jueves, 1 de diciembre de 2016

La Máscara de Micah Ian Wright



Muchas veces lo que ocurre en el trascámaras del cómic es más insólito que lo que ocurre en las hojas y pocas cosas lo demuestran como el primer gran escándalo de los 2000: El sargento de los Rangers, Micah Ian Wright, se perfiló como un talento emergente de contundente mensaje. Pacifista hasta el tuétano, destacó por sus obras de corte militarista donde se lee a un soldado desilusionado. Prácticamente un héroe, el sargento promocionó su material hablando con la autoridad de la experiencia.

Y esa experiencia era una mentira.

I.  El Soldado.

El 20 de Diciembre de 1989, las fuerzas del ejército norteamericano invadieron Panamá, con la meta de deponer a su dictador, Manuel Noriega. Noriega, contacto de la CIA desde los años 70’, jugaba un doble papel, apoyando a los Estados Unidos en el teatro centroamericano de la Guerra Fría, mientras pisoteaba inmisericordemente a sus rivales internos. Para los años 80’, “el hombre del machete” le sacó jugo a su inmunidad, recibiendo dinero del narcotráfico. Una operación aparentemente infalible, la DEA no podía tocarlo porque era niño bonito de la Agencia y si él fungía como traficante, los cocaine cowboys contaban con un escudo perfecto.

Su participación en el escándalo Irán-Contra y una represión progresivamente abominable, provocaron un enfriamiento de relaciones con el país del norte y una posterior enemistad. Noriega, convencido de que nadie lo extraditaría y que la URSS saldría a dar la cara en caso de una invasión (debió estudiar mejor el caso Allende), saboteó unas presidenciales que perdió, se paró en su podio y retó al nuevo presidente Bush.

La respuesta de los Estados Unidos fue la Operación Causa Justa y uno de sus operadores era el sargento Wright, de la fuerza de élite Ranger.

Con hombres a su mando, Micah Ian Wright fue de los primeros paracaidistas en plantar cara al enemigo, participando en encarnizados combates contra fuerzas armadas panameñas.

—Es el stress de ser oficial en los Rangers. Vi toda una urbanización arrasada por una bomba perdida nuestra. La gente corría de nuestras balas, mujeres con niños en brazos.

La batalla, que representó una catástrofe en víctimas para Ciudad de Panamá, no era la primera operación en la que Wright participó; Veterano de misiones encubiertas, conocía bien la zona aunque no estaba autorizado para dar detalles.

—En Panamá, tuve lo que los alcohólicos llaman “Un momento de claridad” —le contó a los periodistas—. Era la navidad de 1989 y estaba frente a 80.000 personas huyendo de nosotros. Convertíamos sus huesos en ceniza. Me detuve, me quité el casco y me pregunté qué me había llevado a ese momento. ¿Por qué, si yo era de los buenos, me sentía así?

Un ansioso periodista preguntó al autor de StormWatch: Team Achilles si en esas misiones había matado a alguien.

Micah guardó silencio.

—Esa es la clase de preguntas que no me gusta contestar —puntuó con otra pausa—. Le disparas a gente que te está disparando, quieres proteger a tus muchachos y ves a tus rivales caer. Digamos que nunca he disparado a nadie que no me haya disparado primero.

Ya consagrado en el cómic, Oni Press le invitó a que redactara el prólogo de Queen & Country: Declassified, de Greg Rucka, que Wright honró con:

—Esto nos muestra el rostro del horror y de la guerra (…) La razón de por qué sé que Greg es un genio es porque he vivido las situaciones que narra en su libro.

II. El Escritor.

El libro no pudo salir en mejor momento: You Back The Attack! We’ll Bomb Who We Want! es una colección de afiches de la segunda guerra mundial, reeditados para mostrar, con cinismo, las oscuras maquinaciones que guiaban al complejo industrial-militar norteamericano. Los combates en Irak estaban empezando, se sentía la mala leche del Patriot Act y aunque el clusterfuck de DAESH estaba muy lejos, Al Qaeda gozaba de plena salud. El ambiente se estaba caldeando para lo que sería una sangrienta batalla en Fallujah y la clara noción de George Walker Bush, hijo del hombre que depuso a Noriega, quizá mentía.

Wright, otrora conservador derechista y ahora liberal de izquierda, coronó aquellos afiches con frases tipo “Me uní al club donde nos disfrazamos de héroes… ¡Igual que el presidente” y “¡Calla! ¡Preguntar demasiado cuesta vidas!”. Su libro, el primero de una trilogía, fue descrito entre polémica y debates, como un “valiente y satírico remix, impresionante, hilarante y políticamente incendiario”. La cerecita en el pastel de un escritor con reputación. Desde el 2002 era libretista de Team Achilles, título de Wildstorm (subsidiaria de DC), donde un equipo de fuerzas especiales altamente preparado se enfrentaba a supervillanos y desconfiaba de los superhéroes. Un thriller que revivía con ímpetu a StormWatch (originalmente de Image), era reconocido por sus personajes bien elaborados, sus tramas planeadas y las atractivas ilustraciones de Whilce Portacio. Era como el Nick Fury de Jim Steranko, pero a la enésima potencia, un título que le caía como anillo al dedo a un hombre de misterio internacional.

Fue el Washington Post el primero en caer bajo el hype. En un artículo de Richard Leiby donde se detallaba al controversial libro pacifista, Micah reiteró su pasado en las fuerzas especiales y lo repitió más tarde en una entrevista radial. Claro que, a estas alturas, varias fuentes cuestionaban el cuento. No fue sino hasta la publicación del Post que la cosa llegó a ojos de otros Rangers.

Llamadas y correos electrónicos inundaron a la prensa, soldados que solicitaban la hoja de servicio del sargento Wright, exigiendo a Leiby que contactara al Comando de Operaciones Especiales para que se liberaran los registros de su participación militar.

El periodista investigó, se puso en contacto con Seven Stories Press, y en conjunto, exigieron a Wright documentación de sus alegatos. Wright se negó. Un par de días después, publicó un texto en su blog que aún hoy es leído.

III. La Confesión.

“Hola.

Me llamo Micah Wright. Soy Ranger del ejército retirado y les he estado mintiendo. He guardado el secreto por años, pero las mentiras crecen y se salen de control. Quiero aclarar mi Gran Mentira. ¿Sobre qué?

Nunca fui Ranger del ejército. Nunca serví en una división Ranger ni fui al entrenamiento. Lo más cerca que he estado del ejército es cuando me inscribí como reservista.

Fue una mentira estúpida cuyas raíces datan de la universidad. Cuando fui reservista (y de verdad lo fui, créanme), conocí a muchos Rangers, soldados increíbles. Siempre me impactó su inspiración, su compromiso de equipo. A pesar de que me gustó mi período de reservista, concluí que ocho años de servicio militar no eran para mí y lo dejé. Pero habiendo abandonado el curso, la impresión entre mis amigos de que serví en las fuerzas armadas regulares persistió.

Años después invadimos Afganistán. La Guerra Contra el Terror empezó, el Acta Patriota estaba aceptada, miles de musulmanes fueron arrestados bajo cargos secretos. Los Estados Unidos empezaban a dar miedo. Ahí decidí hacer mis posters. Tomé imágenes icónicas de la segunda guerra y cambié el texto para que el lector viera las mentiras del presidente y de los medios. Tan pronto los subí al internet, recibí una furiosa respuesta, un odio contundente, amenazas de muerte acusándome de traidor. Habría que sacarme los ojos, partirme las piernas y et céteras. Recibí hasta llamadas telefónicas.

En esa atmósfera, la vieja mentira del Ranger me vino a la mente. Subí una “página hermana” a la de los posters donde dije que era veterano y quiénes eran estas personas para decirme lo que puedo hacer. No fui cocinero en la marina ni mecanógrafo en la fuerza aérea, fui Ranger del Ejército. Quería ver cómo esa información contrastaba en el público con los posters.

Las amenazas de muerte prácticamente cesaron. Todavía me mandaban correo furioso, pero era distinto, me decían que mi opinión era absurda o ingenua. Mis compatriotas parecían creer que si serviste en el ejército, eso te daba libertad para decir lo que quisieras, pero si eras veterano, era blasfemo ir contra tu país. ¿Eso justifica mi mentira? No. Pero la facilitó.

Y entonces me contactaron para publicar un libro con los afiches. El editor me dijo que eran buenos, pero que la mejor parte era el autor, un hombre desgarrado por la guerra. Un tremendo gancho de ventas. Confesar en ese momento habría concluido la mentira pero, también, mis posibilidades de publicación. Seguí mintiendo. ¿Qué mal podía hacer? Sólo quise escribir un libro.

Y así la Gran Mentira se salió de control.

El libro progresó… y mi editor dijo que quería detallar mis experiencias en Panamá para el prólogo. De inmediato me puse a investigar, leí todo lo que encontré sobre los Rangers, hablé con veteranos de Panamá online, leí testimonios de la invasión y varias fuentes panameñas, para mayor perspectiva del conflicto.

Todo lo que sale en el prólogo es verdad… excepto que no me pasó a mí. Lo que descubrí de la política norteamericana en 1989 se me parecía a la América del 2002. El Pentágono hablaba de la Guerra Contra el Terror y los medios replicaban sin revisar la información. La rabia que me dio se convirtió en mi justificación para seguir mintiendo.

¿Quién revisaría la información? ¿Alguien se tomaría la molestia? Hasta planté evidencia contradictoria, diciendo aquí que serví en el tercer batallón y allá en el segundo. ¿Se darían cuenta? Subí una foto de “mi” promoción y me identifiqué como un negro. ¿Alguien en los medios diría algo? Mencioné un sargento de pelotón inexistente, ¿lo buscarían?

La respuesta fue un contundente NO. Miré con maravilla y horror cómo “mi servicio” se derramó de un mundo pequeño al mainstream. El Boston Globe, el Christian Science Monitor, el New York Times, el Fox News Channel.

Francamente, estoy harto. Harto de mentirle a mis amigos, colegas, fans y a mí mismo. No soy un Ranger. Le he mentido a tanta gente con eso que me da asco. No he dormido bien y me estoy dando una úlcera. En los últimos años, docenas de soldados han muerto o sufrido heridas, ¿cómo puedo mentir ante eso? Cuando leí sobre Pat Tillman, que sacrificó su carrera en el fútbol –y su vida- para meterse en los Rangers, supe que tenía que parar. Perdón por mentir. Perdón a las familias de los Rangers. Me ha pesado en el corazón y en la mente por años, matándome el espíritu, contaminando mis amistades y amenazándome todo. Ojalá todos me puedan perdonar.

Y por favor, no más amenazas de muerte.

Micah.”

IV. Crash & Burn.

“Micah no confesó nada” dijo Richard Leiby. “Publicó el desahogo después de que le advertí a Oni Press que sacaría el artículo con la verdad, con las evidencias en la mano”.

Digamos que la gente no se tomó la revelación con gracia.

El fandom del cómic levantó armas contra el hijo pródigo y no tardó mucho para que los profesionales se hicieran eco. Aunque todo el mundo canceló sus proyectos con Wright –Team Achilles quedó inconclusa estando ya listos los libretos-, la fama del farsante se disparó, o mejor dicho, su infamia. Los foros se encendieron no para debatir los pósters, o la futura serie para DC, eternamente suspendida (Vigilante), sino para comentar el escándalo. El propio Micah trató de calmar los ánimos, pero ante la virulencia de los ataques, respondió insultos con insultos, apagando las llamas con gasolina. “Le pedimos este prólogo por su carrera militar” dijo el editor en jefe de Oni Press, “por su aparente honestidad a la hora de hablar de las fuerzas armadas. ¿Ahora cómo tú crees que nos sentimos?”

“Te sugiero una cosa, Micah” sentenció el legendario Kurt Busiek, “deja de defenderte”.

“Si te parece que el modo en que te están tratando los fans es injusto, piensa en toda la gente que dudó de ti y llamaste ‘mentirosos’ y ‘haters’, piensa en Carlos D’Anda, que le dedicó meses de su vida a un proyecto contigo que ahora está manchado, piensa en la gente de Oni, que promocionó y ya tiene inventario de un producto con tu nombre, nombre que ahora les hará daño. Piensa si eso es justo y en cómo te estás quejando por cómo la gente se tomó la noticia”.

Dicen que no existe la mala publicidad, pero para Micah, recordado más por sus engaños que por sus aciertos, la frase debe sonar amarga. Con los años, ha seguido activo escribiendo para videojuegos, con tentativos acercamientos al arte secuencial, pero los pecados lo persiguen como grillete en un medio que no quiere saber más de él. “No leo lo que escriben de mi en Internet” dijo en el 2012. “Es demasiado deprimente. Cada vez que sugiero mi retorno al cómic, surge una legión quejándose a gritos. Pero ojalá y la gente que me ha perdonado se interese por mis libros”.

Hoy, a más de diez años del revés, el jurado no termina de ponerse de acuerdo. ¿Merece otra oportunidad? Probablemente. ¿La gente se la dará? Es dudoso. Y quizá lo más amargo para aquel talento emergente es que sí, obtuvo la fama como escritor, pero no se lee de él, sino sobre él.


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jueves, 17 de noviembre de 2016

El Estado de la Unión y Ministry


Es como si me estuviese tomando vacaciones del blog, ¿no? Es el efecto post-Creature. Si se fijan, fue igual el año pasado. Por cierto que la recepción que tuvieron con Sympathy for the Creature 2 superó mis expectativas. Escribir en internet así se siente muchas veces como navegar el océano en una bañera y gritas al cielo y no sabes quién te oye. Saber que la vaina traspasa la barrera de la gente que etiqueto en facebook (and I don't tag 200 people) es la clase de cosas en las que es mejor no pensar mucho. No sé si les gustó porque no dejan comentarios y es un error vincular tráfico con aceptación, pero sí es agradable ver cómo las visitas van aumentando más allá del mes de octubre, que es donde pensé que todo quedaría (sort of like Creature 2015, that's why I promote it from time to time).
 
He seguido escribiendo, pero ficción, la clase de cosas que no se ajustan bien a un formato como este. Tengo también el borrador de un par de artículos que verán por acá tan pronto como me siente a editarlos.

I’ve learned that when I’m focused on articles, I’m a very niche writer; I could write about Dr. Strange, videogames or google whatever is popular now, and know that it’ll report me more hits and likes, which is the trap of the internet content creator; Instead I’ll go write about the Ramones or Micah Ian Wright (more on that soon) and the group who’s gonna read that is very specific, but very appreciative. Gives sense to it all.

En cualquier caso, siempre estoy activo en twitter y últimamente en instagram.

Ahora, Ministry:


lunes, 31 de octubre de 2016

SYMPATHY FOR THE CREATURE 2: La Mosca




Título original: The Fly

Director: David Cronenberg

Guion: Charles Edward Pogue, David Cronenberg

Elenco: Jeff Goldblum, Geena Davis, John Getz

Cinematógrafo: Mark Irwin

País: Estados Unidos

Año: 1986

Tópicos: Ciencia ficción, mutantes, terror corporal


El doctor Seth Brundle ha hecho un descubrimiento que, descrito acertadamente a la periodista Ronnie Quaife, “cambiará al mundo para siempre”: Con dos cúpulas y manipulando a la física, se puede introducir algo en una y hacer que aparezca en la otra. Teleportación, baby. El invento tiene un solo problema: Sólo funciona con materia inorgánica. Intentando descifrar el acertijo y tras un entregado romance con Ronnie, Seth se somete a la prueba de teleportación. No sabe que comparte su “telepod” con una mosca doméstica y, cuando reaparece en la otra máquina, no ha sido erradicación, ni dominación lo que la máquina resolvió: Ha sido fusión.

Si esta fuese una historia de Marvel, te aseguro que Seth se habría convertido en The Marvelous Fly, pero quien lleva las riendas es David Cronenberg; Antes de continuar, te pido encarecidamente que no busques imágenes ni el tráiler ni nada de esta película. En general nunca hagas eso con el cine de terror, pero ir descubriendo el experimento de Seth conforme Cronenberg nos lo muestra es un espectáculo grandioso.

Por si no lo sabes, esta película es un remake de una película homónima de 1958, con Vincent Price. Las premisas son más o menos las mismas, pero en la primera versión nunca nos dan una explicación científica de por qué el resultado es un hombre con cabeza de mosca y una mosca con cabeza de hombre, como bien apunta Cronenberg. “Sabemos que las moscas tienen aspectos distintos a la naturaleza humana, más allá de la imagen mosaico clásica de la esposa gritando y que vemos por los ojos compuestos de la criatura. Esos aspectos no deben aparecer divididos en distintas partes de la película, sino ensamblados”. Muchos de esos cambios (posibles gracias a los efectos especiales de Chris Walas, que salió con un Oscar para montar en el escritorio) son obvios si sabes lo más básico sobre las moscas, pero el modo en que Seth va cambiando afecta su forma de moverse -algo tan básico como el movimiento humano nos resulta repelente cuando cambia y va dando paso a otra naturaleza. Todo lo que ves en pantalla es cien por ciento creíble y, como todo buen mago, aquello que no se ve tan bien, apenas lo vemos. La ilusión de que presenciamos a una forma de vida real nunca se quiebra.


Genios en faena

Pero es que el cambio también afecta a Seth psicológicamente, aspecto que no se comenta tanto –así de espectacular es el cambio físico. Durante un desayuno (e ignorante de lo que realmente acaeció durante el experimento), le cuenta a Ronnie cómo se siente más puro, más enérgico, va de acá para allá en una perorata verborréica (y parcialmente improvisada por el actor), mientras le añade azúcar al café, y azúcar, y azúcar y Ronnie alza la ceja, “¿Tomas tu azúcar con café?” Así como los efectos de Walas nos venden la historia, es el genio histriónico de Jeff Goldblum lo que nos convence de que, en efecto, cualquier persona atravesando esta situación reaccionaría así (muchos actores rechazaron el papel por lo exigente físicamente, algo que Jeff asumió como un reto). Geena Davis, otra señora actriz (y novia real de Goldblum en esos años), lo acompaña como la aterrada pareja que ve a su otrora amante deteriorarse y dar paso a algo insospechado, por una enfermedad que no comprenden bien. Claro, imposible no ver paralelismos con la epidemia del SIDA, que tantos estragos causaba por la época. “En realidad el espíritu tras la enfermedad de Seth es la vejez y lo inevitable que es deteriorarnos” cuenta el director. “Es una de las razones de por qué la historia es tan universal, porque todos podemos identificarnos con ella. ¿Sabes cuánta gente se ha dado cuenta de sus enfermedades fatales mientras se veían en el espejo del baño?”

Una característica de David Cronenberg es cómo consigue el corazón dentro de lo grotesco y esta, una de sus mejores películas en una distinguida filmografía, es evidencia de cuán cerebral es, cuánto investiga sus proyectos, cuánto esmero le pone a escuchar el espíritu de sus personajes (date cuenta del cambio psicológico que experimenta Stathis, el que sería el malo en una peli convencional). Basta con decir que para desarrollar la psicología de Seth, el punto de partida fueron los libros en primera persona de gente con enfermedades fatales. De manera que el impacto de The Fly no es sólo lo físico (que es bastante), sino cómo la degeneración se vuelve mental y, por último, espiritual. “El tema de la ética en la tecnología, la ciencia y la moralidad es recurrente en mis películas y prevalece el concepto romántico de llegar tan lejos que retas a los dioses. Si vuelas muy cerca del sol, se te derriten las alas y caes a tu fin. No creo en el destino, pero sí creo que parte de nuestra naturaleza está en cuestionar y cambiar lo que ya conocemos, tratar de entenderlo todo, y eso tiene buenos y malos resultados. Y nadie podrá detenerlo”.


Otra por el estilo:

Otro maquillaje icónico en corazón grotesco, El Fantasma de la Ópera.