpenter lo arruina todo. Hay una gran diferencia entre efectos especiales que impresionan y suspenso y, al sacrificarlo todo en el altar de las tripas, el director sabotea el drama. The Thing se esfuerza tanto en mantenerte despierto que casi te pone a dormir” (Newsweek).

Esas son tres de las muchas reviews contemporáneas que coincidían universalmente en el fracaso de la que hoy es considerada una obra maestra del cine, un experimento en paranoia, manipulación narrativa y espectáculo gore. En 1982 se estrenaron dos películas sobre extraterrestres; la primera, E.T., de la mano de un triunfante Steven Spielberg, conquistó los corazones del público mundial, con notas que hoy vemos replicadas en Stranger Things. Cuando le hablabas a la gente de alienígenas, la gente quería un cuento que te da calorcito por dentro. La historia de Carpenter es hielo y nihilismo.

Antes de seguirla comentando, te invito, como siempre, a que la veas. Entre menos sepas de ella, mayor será el impacto.

Lo primero que hay que recordar, cuando hablamos de la trama, es que está basada en una novela John W. Campbell, aptamente titulada “¿Quién Anda Ahí?”, la historia de un equipo científico en la Antártida. Los días transcurren entre monocromo hielo y pastosa monotonía, quebrantada con el ataque de un noruego de una estación cercana. El hombre ha enloquecido y cuando el equipo norteamericano visita su estación, consiguen ruinas, sangre, locura y una criatura indescriptible muerta y congelada. Científicos al fin, la llevan a la base, seguros de estar ante vida extraterrestre. Pronto descubren que La Cosa no estaba muerta, sino hibernando y, para cuando descubren su habilidad principal (asimilar otras formas de vida, consumirlas y hacerse pasar por ellas), ya es demasiado tarde. Se viene una tormenta, están aislados y cae una noche en la que descubrirán quién es quién.

Es conocimiento popular que cuando uno habla de “terror-ciencia ficción”, dos obras son elementales: Alien y The Thing. Carpenter, devenido de una campaña admirable que empezó con Assault on Precinct 13, dándonos a Halloween y Escape From New York, tomó la historia de Campbell, ya adaptada al cine en un esfuerzo de 1951, profundizando los temas más allá de esa primera versión Y del libro. En efecto, esta película es uno de los pocos casos de una adaptación que supera a la fuente literaria. El grupo, multitudinario en el libro, es reducido a 12 hombres; El foco, centrado en “ciencia pura”, cambia a dramatismo y tensión –y, sí, los primeros treinta o cuarenta minutos son lentos, pero una vez caemos en cuenta de que cualquiera podría ser la cosa, all bets are off and we are Carpenter’s bitch.

Sí reconozco que hay un hoyo en la trama, en que no sabemos quién es la criatura ni cuándo fue asimilado, pero el genio de Carpenter es usar esa omisión a su favor. Si eres la clase de personas que necesita saber todo sobre la historia y necesita una explicación de por qué pasan las cosas, vas a odiar esta película. The Thing no se trata del cómo, sino de lo que es. Y lo que es, es perfecta paranoia. Pocas experiencias cinematográficas son más cautivantes que esos tipos reunidos en círculo, viéndose unos a otros, sin saber en quién confiar. Va a haber muchos momentos en que tú mismo vas a jurar que La Cosa es fulano, o mengano y la película confirmará o negará tus sospechas en una explosión de terror. Imposible hablar de esta película sin tocar a los efectos especiales, una vaina digna de ser vista y que te asaltan estés o no advertido. Producto de dos titanes, Stan Winston (google him) y Rob Bottin (amo de lo ultra-violento), es imposible ver al monstruo esencialmente amorfo y no concluir que estás ante una forma de vida real. Claro, la vaina es ilusionismo del más puro, jugando con la cámara, porque lo que funciona lo ves claramente y lo que no, apenas te lo sugieren –de manera que tu imaginación completa el resto.

¿Cuán efectivos son los efectos especiales? Ve esta película y luego ve la precuela del 2011. Dime cuál de las dos se ve más falsa.

Esto no es un set; es una pintura mate.
Súmale a lo antedicho unas pinturas mate de Albert Withlock (favorito de Hitchcock, prácticamente todos los grandes escenarios que vas a ver no son reales sino pintados), actuaciones estelares de Kurt Russell, Keith David y Richard Dysart y un soundtrack que le cae como anillo al dedo -¿y cómo no, cuando viene de Ennio Morricone? La película era éxito garantizado de los mejores genios de la época...

Excepto que la crítica la detestó, volviéndola un ejemplo insigne del cine reivindicado por la gente. “Me llamaron ‘pornógrafo de la violencia’” dijo Carpenter en 1985. “No tenía idea de que la recibirían así. The Thing fue demasiado avanzada para su época. Yo sabía que sería fuerte, pero no tan fuerte y no tomé el gusto del público en consideración; me tomo los fracasos de forma personal y este fue el más personal de todos”. Si Halloween fuese la única contribución de Carpenter al cine de terror, eso ya sería suficiente, pero es que además nos dio The Thing (tan admirada por Tarantino, que su Hateful Eight es un frontal homenaje), uno de los mejores esfuerzos de terror que vas a ver en tu vida.


Otra por el estilo:

Alien, por supuesto.

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