sábado, 26 de noviembre de 2022

Blizzard Entertainment: Imperio, Auge y Caida

La primera vez que supe de Blizzard fue gracias a mi amigo David, un tipo avanzado que siempre supo que PC gaming was the way to go, y tenía su colección envidiable de juegos. Ir a la casa de este man era como pasar un portal a otra dimensión mágica. Sus juguetes eran bestiales, las chucherías eran importadas, su PC tenía King’s Quest, Monster Truck Madness, Cybermage, SWAT y a todos los Doom—que merecen su propia entrada.

 

Y un día, llega David al colegio con el manual de Warcraft II, que el que nunca haya leído un manual de la vieja Blizzard, bájese eso para que vea rostro.

 

En una mente geek de quinto grado de primaria, amistades, ese mero manual daba para incesantes aventuras y juegos, sin un solo componente electrónico, pura imaginación. Esto es mucho antes de que Peter Jackson adaptara las películas de El Señor de los Anillos y todo el mundo se familiarizara con los conceptos de fantasía clásica. Estamos hablando de 1995, y nadie sabía lo que era un elfo o un orco. Mi noción personal de la fantasía era la arturiana, estábamos a un par de años de descubrir al Dungeons & Dragons, y acá veíamos a una guerra entre humanos, elfos y enanos contra orcos, trolls y ogros. Cuando vi el juego al fin, mind blown, porque era una cosa que se veía como un dibujo animado (en una época donde los 16 bits del Super Nintendo reinaban impunes), y además eras tú como general de un ejército moviendo a tus soldados. Administrabas la base. Un concepto que destrozó, desde todo punto de vista, a nuestra niñata imaginación.

 

Conocimos a Uther the Lighbringer y a Doomhammer, al troll Zuljin, a los elfos de Quel'Thalas. Por allá por 1997, otro buen amigo mío, Fel, compró Diablo y es imposible exagerar el impacto que este juego tuvo en nuestro grupo. A mí personalmente lo que me impactó fue la unión del juego con la literatura; Diablo venía con un manual espectacular donde por lo menos el 60% estaba dedicado a explicarte ese mundo y la mitología detrás de la vaina. El cuento era increíble, una historia de ángeles luchando contra demonios y un noble rey que va cediendo ante la corrupción del Señor del Terror, hasta hundir a toda su gente en una catastrófica era de oscuridad.

 

Todo eso que tú veías en ese manual, que nosotros memorizamos, luego se veía replicado en el juego. No sé cómo explicarte la emoción de haber leído sobre Bartuc el Sangriento, y luego estar en la mazmorra infernal de Diablo sabiendo que lo estamos cazando y que el encuentro sólo terminará con la muerte de uno de los dos.

 

Ambas experiencias se solidificaron con la salida de StarCraft, un juego de estrategia similar a Warcraft II, pero en esteroides. Ya no eran dos razas en juego, sino 3, súper diferentes entre sí y cada una con su propia mitología. Influenciados por Warhammer, como siempre, pero también por la forma en que las cartas de Magic the Gathering tenían facciones de clara identidad en un perfecto balance, acá los muchachos de Blizzard crearon también a una experiencia donde las misiones estaban unidas por personajes. Nunca antes se había visto que en un juego de estrategia tú tuvieras tenientes que además afectaban directamente la trama. El impacto que una generación de geeks sufrió una década antes cuando Jean Grey sucumbió ante el poder de Fénix, nosotros lo sentimos replicado al ver a la valiente Sarah Kerrigan caer en las manos del enjambre insectóide zerg, convertida en una monstruosa criatura dedicada a la erradicación de sus antiguos amigos.

 

Y una vez más, el manual, muchachos, el manual. Esta gente te explicaba en detalle lo que tú veías en el juego, desde qué tipo de arma usaban los soldados hasta cuál es la historia detrás del desarrollo del tanque, de dónde venían las especias zerg originales y cómo eran todos esos planetas que tú visitabas. De nuevo, esto es previo a una época donde tú tenías al alcance de la mano información detallada sobre Star Wars u otras sagas de ciencia ficción; esta fue nuestra primera exposición seria a la space opera.

 

Y qué historia. El cuento de cómo la humanidad para en las estrellas, colonizando a planetas lejanos y generando sus propias costumbres y odios, es algo que influye en mi ficción al día de hoy, un cuento maravilloso que nunca me cansaré de elogiar. Ese mardecío manual es una obra de arte.

 

Huelga decir que cuando salió Diablo 2, nos obsesionó y ya aquí éramos capaces de identificar el simbolito este que salía al inicio de cada juego. Ya sabíamos que “Blizzard” era señal de calidad, confirmado con la salida de Warcraft 3, una era en la que Blizzard se echaba cuatro o cinco años desarrollando un juego que, cuando salía, volvía inmediatamente obsoleto a todo lo que vino antes y, a veces, hasta a sus propios contemporáneos.

 

*        *        *

 

Mike Morhaime, fundador de la empresa, comentó una vez que la meta de Blizzard era volverse el Disney del gaming. World of Warcraft volvió esa ambición una realidad y ya las cosas no volverían a ser iguales.

 

Yo nunca jugué World of Warcraft porque el modelo me era inaceptable; WoW era un juego multijugador online, algo como un Calabozos y Dragones por internet ambientado en el querido mundo de Warcraft. Pero para entrarle a WoW tenías que, primero, comprar el juego, por supuesto, y tenías que pagar una suscripción.

 

Cuando sacaron WoW yo era un chamo entrando a la universidad, muy blue collar, muy clase trabajadora, y si le hubiese dicho a mi vieja que necesitaba pagar una mensualidad en dólares para meterme en un jueguito de computadora, pues puedo adivinar su reacción. Para entonces ya me iba alejando del gaming para desarrollar mi escritura y empeorar mi bibliofilia, cosa que no habría podido hacer si hubiese tenido que pagar tiempo de juego porque no sé en tu caso, pero en el mío siempre nos ha costado mucho ganarnos el pan. Sentir que pago una mensualidad y después no la estoy aprovechando habría destruido mi ansiedad.

 

WoW, sin embargo, atrajo a una legión de personas . Now, I’m not one for online multiplayer games, pero entiendo el beta; tengo amistades muy queridas que sí le dieron duro y describen esos años como de las memorias más bonitas que tienen. Este es un juego donde gente que se conoció online sigue siendo amiga en persona hoy. Es un juego donde gente hizo click, se conocieron en persona y se terminaron casando.

 

World of Warcraft fue también un fenómeno cultural que cambió a la industria y le dijo a todo el mundo que tú podías hacer un juego y “monetizarlo”; en vez de que tus compradores pagaran ese costo único inicial, podías irles sacando plata durante años. Fue con ese dinero que Blizzard pasó a ser la empresita en Irvine a ser un mastodonte digital capaz de hacer su propia convención a la que gente de todo el mundo iba. Ozzy Osbourne tocó en una Blizzcon. Foo Fighters cerró una Blizzcon.

 

Era chimbo ver esto desde las gradas, pero Blizzard no se olvidó del resto de sus fans, anunciando StarCraft 2 a finales de los 2000, y luego a Diablo 3, un anuncio que paralizó a mundo geek.

 

*        *        *

 

Ya en ese momento había cosas preocupantes que mucha gente atribuye al cambio de administración en Blizzard; resulta que por esos años, la empresa fue comprada por Activision, la misma gente detrás de los Call of Duty, y se piensa que muchas de las decisiones subsecuentes fueron porque esta empresa matriz influía en los muchachos de Irvine. Yo personalmente difiero de esta percepción.

 

Ya en ese momento Blizzard estaba cobrando dinero aparte de la mensualidad únicamente por ítems dentro del juego. Déjame repetir esto: En World of Warcraft, si tú pagabas el juego y después las expansiones, y después la mensualidad, costos que ascienden al centenar de dólares, eso ya no era suficiente para tener acceso a todo el contenido. Tenías que pagar aparte por ítems especiales o tenías menos privilegios que el gordo asocial que sí pagó al caballito volador para moverse más rápido que tú.

 

Todas las lecciones de WoW, buenas y malas, fueron aplicadas en Diablo 3, un juego que que heredaba una tradición sobre la que los fans éramos profundamente territoriales y apasionados. Y vaya que D3 prendió el debate.

 

Porque Diablo 3 traía dos cosas que mostraban lo que Blizzard iba a ser de ahora en adelante: Primero, el juego iba a ser siempre online. ¿No tienes conexión a internet? Anda a jugar Barbie, no tienes acceso a Diablo 3 ni siquiera en el modo de un solo jugador. Eso fue como por el año 2013 y todavía hoy sigue siendo una práctica cretina y abusiva en un mercado donde muchos juegos se benefician de una conexión a internet, pero no la hacen obligatoria. Esta jugada era Blizzard agarrándose de 20 años de buena voluntad para combatir a la piratería y forzarte a que hagas las cosas a su manera.

 

Pero Diablo 3 venía también con la infame Casa de Subastas. Uno de los grandes motivantes de Diablo es decapitar demonios para recoger los ítems que sueltan y, con eso, mejorar tu personaje. Con Diablo 3, Blizzard dijo que no, ahora si tú querías un ítem especial podías ir a la Casa de Subastas dentro del juego y comprarlo con dinero de verdad. La empresa, por supuesto, se quedaba con un porcentaje.

 

En ese momento casi todo el mundo apoyó esa vaina. Esto es algo que nadie es capaz de admitir hoy, así como en la Venezuela del 2022 resulta que nadie votó nunca por el chavismo. Fuimos muy pocas las voces que nos alzamos y señalamos que esa vaina podía perjudicar la experiencia de juego y esa opinión nos volvió parias. Todo el mundo seguía al razonamiento que dio la empresa; resulta que en los años de Diablo II, existía un mercado secundario de servidores piratas que te vendían ítems tal cual como un mercado negro, con los riesgos que todo esto implica. Blizzard, supuestamente, creó a la Casa de Subastas como una manera de legitimizar a ese mercado secundario y darle seguridad a los consumidores. Qué lindo. Lo que la gente me decía era que si tú no querías usar la Casa de Subastas, pues no había problema, seguías jugando normal y a Fel y a mí nos parecía injusto un contexto donde tenías que hacer click por horas para ganarte orgánicamente lo que otra persona se ganaba de inmediato con dar su tarjeta de crédito.

 

Lo que ninguno de nosotros sospechaba era lo traicionera y rastrera que era la medida realmente: Blizzard Entertainment diseñó a Diablo 3 de manera tal que tu avance como jugador era solamente posible si usabas la Casa de Subastas. Sin decirle nada a nadie, diseñaron la itemización del juego de una manera en que los ítems buenos dejaban de aparecerte y tú, que pagaste tu juego y te estás chupando las bolas de la conexión obligatoria, ya no podías seguir jugando competitivamente, a menos que soltaras unos riales.

 

Esto, insisto, permaneció oculto y los jugadores de esa primera generación no nos dimos cuenta sino como al tercer mes de juego. Nos dijeron, en toda clase de foros y entrevistas a la prensa, que era imposible rediseñar al juego y que la Casa de Subastas no se podía remover, que “lo harían si pudieran”.

 

Algo que hoy sabemos que era mentira.

 

Esto señala un cambio fundamental en la actitud de Blizzard Entertainment, que persiste al día de hoy: Blizzard es una empresa que se fundamenta en la explotación al consumidor. Aún cuando quitaron la maldita Casa de Subastas, veríamos todavía cosas abominables, contenido adicional que se vendía por precios ridículos, promesas rotas y jugadas verdaderamente becerras por ejemplo, con StarCraft 2.

 

Yo fui uno de los tantos plebeyos que compró el primer episodio de SC2 (porque sí, eran tres juegos que se vendían por separado). Pagué mi precio completo y un año después, Blizzard decidió que mi juego iba a ser gratis ahora, la “starter edition”. Muy bonito todo, ¿pero qué recibimos entonces los que sí pagamos y no tenemos los otros dos episodios? Pues las gracias.

 

Estoy mencionando solamente las prácticas bastardas en cuanto al consumidor, pero había también una serie de cosas que pasaban tras cámaras que fueron devorando a la identidad de la empresa. En estos años a Blizzard le dio por forzar a sus jugadores a usar sus nombres reales en todos los productos, medida que se vieron forzados a cancelar antes de la implementación dado el contundente rechazo de la comunidad—imagínate que el cretino que te conseguiste en un juego y que se dedicó a trolearte, o el baboso incel que no puede superar que seas una mujer jugando, tiene ahora acceso a tu nombre real.

 

El tono dentro de los juegos también cambió. StarCraft era ciencia ficción militarista cruda y dura, y ahora SC 2 era ficción pulp sin complejidades, fácil de digerir. ¿Recuerdas los manuales bestiales? Cosa del pasado. Diablo, que es un universo oscuro en el que los héroes terminan corrompidos por la oscuridad, terminó con marcados tintes de comedia. Hay un personaje que puede convertir en pollitos a tus enemigos, y tú los ves ahí caminando.

 

Uno de los secretos de World of Warcraft es que era para todo el mundo—así que ahora todo debe ser para todos. Aunque, en el proceso, tus marcas sacrifiquen su identidad.

 

Y la monetización se salió de control. StarCraft tiene misiones separadas del juego principal, que se cobran aparte. Tiene skins, gráficos y hasta narradores que se pagan aparte. El juego base de Diablo 3 costaba $50 y Blizzard sacó una sola clase de juego que costaba $10 y era sólo un muñequito nuevo para que jugaras. Hearthstone tiene paquetes de cartas, en Heroes of the Storm tú podías accesar a todo el contenido de una vez si te atrevías a pagar más de $100 de una… y en World of Warcraft podías pagar, por encima de todos los costos, para llevar a tu personaje a niveles elevados.

 

Ya sabemos que la empresa se atrevió a sacar un remaster de Warcraft 3 que no fue sino un miserable fraude de $30 que sigue dañado a la fecha de redacción y alguien demostró que tú para poder avanzar bien en Diablo Inmortal debes pagar más de $200.

 

Todo esto ha tenido efectos reales. Yo dudo mucho que el escándalo de Blizzard habría explotado si siguiera siendo la consentida de los gamers—hace un par de años trascendió que Blizzard Entertainment ha tenido por más de una década una cultura machista bastarda de gente que se cree los rockstars de la industria y no guardan el menor respeto por sus compañeras, que tienen que soportar toda clase de ultrajes para seguir en sus trabajos soñados.

 

*        *        *

 

Blizzard Entertainment se transformó en OCP. En Weyland-Yutani. La Blizzard de antaño, que querías como si fuesen tus amigos personales, existe ahora como un ente centrado en ganancia, en la plata por encima de todo, aunque se dañe la marca. Es una empresa que despide a centenares de empleados en un año de superávit. Es una empresa que fue capaz de suspender de un evento competitivo a un jugador de Hong Kong que alzó la voz contra los abusos de China. Y todo esto ha sido mintiéndonos. Diciendo mariqueras de control de daños que luego se evidencian falsas.

 

Y ahora viene Diablo 4. ¿En qué quedamos?

 

Pues este año salió un remaster de Diablo 2 y amigos que habían manifestado odio por Blizzard durante años lo compraron el día en que salió—todos terminamos comprando la vaina. Nostalgia is one hell of a drug, I guess, y si bien creo que estamos todos claros en que no vamos a comprar Diablo 4 sino cuando sepamos bien que no es otra estratagema para monetizar vulgarmente, la experiencia me dice que mucha gente verá el nombre de la saga y eso bastará para comprar. ¿Y qué tanto? Estamos hablando básicamente de juguetes digitales, no de tráfico de personas y dictaduras malditas que manipulan al sistema democrático.

 

Pero mi experiencia con Blizzard en general me hizo perder inocencia sobre el mundo. Me hizo entender que existe gente a la que le pagan para aprovecharse de tu buena voluntad como consumidor. Es como descubrir que el restaurante al que te llevaba tu viejo cuando eras chico, donde tienes memorias hermosas, siempre funcionó sobre el sufrimiento de sus empleados y que el gerente se sadiqueaba a las empleadas y les metía mano y se burlaba de sus propios empleados.

 

Lo bueno de Blizzard, una Blizzard que ya no existe, a mí nadie me lo va a quitar nunca. La influencia de esa trilogía maravillosa, Warcraft-Diablo-StarCraft, siempre la llevaré conmigo y es posible que hasta me termine lanzando unas historias ambientadas en el mundo de Diablo porque ¿por qué diablos no?

 

Pero todo eso es más como tributo a mí mismo y a mis buenas memorias que a una empresa que representa todo lo que odiamos de un mercado depredador. Nada de esto es culpa del consumidor y cada quien vota con su dinero como quiere… y el que consiga cómo jugar sin pagar, pues allá él, porque si alguna vez estuvo justificado, pues…

sábado, 29 de octubre de 2022

La Casa del Dragón, Ep. 10: La Reina Negra


LA CASA DEL DRAGÓN, PRIMERA TEMPORADA

Ep. 10: “La Reina Negra”

 

El término correcto es “Reina Afro-Descendiente.” Tengo a la gente harta en la casa con ese chistecito.

 

Ya en serio, me parece fabuloso que tuvimos tan buena temporada y que revivió la GoTmanía. La gente anda comprando los libros como locos, comentando en redes como locos y pidiendo a gritos esa segunda temporada que, sí, la veremos en el 2024. Todo eso está perfecto, aquí no me anoto con eso de que “Uy, yo era fan antes que todos ustedes, posers, si no sabes quién es Vargo Hoat y Satin, entonces eres un franelero de Gay Mostrón”.

 

Nah. Si te gusta, te gusta, y bienvenido. El crecimiento de este fandom beneficia a todos los fans, nuevos y viejos, de los libros y de la serie. And if you’re new, you’re in for some great fantasy.

 

Plomo entonces.

 

EN DRAGONSTONE

 

 

El fin de semana pasado sucedió algo interesantísimo, y es que tanto Daemon Targaryen como Lestat de Lioncourt, en la serie de Entrevista con el Vampiro, se demostraron como los cretinos abusivos que realmente son, después de un tiempo creando buena voluntad. Eso, a los stans, les dio en la madre. Que es imposible, dicen, es mal desarrollo de personaje, un hombre que ama a Rhaenyra, porque ese hombre la ama, jamás sería capaz de levantarle la mano, la serie iba bien pero quisieron meter drama a juro dañando a un buen personaje.

 

Se les olvidó que Daemon mató a su primera esposa rompiéndole la cabeza con una roca. Se burló de la muerte de su sobrino, prácticamente en la víspera del funeral, y tiene a la capital infiltrada con sus hombres para el momento en el que tome el poder. Un carajo que no lo ha soportado ni su amante de vieja data—a quien usó, y sigue usando con fines políticos—y que se inventó una tramoya con la simulación de la muerte de alguien, indiferente al sufrimiento de una gente que, por cierto, son sus aliados.

 

No ver la personalidad detrás de la carismática cara explica por qué hay gente en este mundo que se mete en relaciones horrorosas, donde les insultan y abusan y humillan, pero ell@s se quedan “por los niños, porque divorciarse es peor”. En el caso de Entrevista con el Vampiro, Lestat es una de las criaturas más tóxicas de toda la literatura mundial (por lo menos en el primer libro), muuucho peor que Daemon. Pero esta es la gente que habita en Westeros, y siempre ha sido así. ¿Que Daemon es capaz de gran crueldad pero también de casi heróica bondad? Sí. Como todos. ¿Recuerdan cuando odiaban a Jaime Lannister y lo querían ver muerto, y resulta que a puertas cerradas resultó ser un tipazo?

 

Hace poco conversaba con alguien que me dijo “Admiro lo que George R. R. Martin creó, pero no me leo sus libros ni veo la serie porque tiene una visión demasiado cínica de la fantasía heroica”. Y, vale. A mí no me parece cínica, pero entiendo a qué se refiere este man, hay gente que se vacila su fantasía clásica, los malos son claramente malos y los buenos son claramente buenos.

 

Uno de los motivos de por qué amo a Una Canción de Hielo y Fuego es justamente porque agarra a la fantasía medieval y le mete realismo histórico. Y la gente, pues, es chimba. El valiente caballero de honor que iba a pelear en Francia, mataba viejos y niños y violaba mujeres, y volvía luego a casa, a criar a sus hijos y a honrar a su esposa. Heh, sin ir muy lejos, hay soldados así hoy en día. Es la naturaleza de la bestia.

 

Luke está muerto.

 

Este es uno de los tantos golpes que Rhaenyra sufrirá, que cambiarán y trastornarán su personalidad. Ya he comentado en este blog cómo las guerras civiles son básicamente un ajuste de cuenta entre hermanos, donde existe un bando agredido y un bando agresor, pero que una vez arranca la violencia, la guerra tiene su propio deseo, personalidad y apetitos, una vorágine que consume a su gusto, y que existe muy poca diferencia entre Serbios y Croatas cuando estás en la casita del campo a la que un bando pasó por las armas meramente por vivir en el lugar equivocado.

 

Eso es lo que viene. Lo que empezó como un problema familiar, ahora llama a partidarios que se anotan por sus propios intereses. Si tú crees que en Venezuela se luchó por la independencia porque “es que el yugo español suprimía nuestros sueños de libertad”, pues esa es una fantasía muy bonita. La verdad es que la guerra de independencia, lo he dicho también, fue una guerra civil que arrancó porque una gente con cobres en Caracas decidió aprovechar un momento histórico para tener más beneficios, y a eso se sumó el resto del país por diversas razones. ¿Por qué un tipo como el legendario Negro Primero se unió al bando patriota? Los patriotas le ofrecieron más plata.

 

Y así es el corazón humano. Acá vas a ver a gente anotándose a un bando y al otro, pero preguntando primero “¿Qué hay pa’ mí?” y cuando salgan a caerse a puñaladas en el campo, van a crear rencores propios y resentimientos, y eso lo va a sufrir pues los más inocentes, los civiles de todos esos pueblos donde se luchará la guerra.

 

La muerte de Luke es también el segundo hijo que Rhaenyra pierde gracias a esta guerra; en el libro, esa hija que le nace cuando ella recibe noticias de la coronación, nace deforme, un híbrido entre humano y reptil, y Rhaenyra le atribuye la muerte de ese bebé directamente a las acciones de Alicent. “Me han quitado dos hijos” dirá después.

 

Ustedes van a decir que yo soy un vulgar apologista de los Verdes, pero los términos que ofrece Otto Hightower son generosos. Claro, no quita que esto es un vulgar golpe de estado y que esta gente está haciendo dibujo libre con lo que se había acordado, y hay gente del lado de Rhaenyra (Daemon, principalmente) que quiere una guerra, porque siempre hay gente irresponsable en todas las guerras civiles.

 

EN STORM’S END

 

 

Esto pasa un poco diferente en el libro; cuando Aemond se consigue a Lucerys Velaryon en el salón de Borros Baratheon, él casi que provoca una pelea, él quiere que haya sangre.

 

Me parece genial que la serie retrate que cuando se produce la horrorosa muerte de Luke, fue casi que por accidente y que Aemond tiene sentimientos encontrados. He escuchado por ahí que “La danza de los dragones la va a ganar el que tenga más dragones” y a esto respondo con una frase que usa el Archi-maester Gyldayn en Fire & Blood: “Los dragones no son caballos”.

 

Los dragones son bestias impredecibles (al igual que la magia de Westeros) y ni siquiera los Targaryen entienden bien por qué les obedecen.

 

Quiero dejarlos con algo, para que se agarren y se preparen para lo que viene. Esto es de Manuel Chaves Nogales, periodista español, genio, que huye de España con la guerra civil, palabras que me atrevo a aplicar para nuestra serie de fantasía, y que tú puedes aplicar a todas las guerras civiles. Poca gente se ha expresado con mayor lucidez sobre la guerra que este señor en su casualmente titulado, y te juro que de verdad se llama así, “A Sangre y Fuego: Héroes, bestias y mártires de España”:

 

“Cuando estalló la guerra civil, me quedé en mi puesto cumpliendo mi deber profesional. Un consejo obrero, formado por delegados de los talleres, desposeyó al propietario de la empresa periodística en que yo trabajaba y se atribuyó sus funciones. Yo, que no había sido en mi vida revolucionario, ni tengo ninguna simpatía por la dictadura del proletariado, me encontré en pleno régimen soviético. Me puse entonces al servicio de los obreros como antes lo había estado a las órdenes del capitalista, es decir, siendo leal con ellos y conmigo mismo. Hice constar mi falta de convicción revolucionaria y mi protesta contra todas las dictaduras, incluso la del proletariado, y me comprometí únicamente a defender la causa del pueblo contra el fascismo y los militares sublevados. Me convertí en el «camarada director», y puedo decir que durante los meses de guerra que estuve en Madrid, al frente de un periódico gubernamental que llegó a alcanzar la máxima tirada de la prensa republicana, nadie me molestó por mi falta de espíritu revolucionario, ni por mi condición de «pequeño burgués liberal», de la que no renegué jamás.

 

Vi entonces convertirse en comunistas fervorosos a muchos reaccionarios y en anarquistas terribles a muchos burgueses acomodados. La guerra y el miedo lo justificaban todo.

Hombro a hombro con los revolucionarios, yo, que no lo era, luché contra el fascismo con el arma de mi oficio. No me acusa la conciencia de ninguna apostasía. Cuando no estuve conforme con ellos, me dejaron ir en paz.

 

Me fui cuando tuve la íntima convicción de que todo estaba perdido y ya no había nada que salvar, cuando el terror no me dejaba vivir y la sangre me ahogaba. ¡Cuidado! En mi deserción pesaba tanto la sangre derramada por las cuadrillas de asesinos que ejercían el terror rojo en Madrid como la que vertían los aviones de Franco, asesinando mujeres y niños inocentes. Y tanto o más miedo tenía a la barbarie de los moros, los bandidos del Tercio y los asesinos de la Falange, que a la de los analfabetos anarquistas o comunistas.

 

Los «espíritus fuertes» dirán seguramente que esta repugnancia por la humana carnicería es un sentimentalismo anacrónico. Es posible. Pero, sin grandes aspavientos, sin dar a la vida humana más valor del que puede y debe tener en nuestro tiempo, ni a la acción de matar más trascendencia de la que la moral al uso pueda darle, yo he querido permitirme el lujo de no tener ninguna solidaridad con los asesinos. Para un español quizá sea éste un lujo excesivo.

 

(…)

 

El resultado final de esta lucha no me preocupa demasiado. No me interesa gran cosa saber que el futuro dictador de España va a salir de un lado u otro de las trincheras. Es igual. El hombre fuerte, el caudillo, el triunfador que al final ha de asentar las posaderas en el charco de sangre de mi país y con el cuchillo entre los dientes va a mantener en servidumbre a los celtíberos supervivientes, puede salir indistintamente de uno u otro lado. Desde luego, no será ninguno de los líderes o caudillos que han provocado con su estupidez y su crueldad monstruosas este gran cataclismo de España. A ésos, a todos, absolutamente a todos, los ahoga ya la sangre vertida. No va a salir tampoco de entre nosotros, los que nos hemos apartado con miedo y con asco de la lucha. Mucho menos hay que pensar en que las aguas vuelvan a remontar la corriente y sea posible la resurrección de ninguno de los personajes monárquicos o republicanos a quienes mató civilmente la guerra.

 

El hombre que encarnará la España superviviente surgirá merced a esa terrible e ininteligente selección de la guerra que hace sucumbir a los mejores. ¿De derechas? ¿De izquierdas? ¿Rojo? ¿Blanco? Es indiferente. Sea el que fuere, para imponerse, para subsistir, tendrá, como primera providencia, que renegar del ideal que hoy lo tiene clavado en un parapeto, con el fusil echado a la cara, dispuesto a morir y a matar. Sea quien fuere, será un traidor a la causa que hoy defiende. Viniendo de un campo o de otro, de uno u otro lado de la trinchera, llegará más tarde o más temprano a la única fórmula concebible de subsistencia, la de organizar un Estado en el que sea posible la humana convivencia entre los ciudadanos de diversas ideas y la normal relación con los demás Estados, que es precisamente a lo que se niegan hoy unánimemente con estupidez y crueldad ilimitadas los que están combatiendo".

sábado, 22 de octubre de 2022

La Casa del Dragón, Ep. 9: El Concejo Verde

LA CASA DEL DRAGÓN, PRIMERA TEMPORADA

Ep. 9: “El Concejo Verde”

 

¿Sábado? Sábado. Necesito un asistente.

 

También supe que se filtró el capítulo de mañana. Nada qué hacer, pedirle a la gente autocontrol es demasiado. Los veo desde acá con la expresión del único Hightower buenagente:

 

EN LA FORTALEZA ROJA

 

 

Este tipo de sucesos escandalizan a los anglos, pero para nosotros los latinos es como una semana más. Aquí estamos presenciando un vulgar golpe de estado, que en el libro ocurre un poco diferente; Lyman Beesbury es el único que alza la voz a la estafa que están planeando estas estrellas, prácticamente pasándole por encima a la ley y a las instituciones para hacer con el poder lo que les da la gana—esto es Venezuela es una vulgar semana más—y ante esa resistencia, no lo matan así como pasa en la serie sino que es quizá hasta más cruel: lo meten en un calabozo para que “recapacite” y ahí, un señor anciano de esas características, fallece. Una vaina atroz.

 

Recuerdo que en la escuela de Derecho, una de las cosas que nos decían era que los juicios no los gana el que tenga la razón sino el que eche el mejor cuento, y que el papel aguanta para la interpretación que tú le quieras dar. En el libro, el concejo verde está reunido con una preocupación de la que ya hemos hablado en este blog: el problema de darle la corona a Rhaenyra no es meramente perder el poder, sino exponerse a que Daemon agarre al reino y haga alguna de sus locuritas. ¿Como matar, por ejemplo, a los chamos de Alicent? Todo es posible, y yo les he dicho a ustedes que la crueldad del príncipe canalla no tiene límites.

 

La frase fundamental del debate la dio Tyland Lannister, que razonó “Los lores que juraron defender la sucesión de Rhaenyra murieron hace mucho tiempo. Han pasado 24 años. Yo nunca juré nada, si apenas era un niño”. Y acá también entró el precedente histórico de que ya se vio la posibilidad de una mujer ascendiendo al trono, en el caso de Rhaenys, que fue rechazada por el reino en pleno para elegir a Viserys—y cuando Aegon el Conquistador murió, su trono pasó a su hijo no a una de sus hermanas.

 

Total que esta gente mantuvo en secreto la muerte del rey por algo así como tres días, mientras cuadraban todos los detalles de su coronación falsaria y reunían a la gente en autobuses a la plaza bolívar para que vaya a celebrar el triunfo de un candidato que aunque perdió, ganó. Uno de los eventos claves de este madrugonazo se le ocurrió, otra vez, a Tyland Lannister, descendiente verdadero de Lann el Astuto, que dijo que, miren, todo esto está muy bien, pero lo más prudente es que nosotros separemos el tesoro del reino y lo alejemos de la capital, solamente en la eventualidad de que King’s Landing caiga en manos de nuestros enemigos. Así, el dinero de la corona se dividió en cuatro partes: Una parte fue al Banco de Hierro en Braavos, otra parte paró en Casterly Rock, otra parte en Oldtown, tierra de la Casa Hightower. El último cuarto se destinó a comprar espadas y consciencias.

 

Total que a la coronación se citó a Raimundo y todo el mundo, con atención especial a ciertos personajes. Dalton Greyjoy, el temerario Kraken Rojo, fue invitado a hacerse cargo de la flota real, invitación que dejó guindando—mucho cuidado, recuerda que a los Greyjoy tú no les das las cosas, ellos las toman. A la Casa Arryn se le invitó, partiendo de la enemistad que existía entre ellos y Daemon Targaryen, y a los Stark se les invitó, partiendo de que controlaban todo el norte y en el pasado favorecieron a Rhaenys sobre Viserys.

 

Pero la principal fuente de preocupación está en Storm’s End; la Casa Baratheon siempre fue partidaria férrea de Rhaenys, y además era una casa infame por inmiscuirse en el reino de Jaehaerys y tratar de controlarlo. Hay una preocupación más inmediata aquí, y es que Storm’s End queda muy cerca de King’s Landing, son prácticamente vecinos. Si Borros Baratheon, que es incluso más energúmento que su problemático padre, se le ocurre alzar armas a favor de Rhaenyra, pues aquí habrá un problema para los verdes.

 

Así que esa es la situación, y todo eso sucediendo tras cámaras y antes de la coronación.

 

EN KING’S LANDING

 

Ojo, que sólo por el hecho de que a Aegon no le gusta gobernar no quiere decir que no le guste la adulación.

 

Estos gemelos, Arryk y Erryk Cargyll, son bastante simbólicos del cainismo en las guerras civiles, porque uno está a favor del rey y otro a favor de la reina, y es mi teoría personal que es Erryk quien le da a Rhaenyra su corona.

 

Por contexto: La corona que tiene Aegon puesta es la corona de Aegon el Conquistador, y esa espada que está blandiendo es la famosa—o infame—Blackfyre, una de las joyas de los Targaryen que en el futuro originará muchas tragedias.

 

Esa corona de Aegon, siendo una joya, estaba como que guardada como una reliquia hasta este momento. La corona que portaba Viserys es la que ahora va a llevar Rhaenyra, y que un grupito de fieles, Erryk Cargyll entre ellos, se robó de la Fortaleza.

 

Es notable también que acá vuelve a intervenir Mysaria, la antigua amante de Daemon, y recuerda que todos los guardias en esa ciudad son hombres prácticamente rescatados del anonimato y la vulgaridad por el propio príncipe canalla. Lo he dicho varias veces, pero házme caso.

 

EN DRAGONSTONE

 

¿Cómo tú crees que Rhaenyra y Daemon se van a tomar esto? ¿Cómo tú crees que se lo va a tomar Corlys Velaryon? En el libro, la noticia de lo que estaba pasando llega a Dragonstone con una Rhaenyra encinta y que entra en labor de un trágico parto, y eso infecta la herida que ella ya siente hacia Alicent.

 

Esta es una gente que está inclinada a la rebelión y que, así como los Verdes cuadraron a su gente, ahora los Negros deben ver quién es indio y quién es vaquero. Hay varios factores importantes aquí: Las ciudades más ricas del continente están en manos de los Verdes, que también poseen los símbolos de poder y las joyas de la corona, pues Aegon está sentado en el Trono de Hierro, tiene a Blackfyre en el cinto y tiene la corona del primer rey. Esto es suficiente para que el reino le jure lealtad, y para convencer a todos esos lores de lo contrario, pues hace falta cobres y seguridad de que una rebelión no es sólo una aventura.

 

Además que los Negros tienen dragones, sí, pero también están en Dragonstone, donde varios huevos de dragón están ya en la tierra. Claro, asumir que todos esos huevos darán fruto es algo que para ellos habrá sido muy obvio, pero que nosotros, viéndolo históricamente, sabemos que es una apuesta osada.

 

Así que de momento lo que procede es otra coronación, porque esta gente tiene dos reyes como en los países nuestros, y la ley está escrita pero se hace lo que a la gente le da la gana, como en los países nuestros, y al que no le guste pues se le aplaca por las armas. Como en los países nuestros.

 

Todos sabemos que la diplomacia va a fracasar porque sabemos que viene la Danza de los Dragones, el punto no es ese; el punto es quién obtiene más apoyo.

domingo, 16 de octubre de 2022

Basta de Dahmer

Tengo un pana que vive en Milwaukee desde chamo. Lo conozco desde hace un buen tiempo, y siendo la persona que soy, siempre he querido preguntarle por el tema de Jeffrey Dahmer, el nombre que me viene a la mente cuando alguien menciona esa ciudad.

 

Este pana es súper asiduo al cine de terror, quizá más que yo, pero nunca mostró interés por crímenes reales o asesinos en serie, y no sé por qué pero nunca le saqué el tema. O bueno, sí sé: Pudor. Y pena. Cuando tienes un interés marcado en este asunto, te cuidas mucho de con quién lo compartes y sencillamente no quería que este chamo pensara mal de mí.

 

Hace un par de semanas, al fin salió el tema en una conversita. El man vio la serie de Nerrflisss, le pareció bien hecha aunque hinchada. Y ahí le pregunté, ¿cómo es ese tema en Milwaukee?

 

“Yo llegué años después de que pasó la vaina”, dijo, “y la ciudad ha cambiado bastante. Pero Jeffrey Dahmer siempre ha sido una presencia aquí. De vez en cuando pasas por alguno de los lugares que él frecuentaba o ves gente haciendo los tours de Dahmer. Que ve tú a saber qué clase de gente se interesaría en gastar dinero por una cosa así”.

 

Esto lo expresó con un tonito de molestia. Como hablas de algo que es vergonzoso.

 

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Esta semana salió un video abominable en las redes sociales; una cantante venezolana, promocionando su nueva canción, ha disfrazado al novio de Jeffrey Dahmer y el chamo actúa como un Jeff que la está seduciendo y se la lleva a su apartamento y la pone a escuchar la canción y a ver la serie de televisión en la que la chica aparecía cuando en Venezuela había industria televisiva.

 

Ese video a nosotros en la casa nos dañó una noche. Mi prometida y yo somos asiduos los dos al tema de los asesinos en serie, y creo que todos saben que ha sido una de mis pasiones desde hace muchísimo tiempo. Si has pasado más de cinco horas around me, y te tengo confianzita, te he echado algún cuento de algún asesino en alguna conversa 100% casual.

 

Pero aquí está el beta: Mi interés, y afortunadamente el de mi chica también, siempre ha sido criminológico. Psicologías anormales, el cómo sucede ese paso de la fantasía a la acción y cómo el sujeto se justifica a sí mismo su propia existencia.

 

Viendo el video este, que mucha gente repudió pero muchísima gente también celebró, me pregunté si estas personas tenían idea de quién fue realmente Jeffrey Dahmer. De si le pusieron cuidado a lo que estaban viendo. Una maldad tan absurda como las cosas que hizo Jeff, el tema de la necrofilia y el canibalismo, es tan enorme que resulta abstracta para nosotros. A lo mejor por eso es fácil ver la serie y vacilársela desapegado de los eventos—que son eventos en memoria viva, la gente que lo vivió y lo sufrió sigue ahí hoy.

 

Pero a mí me gustaría saber si estos chamos que hicieron el video, y quienes lo celebraron, están dispuestos a disfrazarse también de cualquier otro violador de menores. Porque eso es lo que era Jeffrey Dahmer, un delincuente sexual como muchos otros que repudiamos en el día a día. Lo que Jeff le hizo a toda esa gente parte del mismo accionar del maldito becerro que droga a una jeva para violarla. Dahmer le hizo eso a menores de edad. Yo entiendo que hay un aspecto del crimen, en nuestra sociedad, que es pop. Por eso la gente se disfraza de Al Capone, de Bonnie y Clyde, del mismo Pablo Escobar. Por esto, Martin Scorsese y Francis Ford Coppola tienen una carrera. Es un tema interesante y por supuesto que jala, fascina, a mí me encanta.

 

Pero pon cuidado a lo que estás viendo.

 

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Hace un tiempo hablaron en Rusia con la hermana menor de Aleksey Khobotov, una de las últimas víctimas de Andrei Chikatilo. Aleksey es un caso particular, porque la mamá salió a buscarlo en la calle con una foto y se cruzó con el propio Andrei, a quien reconoció después en el juicio. La señora se jaló el juicio de principio a fin y le pidió al juez que le contara todos los detalles de lo que pasó, porque ella necesitaba saber. El juez, Leonid Akubzhanov, le pidió que recapacite, que “usted no va a soportar los detalles”.

 

—No, pero yo quiero saber—dijo ella.

 

Esta entrevista a la hermana, que era una niña de siete años cuando pasó ese juicio, confirma que la presencia de Andrei Chikatilo nunca abandonó a su familia. El asesinato de Aleksey destruyó el matrimonio de sus padres y convirtió a su mamá en una persona ausente y amargada, que ignoraba a la hija que tenía viva por aferrarse al hijo que se le fue. En alguna ocasión le dijo que hubiese preferido que se muriera ella, la hermana, antes que Aleksey.

 

La abuela de Aleksey murió poco después del juicio, y la señora vivió unos diez años más, separada del resto de su familia. La hermana ya se había casado y tenía sus propios hijos, y pocas memorias de su hermano. Seguía viviendo en Rostov, la ciudad donde pasaron los hechos, “porque no puedo dejar que lo que pasó me haga lo que le hizo a mi mamá”.

 

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El video este de la cantante y el novio no fue un hecho aislado. Hace unas semanas dije por acá que ahora todo el mundo era un experto pero que qué bueno, porque eso atraía más atención al asunto.

 

Internet está ahorita plagada de “expertos en asesinos en serie” y YouTube tiene 80 videos echándote el cuento, entre más amarillista mejor. Hay gente que piensa que Jeffrey, loco y todo, era hasta bonito, y todos hemos visto los memes. Hay una foto por ahí en redes de un chico rubio de lentes hablando con un negrito, y la chica que capturó el momento le puso el subtítulo “Quiero decirle que no se vaya con él”.

 

En mi inocencia, pensé que todo el que se acercaba al asunto, todo el que iba a venir acá, a leer este blog, esas entradas, lo hacía con el mismo interés que yo, que no era un mero “JOJOJOJÓ, MIRA AL ASESINO, ESTE CATIRITO ES AHORA UN VIOLADOR”, que es exactamente lo que terminó pasando, y muchísima gente, en este momento, le está sacando beneficio al cuento. Lo que sea por los clicks, ¿no? Lo que sea por ganar tráfico y atención.

 

Not on this blog.

 

La semana pasada, como habrán notado, no hubo entrada sobre la serie porque estaba pensando si quería seguirlo o no. Ahora sé que no voy a seguir publicando del asunto, por lo menos mientras este ambiente estúpido exista, porque me parece que hay una muy delgada línea, en un momento así, entre informar y estudiar lo que pasó, y ser meramente morboso. El que ha sido víctima de violencia sabe que la violencia nunca te abandona. Cuando tú estudias estos casos, cuando vas más allá de lo que pasó y empiezas a ver el impacto real de cada uno de estos delincuentes, descubres que por cada persona que cae ante un asesino en serie, hay por lo menos otras cinco que son víctimas indirectas. Hasta la misma familia del asesino sufre, que es el motivo de por qué, cuando salió Mindhunter y mucha gente se enamoró del “genio” de Ed Kemper, no me monté en ese tren. La familia de Ed ha declarado que las acciones de “guy”, como lo llaman, destruyeron a su propia familia, que es un mentiroso y un manipulador profesional y que está ganando la simpatía que siempre ha querido.

 

Y Luita Spangler, amiga de una víctima de Ed Kemper, dijo algo que puede aplicarse a Jeffrey Dahmer también, y que nunca debemos olvidar: “Yo no creo que haya redención posible. He oído mucho eso. Creo que es una forma que ellos tienen de decirse a sí mismos que ahora son diferentes. Pero no lo son. No importa lo que él haga. Él podrá decir que ahora tiene paz (por la religión). Y puede ser verdad. Y si lo es, pues eso no me hace sentir muy bien. Yo no quiero que tenga paz. Yo no he tenido paz. Las víctimas nunca tendrán paz. ¿Quién puede redimir a Ros? ¿Quién puede redimir a Alice? Están muertas. Nada nos las va a devolver”.

 

Y sí, ya sé: ¿Qué nos importa los asesinatos y una gente que nunca vamos a conocer y que no tienen nada qué ver con nosotros?

 

Bueno, esa es una forma de ver la vida. Y si piensas así, me contenta no ser tu amigo; tú no eres el tipo de lector que quiero.

 

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Hace unos años, me encontré en Facebook a la familia de Georgann Hawkins, una chama preciosa que murió víctima de Ted Bundy. El excelente libro The Bundy Murders, de Kevin M. Sullivan, me motivó a buscar qué había pasado con esa familia, porque es un libro que no se centra meramente en echarte el cuento de lo que pasó, sino que te presenta a cada víctima como una persona, te cuenta qué les estaba pasando en sus vidas, quiénes eran, quién era su familia, cómo la ausencia impactó. Es un libro que humaniza muchísimo a lo que para otros autores son un nombre en una lista y ya.

 

Y bueno, resulta que en ese momento estaban celebrando, la familia de George, como la apodaban, a la memoria de la chica con un jardín que plantaron. Un jardín pequeño, pero muy bonito. Dijeron palabras sentidas, las pusieron en el post.

 

Y yo sólo sentí tristeza. Todo el evento me transmitió una ausencia que ya nunca podrá ser llenada con nada. Una familia que sufrió una cosa atroz y que ha tratado de sacarle sentido, que 30 años después de los hechos, siguen golpeados.

 

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Yo sé que es mucho pedirle a mucha gente que de verdad que no tiene arreglo. Pero a ti, que seguiste leyendo hasta acá: Que nunca se nos olvide de qué estamos hablando cuando hablamos de esto.