sábado, 24 de octubre de 2015

SYMPATHY FOR THE CREATURE: El Resplandor (1980)


Título original: The Shining

Director: Stanley Kubrick

Guion: Stanley Kubrick, Diane Johnson

Elenco: Jack Nicholson, Shelley Duvall, Danny Lloyd, Scatman Crothers

Cinematógrafo: John Alcott

País: Reino Unido

Año: 1980

Tópicos: Fantasmas, embrujos, terror psicológico



Cuenta Stephen King (invitado habitual de este blog, parece) que la idea le nació cuando, una noche, había estado tomando unas cervezas viendo televisión. Terminado lo que veía, se levantó y fue a su estudio para alimentar la máquina de escribir. El horrorizado fue él, porque la habitación era un desastre. Uno de sus hijos (no recuerdo cuál) había entrado y con un creyón rayó las hojas de su manuscrito.
El niño se quedó ahí, viéndolo con una sonrisa y el arma en la mano.
“Lo quise matar” dice ahora el hombre de Maine. “En ese momento, lo quise matar. Me contuve de hacer una escena, porque él no sabía qué había hecho mal, pero mi deseo no era sólo regañarlo, era hacerle daño. La idea me aterró y me persiguió durante mucho tiempo, porque amo a mis hijos y no podía explicarme de dónde semejante rabia había nacido”.

La escena fue exagerada en la novela producto, El Resplandor, obra maestra de la literatura de terror moderna.

Las películas de King, que ya habían despegado con la excepcional Carrie, estaban empezando a configurarse como un producto mercadeable y sería bueno preguntarle a Stanley Kubrick qué fue lo que le interesó. Los grandes directores no saben qué hacer con el terror. No manejan el lenguaje ni la forma, y esperan que los resultados estén a la altura de lo ya hecho. Kubrick cayó en la trampa, desechando el guión escrito por el propio King y redactando uno propio.

La familia Torrance va a pasarse un invierno como los cuidadores del Hotel Overlook, en las montañas nevadas. El patriarca, Jack Torrance (escritor amateur con un incipiente problema alcohólico) toma el trabajo porque necesitan la plata. El hotel tiene una infausta reputación –el antiguo conserje se volvió loco durante un invierno y masacró a su familia. Un hecho aislado, ¿verdad? ¿Qué es lo peor que puede pasar cuando la tormenta llegue y los Torrance queden aislados en un hotel que quizá es más de lo que parece?


El acercamiento de Kubrick a la historia no es emocional, sino intelectual. Uno de los temores en el libro es ver cómo Jack va degenerándose y perdiendo su humanidad. En la película, podemos ver la semilla de la locura tras los ojos de Torrance desde su primera aparición, esa sonrisa, esas cejas arqueadas. Jack Nicholson es una de las principales razones de por qué este film es tan famoso y el tipo merece esa atención. Aguantó la tormentosa grabación como un pro y añadió un poquito de su cosecha. ¿Sabes la escena en que está solo y se pone a lanzar una pelota contra la pared? Eso fue improvisado. El guión decía “Jack está en el salón”. Nicholson nos dijo por qué su personaje estaba en el salón.

En las manos de otro actor, la película hubiese colapsado. El rol de Jack era crítico y Kubrick supo elegir a su actor.

Y esa es la otra parte de la ecuación, ¿no? El director, que cuadró los detalles con obsesivo detenimiento (todas las páginas del libro de Jack fueron mecanografiadas a mano por una sola persona), volvió loco a sus actores. Shelly Duvall sintió tal desprecio por él que puedes notarlo en los tras-cámaras. Kubrick necesitaba de un performance histérico y estaba dispuesto a obtenerlo de su actriz. Varias veces.

Hay que mencionar que muchas cosas de la película no están en el libro, como por ejemplo el tema principal, ejemplificado en una escena con la que todo escritor se identifica. Jack está escribiendo en el lobby del hotel, el tlac, tlac, tlac de la máquina llenando la habitación. Wendy, su esposa, llega.
“Hi, honey” dice. “¿Cómo va eso?”
Jack despega los ojos de la máquina con lentitud.
“Fine”.
“¿Has escrito mucho hoy?”
“…Sí”.
Wendy sonríe. “Hey, el reporte del clima dice que va a nevar pronto”.
“¿Y qué quieres que haga?”
“Ay, amor, no seas gruñón”.

Y ahí Jack habla por todos los escritores:

“Wendy. Déjame explicarte algo. Cuando vienes aquí y me interrumpes, rompes mi concentración y me cuesta volver a donde estaba. Así que hagamos una nueva regla: Cuando vengas acá y escuches el tecleo, o no escuches nada, o lo que sea que oigas, cuando estoy aquí quiere decir que estoy trabajando, así que no me interrumpas. ¿Tú crees que puedes hacer eso? Puedes empezar ahorita, largándote”.

¿Por qué ese es el tema de The Shining? Porque todos sentimos momentos donde queremos decirle de todo a la gente que nos irrita, pero nos controlamos. Tenemos una parte reptil en el cerebro, la parte de sangre fría y a esa parte no le importa sino la gratificación inmediata, lo que Freud llamó “el ello”. Para mí (y lo digo de ese modo porque esta película tiene sopotocientas lecturas), los fantasmas son una metáfora sobre los bajos instintos, lo que nos lleva a hacer cosas de las que después nos arrepentimos, alzarle la voz a tu pareja, beber cuando saber que no debes… y hacerle daño a los que amas.

Me llama la atención el tema de la curiosidad, que es algo subyacente en el libro. Empezando la película, el cocinero del hotel, Halloran, descubre capacidades psíquicas en el pequeño Danny. “Vas a ver muchas cosas en el hotel” le dice, tomándolo aparte. “Aquí han pasado cosas buenas y cosas malas. Las cosas malas son como fotografías, no pueden tocarte. Así que no tengas miedo”.
Pero el viejo desvía la mirada.
“Hay un cuarto que sí quiero que evites” dice. “La habitación 237. Nunca entres ahí, Danny”.

“Puedes explorar todo el castillo” le dijo el conde Drácula a Jonathan Harker, “excepto las puertas cerradas. Un castillo viejo tiene muchas memorias y Transilvania no es Inglaterra”.

Del mismo modo, Danny Torrance y Jonathan Harker se ven seducidos por lo prohibido. En el libro es genial, porque conforme Danny se acerca a la puerta, recuerda un cuento que le echó su papá, la historia de Barbazul. Cuentan que Barbazul tenía muchas esposas que desaparecían. Al tener la nueva, le dijo “La casa es tuya, excepto aquella habitación”. La mujer no se contiene y abre la habitación una tarde… para encontrar las cabezas de las ex esposas metidas en jarras.

En fin, The Shining nos habla de la delgada línea entre la realidad y la fantasía y cómo los deseos reprimidos pueden apoderarse de nosotros, pasándolos de la racionalidad a la locura. Horror con la simbología de las imágenes y un uso pionero de la tecnología (archiconocidas son las escenas en steadycam), es una película incomprendida cuando salió, pero que el público llevó con el tiempo al puesto honorífico de hoy.
                                                                  

“La película es fría” se quejó Stephen King después. “¿Pero pudo hacerse mejor? El tiempo nos indica que no”.

1 comentario: