miércoles, 7 de octubre de 2015

SYMPATHY FOR THE CREATURE: La Novia de Frankenstein (1935)





Título original: The Bride of Frankenstein

Director: James Whale

Guion: William Hurlbut, John L. Balderston

Elenco: Boris Karloff, Colin Clive, Elsa Lanchester, Ernest Thesiger, Dwight Frye

Cinematógrafo: John J. Mescall

País: Estados Unidos

Año: 1935

Tópico: Monstruos, científicos locos, Universal Monsters

Cuando uno habla de secuelas que rivalizan con sus primeras partes, se suele citar a Terminator 2, Aliens, El Padrino 2, Dawn of the Planet of the Apes, Mad Max: The Road Warrior… pero yo lo echo más para atrás, a la película de 1935 por el mismo equipo que nos brindó la legendaria Frankenstein: La Novia de Frankenstein, por James Whale.

Esta vez, la trama es más cercana al libro, tan cercana que abre con la ahora legendaria noche en que los jóvenes bohemios decidieron contarse historias de terror para entretenerse (así es como nació El Vampiro de Polidori y la novela más famosa de Mary Shelley). Shelley, interpretada por la actriz más bella que ha bendecido a una película en blanco y negro, Elsa Lanchester, nos narra la continuación de la primera parte, que arranca justo donde la anterior se quedó. El monstruo ha sobrevivido al linchamiento en el molino y, extraviado en el bosque, va a parar a la cabaña de un ciego, con quien aprende a hablar. Este es el primer sabor de bondad que el monstruo consigue, cuando incluso sus buenas acciones han sido recibidas con desprecio.
Mientras tanto, Henry Frankenstein también ha sobrevivido y se recupera junto a Elizabeth, con quien se casará y dejará la pesadilla de su impía creación. No cuentan con la aparición del Dr. Septimus Pretorius (buen nombre, ¿eh?), que trata de devolver a Henry a los malos pasos. La pesadilla se niega a morir y el monstruo se aparece ante su creador, ahora capaz de hablar y razonar. En un mundo que lo ha tratado con crueldad, sólo desea alguien que lo comprenda. Henry no tiene opción: Debe volver al laboratorio y el Dr. Pretorius sabrá sacarle provecho.

Personalmente considero a esta película más interesante que la original. Para una audiencia moderna, la original es una monster movie by the numbers, pero The Bride trae nuevos elementos que sacuden un poco la dinámica. El monstruo ya no sólo gruñe, sino que es más articulado (James Whale compuso los diálogos partiendo del vocabulario conseguido en niños de diez años, cosa que Karloff detestó) y Clive, que estaba mucho más alcohólico, volvió al rol, a pesar de los deseos de los productores. “Su calidad histérica es necesaria para el film” sentenció Whale y vaya que tenía razón.

Las adiciones más importantes vienen por los nuevos roles. Dwight Frye volvió, pero como otro sirviente jorobado que no es muy distinto a Fritz (este se llama “Karl”, ¿qué quieres que te diga?) y Ernest Thesiger asume el papel de Septimus Pretorius. Mucha gente ha especulado que Pretorius no era sino un personaje representante de Whale y que la invitación a Henry para crear vida juntos tenía trasfondo homosexual —el director era una rareza en el Hollywood de la época, porque era abiertamente gay. Ese es un aspecto de la película que no podemos ignorar; para muchos analistas y estudiosos del cine, Pretorius es el primer personaje homosexual del cine mainstream. El tipo es flamboyant, súper culto, solitario y uno no sabe si su pegue con Henry es porque está interesado en la creación científica o en el creador (Whale llegó a explicarle a Thesiger en el set que “estás enamorado de Henry y el monstruo es tu herramienta”).
Colin Clive, de quien se rumoreaba su bisexualidad, nos otorga una vez más a un Henry al borde de un colapso nervioso. El tema de la sexualidad vuelve, porque aunque textualmente es obvia la lucha del doctor por estar lejos de su creación, podrías darle el subtexto de que está entre el amor de Elizabeth y Septimus. Boris estira mejor su histrionismo (si te das cuenta, en la primera tiene las mejillas hundidas y en esta no; es porque en la primera tenía prótesis y acá no las podía llevar porque tenía que hablar). Whale repitió a sus actores ancla porque “Vale la pena repetir a un buen elenco” y las variaciones que añaden Thesiger y Lanchester funcionan a la perfección.

La historia está muy bien construida. En la primera parte, el monstruo no era sino eso; acá es un personaje. Tiene un arco, lo vemos pasar de la criatura casi salvaje que es en Frankenstein, a alguien capaz de aprender tras las persecuciones a las que es sometido. Es imposible no sonreír al verlo aprender con el ciego (“Frrriend… good… smooke… baaaad”) y la escena en que le agarra el gusto al cigarro tiene su deliberado humor. Cuando se consigue con Pretorius, nuestro interés se crece: Sabemos lo que quiere el monstruo y sabemos lo que quiere el doctor. Es cosa de presionar a Henry. Elizabeth esta vez tiene un papel más activo y es ella quien salva a nuestro protagonista.

A lo mejor es que Hollywood estaba un poquito más sofisticado (¡ya existen los soundtracks!) y eso apela a mis gustos de espectador moderno, pero esta me gusta más, pues.

La intervención de la icónica Novia es maravillosa, dejaré que tú la veas. Es difícil imaginarnos una situación en que alguien pueda robarle cámara a Boris Karloff, pero helo ahí, Elsa Lanchester es apasionante tan pronto asume el peinado a lo Marge Simpson.

James Whale, que hizo lo posible por evitar una secuela, nos otorgó un producto de la más alta factura. Es curioso que entró en el cine de terror escapando a la fama de director de películas de guerra (fue oficial de la Gran Guerra) y ahora no conseguía trabajo en otro género. Fue pasando al retiro, aunque estuvo orgulloso de sus trabajos. Si quieres saber más sobre la interesantísima vida de ese hombre, te recomiendo la peli biográfica Gods and Monsters, donde es encarnado por Gandalf himself, Sir Ian McKellen. Es la clase de películas que te ofenderá si eres un idiota (es franca en cuanto a la sexualidad), pero un amante del cine y su historia no se la puede perder, te la recomiendo sin dudarlo.

Si te quejas de las películas en blanco y negro y esta no te seduce, nada más lo hará. Sería injusto decirte que te saltes Frankenstein y veas esta directamente, porque la primera entrega es un hito del cine y al menos te servirá de trasfondo para lo que vas a ver, pero si debes ver una sola peli de los Universal Monsters, está es la elección. Roger Ebert (un verdadero académico del cine) dijo muchas cosas geniales y una fue “muchos cinéfilos dicen que no ‘gustan’ del cine en blanco y negro. En mi opinión, se están prohibiendo a sí mismos buena parte del misterio y la belleza de las películas. El blanco y negro es una elección artística, un medio que tiene fuerzas y tradiciones, especialmente en su uso de luz y sombra. El público tiene, por supuesto, su derecho a rechazarlo, pero no es algo de lo que deberían sentirse orgullosos. Los revela como, francamente, analfabetos cinéfilos. He sido descrito como un snob en este tema, pero los snobs excluyen, no incluyen. Excluir el blanco y negro de tus elecciones es un reconocimiento de poseer una mente cerrada, imaginación limitada o pobre gusto”.
Sigue su consejo. Ve The Bride of Frankenstein.

2 comentarios:

  1. Coye, chico... jamás me había interesado el cine B/W hasta ahora. Lo has logrado. La narrativa tan suelta y amena de "Sympathy for the creature" lo ha hecho una -si se permite usar la palabra- colección interesante. Me encanta, y ya empieza la mala costumbre mía de pedir que escribas y escribas y escribas...

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    1. Excelente! :D

      Hay muchas pelis en B/W que no he comentado acá de esa época, pero tengo sólo 31 días. Esta es una buena introducción, a mi juicio. El ritmo dramático es distinto a la modernidad, pero te adaptas. Espero que te gusten!

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