martes, 27 de octubre de 2015

SYMPATHY FOR THE CREATURE: Re-Animator (1985)




Director: Stuart Gordon

Guion: Stuart Gordon, William J. Norris, Dennis Paoli

Elenco: Jeffrey Combs, Bruce Abbott, Barbara Crampton, David Gale

Cinematógrafo: Mac Ahlberg

País: Estados Unidos

Año: 1985

Tópicos: Zombis, científicos locos, splatter



American Werewolf demostró una teoría de la que sólo se sospechaba: Puedes mezclar terror con  comedia y triunfar en ambos campos. Haces a la gente reír a punta de sangre y tripas. Ya se había intentado con las películas de Abbot y Costello, con resultados mixtos. Ahora quedó claro: La película, sin partir de comediantes ni chistes, podía ser graciosa dado lo ridículo de ciertas situaciones. Y si sabemos algo de los 80’ es que fue la gloria del cine gore. Aplicando las lecciones con maestría, Brian Yuzna se empató con Stuart Gordon. Re-Animator es el hijo que parieron. O revivieron, ja.

Dan Cain y su novia Megan fantasean con el futuro que tendrán. Cain es un estudiante prometedor de medicina en la universidad Miskatonic y ella es la hija del decano, con sus propios talentos. Aunque ahora deben mantener la relación en secreto y Dan tiene sus problemas económicos, están seguros de que el rompecabezas puede resolverse. No esperan que un nuevo estudiante se filtre en sus vidas, el distinguido Herbert West. Llegado de Austria en circunstancias extrañas, el obsesivo West cuenta con un invento que revolucionará la ciencia: un suero resucitador. Si no fuese tan imperfecto…

Si has leído a H. P. Lovecraft, la historia y los nombres te suenan familiares. Lovecraft es famoso por ser un “inadaptable”: sus historias son tan surreales que nadie sabe exactamente cómo acercárseles. Valientes y logrados esfuerzos hemos visto con la película del 2005, The Call of Cthulhu y el videojuego Dark Corners of the Earth. Pero esta película, que pretendía montarse como obra teatral hasta que Yuzna convenció a Gordon para el trasplante a celuloide, es la recreación más celebrada, conservando el esqueleto original y llevándolo a la actualidad.

Jeffrey Combs es el que se roba la película, como el maniático West. En la vena de Cushing, es la apoteosis de los científicos locos. No es exactamente la clase de personas con la que te identificas, a menos que sientas pasión por algo. El tipo es un entusiasta de la medicina que se desvió hacia lo prohibido y sentimos que, en ese viaje, un par de tuercas se le soltaron. Es entonces que necesita de un aliado, Dan, que pasa la película entre dubitativo apóstol y horrorizada víctima. Con un guión tan bien hecho, queremos saber más del moderno Frankenstein. En lo personal, estoy esperando la oportunidad para usar casualmente alguna de sus líneas en mi vida cotidiana (“Who’s gonna believe a talking head? Get a job in a sideshow”).

Y eso es algo que amo de ese libreto. Tiene muchos hoyos de trama, pero te la presentan para que no te des cuenta. ¿Cómo West hace su suero? ¿Cuánto tiene? ¿Por qué se ve así? Nunca lo sabremos, pero no quedamos con ganas de saberlo. Son esas preguntas que puedes evadir cómodamente como escritor, porque además le suman misterio al personaje. Y tiene sentido: West es un celoso, teme que le roben su creación. Así como Victor Frankenstein no quiso explicar el quid de su invento, el doctor West permanece receloso con el mundo.

“La escribimos a propósito como una película de terror de mal gusto” dice Yuzna. “Como Stuart y yo éramos novatos, pensé que si nos enfocábamos en el terror y la sangre, nos ganaríamos al menos a la audiencia hardcore, por muy deficiente que estuviésemos en otras áreas. Quería que fuese comercial, no quería pasarme la siguiente década en deuda. Fue el ejemplo perfecto de suerte de principiante”.

Y cuánta sangre. Sabemos que Dawn of the Dead fue el pistoletazo de salida del cine gore, que fue aumentando con cada paso que daban Tom Savini y Gianetto de Rossi. Para 1985, la vaina era un arte digno de admirarse. Acá hacen magia y parte de la maravilla está en el “¿Cómo hicieron eso?” Esto es entonces más que gore, splatter, definido en Wikipedia como “el subgénero del terror que deliberadamente se enfoca en retratos gráficos de vísceras y violencia”. Considérate entonces advertido, si te ofendes con facilidad o no tiendes al mal gusto, vas a odiar Re-Animator. Los veinte minutos finales son delirantes y entre menos hablemos de ellos, mejor. Me impresiona lo lejos que el equipo fue capaz de llegar. Hoy tenemos películas como The Human Centipide, con sus méritos y defectos, pero acá entrelazan aquel sangrero con una historia sólida. Por supuesto que jamás vas a conseguir esto en el mainstram (aunque se ha vuelto más o menos mainstream con el tiempo), porque una película así no pasaría la censura –elemento que jugó en su contra durante el estreno. Hay una escena en particular que te levantará las cejas y cuando creas que ya lo has visto todo, degenera en más. Esto es lo que pasa cuando cuentas un chiste y lo mantienes más allá de la línea final, hasta lo macabro y tormentoso.

Una lástima que hayamos perdido tan pronto a David Gale, que hace más que todo de antagonista acá. Tenía mucho qué dar y su papel del doctor Hill eleva al producto final.

Todo aficionado del terror debe rescatar a nuestro ejemplar de hoy, un festival de splatter espectacular y, sí, risas. Re-Animator tiene de todo. Ponte un delantal antes de darle a “play” y disfruta con horror lovecraftiano lejos de los famosos primigenios.


lunes, 26 de octubre de 2015

SYMPATHY FOR THE CREATURE: Pesadilla en la Calle del Infierno (1984)




Título original: A Nightmare on Elm Street

Director: Wes Craven

Guion: Wes Craven

Elenco: Robert Englund, Heather Langenkamp, John Saxon, Johnny Depp

Cinematógrafo: Jacques Haitkin

País: Estados Unidos

Año: 1984

Tópicos: Espectros, pesadillas, slashers



Wes Craven no era nuevo en el terror. Profesor universitario, abandonó la facultad para hacer películas y mira que entró desde abajo. Hoy son clásicas, pero en los 70’ era considerado de muy mal gusto. Tenía la película de venganza Last House on the Left, que tomó elementos de Texas Chainsaw y le subió a la violencia. The Hills Have Eyes se parece incluso más. El consenso era que entre más rápido desapareciera este cuasi amateur, mejor.

Entonces Wes tuvo una idea. Leyendo la prensa, dio con un artículo sobre unos jóvenes refugiados de Indochina que tenían problemas para dormir. “Problemas” no lo describe bien: Se estaban muriendo. Nadie podía explicarlo, pero se iban a dormir, tenían pesadillas de esas que gritas dormido, wham, falla cardíaca. El último de ellos renunció al sueño. Paranoico nervioso, estaba convencido de que si se quedaba dormido, moriría. Los padres lo llevaron al doctor y le prescribieron pastillas. La paz pareció llegar, el muchacho tenía sueños tranquilos.
Una de esas noches, los padres del muchacho lo escucharon gritando. Fueron corriendo a la habitación y lo encontraron en medio de una pesadilla. Efectivamente, murió. Resulta que había escondido todas las pastillas bajo el colchón y tenía en el closet un termo de café. Había aguantado lo humanamente posible.

That shit really happened.

Fascinado por esa historia, el director le añadió a su bully de la escuela, un tipo llamado “Freddy”. El apellido vino por uno de los malos de Last House, Krug. El arma homicida nació de ver al gato arañando el sofá.
Nacería Freddy Charles Krueger, una leyenda del cine de terror.

En Sympathy, hemos hablado muchas veces de las películas de terror inteligente y la nubosa frontera entre la realidad y la fantasía, pero este quizá es el film que mejor lo explora. Ten en cuenta cómo nació la historia y pilla los detalles geniales que Craven le añadió: Un grupo de jóvenes tiene problemas del sueño. Reunidos y hablando al fin del tema (ninguno espera que los demás le crean), concluyen que todos están soñando con el mismo tipo. Tengo que pausar aquí, porque esa premisa es brillante. Imagínate lo aterrador que sería pasar varias noches con pesadillas del mismo tema y descubrir que tus amigos están iguales que tú. Pero es que la vaina empeora: Todo lo que les pasa en los sueños, les pasa en la vida real. Si este hombre (deforme, portando un sombrero y un guante con largas navajas) te corta, despiertas con la ropa ensangrentada y el corte ahí, en tu piel.
Los adultos no les creen. Están solos contra un asesino ineludible.

Esta es la película que volvió a Wes Craven un amo del terror. Su dirección es privilegiada, desde que abre la película se crea un ambiente de tensión poderoso, el suspenso conduce a la paranoia porque no sabes cuándo te has quedado dormido ni qué es real. Cuando los personajes sueñan, la vaina tiene el tinte de las pesadillas: La geografía cambia, el tiempo se alarga o se contrae y la forma en que se conduce Krueger es la de un sádico de la peor especie. ¿Qué tan efectivo es? La primera película que recuerdo haber visto es la secuela de esta. Estoy viendo a Freddy desde chiquito y nunca me asustó (quizá porque mi mamá, fan del terror también, nunca hizo a las películas aterradoras, todo era con la seguridad y el calor de tenerla cerca). En los tempranos 90’, el personaje era un fenómeno cultural, había juegos de Nintendo, series de televisión, pasaban las películas a las cinco de la tarde y, en ellas, Freddy echaba chistes y hacía cosas propias de adolescentes. Amaba al personaje y quiero a Robert Englund como si fuera familia, como a un tío lejano. Veré lo que sea donde salga él y lo apoyaré ciegamente.

Bueno, pasé muchos años distanciado de esta película hasta que la volví a ver, ya de grande (diecinueve, veinte años). Me aterró. Recordaba en líneas generales lo que iba a pasar, pero todo está en la ejecución. Wes Craven era capaz de tomar a un personaje con el que eres ultra-familiar y volverlo aterrador. “Verga, Freddy es el maestro del suspenso” me dijo el primo con el que la estaba viendo.

Voy a hablarte rápido de las actuaciones, porque quiero volver a los temas del film. Heather Langenkhamp es la reina de las final girls. Esta peli salió en 1984, el año en que los aficionados coinciden que el slasher cantó su última tonada, pero nunca, ni siquiera en Halloween, una heroína había enfrentado al asesino con la sagacidad y la fiereza que utiliza Nancy Thompson (se puede dar las manos con Ellen Ripley). Todo está en las manos de su actriz y el astuto guion (“Por dios, luzco como una mujer de 20” dice Nancy al verse en el espejo –esa era la edad real de Heather).
John Saxon es una extraña adición al elenco (¿la última vez que lo vimos no fue en una peli de Bruce Lee?), pero trabaja tan bien que este se volvería su papel más famoso. Tampoco te pierdas la primera aparición de Johnny Depp en cine.
Y Bobby Englund, el hombre que abrazó su estatus como estrella del cine de terror. Ve la película, es todo lo que te diré de su actuación.

¡Y de qué forma entra en escena! Cuando Freddy finalmente actúa, el ambiente de pavor es palpable. Tina, la chica con quien abre la película, se ha dormido otra vez y su pesadilla es una de las escenas más impresionantes del cine. El modo en que se desdobla la realidad es una vaina que marca el tono de lo que vendrá. Brutal, violento y aterrador, Craven nos asalta con la originalidad de su historia. Toda esa secuencia es acojonante, me encanta esa escena.

Mucho se ha hablado sobre el interés que Freddy cobra por Nancy. YO CREO que es de carácter sexual, aunque fue negado por Craven y Englund. Fíjate bien. El tipo espía a Nancy cuando se viste, la ataca en la cama (obviamente), cuando ella se está bañando el tipo se mete en la tina (¿y viste de donde salen las garras?). Pero el momento definitorio viene cuando, desesperada, Nancy trata de llamar a Glenn y la bocina del teléfono se convierte en la boca del asesino. “Ahora tu novio soy yo” dice Krueger, lamiéndole la boca a nuestra protagonista.

O sea.

El remake fue más lejos con eso y volvió a Freddy un pederasta, que es un cambio que a veces me gusta, a veces no. Es decir, volverlo explícito hace al personaje muchísimo más oscuro (ya no es el diablillo que hace chistes, sino un monstruo culpable del peor de los delitos), pero ¿no era mejor cuando la cosa estaba implícita? Fue una sabia decisión de Craven el controlarse, el dejar que tú saques tus propias conclusiones.

(Y ya que hablamos del remake, infausta decisión la de sustituir los efectos especiales de esta con efectos computarizados).

Lo otro es que todo indica (y así fue establecido en las secuelas) que, entre más le temas a Freddy, mayor es su poder en el mundo “despierto”. Qué metáfora tan brillante para el poder del terror. Porque, claro, cuando le tienes fobia a algo o cuando tienes pesadillas recurrentes, te golpean de tal forma que tu vida diaria se ve alterada. Lo que se hizo acá fue darle personalidad a esas disfunciones. Y me gusta mucho más que todo quede en subtexto, porque ese rasgo de Freddy no nos lo explican nunca aquí. Entonces entre más avanza la película, el tono es mucho más surreal.

Ese mismo tema sería explotado otra vez, con maestría, por el mismo director en la mejor secuela de la saga (una excelente película), Wes Craven’s New Nightmare.

Una película brillante en todo sentido de la palabra, por donde la ataques. Volvió a su estudio, el naciente New Line Cinema, un estudio grande y serio y a Krueger un símbolo que rivaliza con Dracula. Por mucho que se hable de las glorias de Halloween, para mí, A Nightmare on Elm Street es la mejor slasher de la historia.

domingo, 25 de octubre de 2015

SYMPATHY FOR THE CREATURE: Un Hombre Lobo Americano en Londres (1981)


Título original: An American Werewolf in London

Director: John Landis

Guion: John Landis

Elenco: David Naughton, Griffin Dunne, Jenny Agutter, John Woodvine

Cinematógrafo: Robert Paynter

País: Reino Unido

Año: 1981

Tópicos: Hombres lobo, comedia, muertos vivientes



Los hombres lobo no pegan una. Hoy están en un festival de hormonas: chicas que los ven como atractivos pero prohibidos amores y chicos que los ven como bárbaros monstruos que patean culos y son invencibles. A principios de los 80, también hubo otra fiebre, corta, pero con varios productos notables. Y no es que An American Werewolf in London se lo tome con toda la seriedad del mundo, pero su ejecución es impecable y la película es, quizá, la mejor sobre este monstruo.

Dos mochileros gringos, David Kessler y Jack Goodman, recorren la campiña británica, deteniéndose en un aislado pub (El Cordero Degollado, un nombre bien ominous). Son mal recibidos, es una mala noche y nuestros muchachos ignoran por qué. Apenas ponen pie en el campo, expulsados del local, son atacados por una bestia que, observa David, se vuelve humana bajo los disparos.
El tiempo ha pasado y ahora David se recupera en Londres. Ennoviado con una de sus enfermeras, que la tragedia es cosa del pasado, pero un emisario del más allá está aquí para rezar la maldición: David, fuiste atacado por un hombre lobo. Y con la próxima luna llena, vas a salir a matar.

Esta es una de esas películas que el canal USA pasaba los sábados, cuando se daba “Sábados de Sci-Fi”, un festival maravilloso de cine fantástico y terror hasta adentrada la madrugada. Memorias hermosas. Las películas que daban no siempre eran buenas, pero eso le daba emoción. Anuncian una con un título irresistible y, minutos más tarde, ya estaba sometido por una trama bien construida y un guión inteligente. American Werewolf es una de esas películas que se toma a pecho la regla “No le expliques a la audiencia las cosas, muéstralas”. Así, al saberse maldito, David se da cuenta de que esto debe ser una película de terror y hasta referencia a otro clásico. Viene la luna llena y sospechamos que la maldición se cumplirá, pero no imaginamos cómo –y entran en juego LOS EFECTOS ESPECIALES DE RICK BAKER. Amante del terror, Baker (que ganó el Oscar por su epopeya) nos proporciona algo todavía impresionante. En antaño, la transformación se hacía con trucos de cámara, dándonos criaturas homínidas bípedas.

Acá, el monstruo es un Goliat gigantesco más cerca del lobo que del hombre. Hoy, este es el look estándar del hombre lobo, pero en aquel momento era una vaina súper chocante, primero porque no lo esperas, segundo porque la transformación ocurre ante nuestros ojos (vela en el contexto de la película, no la busques por YouTube, vela en el contexto de la historia). Una vez asistí a una conferencia de efectos especiales en EEUU (true story) y la escena que utilizaron para demostrar lo lejos que se puede llegar no fue de Transformers, no fue Underworld. Fue de acá, una referencia obligada y siempre vigente. En los 90’ se hizo una secuela, An American Werewolf in Paris, sustituyendo todos los efectos especiales prácticos (es decir, hechos a mano con materiales tradicionales) con efectos computarizados. The movie looks like a piece of shit. Los efectos especiales prácticos le otorgan una presencia física a las cosas que las computadoras no son capaces de emular, salvo en las manos de muy específicas personas (Spielberg es uno). ¿Otro ejemplo? ¿Sabes la nueva Mad Max? Efectos prácticos. A punta de acróbatas y especialistas.

Lo otro destacable es el sentido del humor. Me encanta cómo John Landis (director de comedia) maneja lo macabro con una alfombra de chiste. Una escena normal hasta que ocurre algo fantástico con un deje de absurdo. En vez de romper en risa, los personajes siguen la burla con toda la seriedad del mundo –“Life mocks me even in death!”. He visto esto imitado muchas veces (quien mejor lo logra es Joss Whedon), la posibilidad de ver al fantasma a la cara y decirle “...creo que lo más terrorífico es tu olor”. Si no has visto la peli, capaz no entiendes lo que estoy diciendo, pero no puedo contarte nada sin spoilearlo. Y vale la pena que lo veas por ti mismo.

Siempre que veo esta película me pregunto qué haría yo en una situación así. Es una de esas películas que no quieres que se acabe porque tiene mucha, mucha tela de dónde cortar. ¿Seguirías irresponsable, convirtiéndote con cada luna llena? ¿Te encerrarías para tratar de salvar a los inocentes? ¿Te suicidarías? ¿Y cómo haces para escondérselo a la sociedad? Hay películas que deseo que fuesen libros (un largometraje de 90 minutos nunca va a alcanzar el nivel de detalle de un libro de 400 páginas) y este ejemplo es insigne. Mind you, casi todo acá es original en cuanto a mitología, creo que ya dijimos que el hombre lobo no cuenta con una pieza bibliográfica que establezca los preceptos con firmeza. Hay mucho de acá que vemos por primera vez. Decir que había creatividad a millón es quedarnos un poco cortos.


Para Landis, hacer la película fue una proeza de más de diez años. De viaje por Rumania, si no me equivoco, observó cómo unos campesinos le daban funeral a un lugareño, protegiéndose con glifos y encantos de la posibilidad del retorno indeseado. Al director le fascinó que en pleno siglo XX, hubiese gente con supersticiones tan afincadas en el oscurantismo. Madurando la idea, ejecuta su comedia terrorífica sin esfuerzo, a punta de un guión inteligente, actuaciones sólidas y escenas maravillosas. Pocas películas ejemplifican al cine fantastiterrorífico como esta. Si te quieres impresionar, pero te quieres reír, o sólo quieres la que, en mi opinión, es la mejor película de licántropos que se ha hecho, no mires pa’ los lados. Ven a darte un paseíto por la campiña bajo la luna llena.

sábado, 24 de octubre de 2015

SYMPATHY FOR THE CREATURE: El Resplandor (1980)


Título original: The Shining

Director: Stanley Kubrick

Guion: Stanley Kubrick, Diane Johnson

Elenco: Jack Nicholson, Shelley Duvall, Danny Lloyd, Scatman Crothers

Cinematógrafo: John Alcott

País: Reino Unido

Año: 1980

Tópicos: Fantasmas, embrujos, terror psicológico



Cuenta Stephen King (invitado habitual de este blog, parece) que la idea le nació cuando, una noche, había estado tomando unas cervezas viendo televisión. Terminado lo que veía, se levantó y fue a su estudio para alimentar la máquina de escribir. El horrorizado fue él, porque la habitación era un desastre. Uno de sus hijos (no recuerdo cuál) había entrado y con un creyón rayó las hojas de su manuscrito.
El niño se quedó ahí, viéndolo con una sonrisa y el arma en la mano.
“Lo quise matar” dice ahora el hombre de Maine. “En ese momento, lo quise matar. Me contuve de hacer una escena, porque él no sabía qué había hecho mal, pero mi deseo no era sólo regañarlo, era hacerle daño. La idea me aterró y me persiguió durante mucho tiempo, porque amo a mis hijos y no podía explicarme de dónde semejante rabia había nacido”.

La escena fue exagerada en la novela producto, El Resplandor, obra maestra de la literatura de terror moderna.

Las películas de King, que ya habían despegado con la excepcional Carrie, estaban empezando a configurarse como un producto mercadeable y sería bueno preguntarle a Stanley Kubrick qué fue lo que le interesó. Los grandes directores no saben qué hacer con el terror. No manejan el lenguaje ni la forma, y esperan que los resultados estén a la altura de lo ya hecho. Kubrick cayó en la trampa, desechando el guión escrito por el propio King y redactando uno propio.

La familia Torrance va a pasarse un invierno como los cuidadores del Hotel Overlook, en las montañas nevadas. El patriarca, Jack Torrance (escritor amateur con un incipiente problema alcohólico) toma el trabajo porque necesitan la plata. El hotel tiene una infausta reputación –el antiguo conserje se volvió loco durante un invierno y masacró a su familia. Un hecho aislado, ¿verdad? ¿Qué es lo peor que puede pasar cuando la tormenta llegue y los Torrance queden aislados en un hotel que quizá es más de lo que parece?


El acercamiento de Kubrick a la historia no es emocional, sino intelectual. Uno de los temores en el libro es ver cómo Jack va degenerándose y perdiendo su humanidad. En la película, podemos ver la semilla de la locura tras los ojos de Torrance desde su primera aparición, esa sonrisa, esas cejas arqueadas. Jack Nicholson es una de las principales razones de por qué este film es tan famoso y el tipo merece esa atención. Aguantó la tormentosa grabación como un pro y añadió un poquito de su cosecha. ¿Sabes la escena en que está solo y se pone a lanzar una pelota contra la pared? Eso fue improvisado. El guión decía “Jack está en el salón”. Nicholson nos dijo por qué su personaje estaba en el salón.

En las manos de otro actor, la película hubiese colapsado. El rol de Jack era crítico y Kubrick supo elegir a su actor.

Y esa es la otra parte de la ecuación, ¿no? El director, que cuadró los detalles con obsesivo detenimiento (todas las páginas del libro de Jack fueron mecanografiadas a mano por una sola persona), volvió loco a sus actores. Shelly Duvall sintió tal desprecio por él que puedes notarlo en los tras-cámaras. Kubrick necesitaba de un performance histérico y estaba dispuesto a obtenerlo de su actriz. Varias veces.

Hay que mencionar que muchas cosas de la película no están en el libro, como por ejemplo el tema principal, ejemplificado en una escena con la que todo escritor se identifica. Jack está escribiendo en el lobby del hotel, el tlac, tlac, tlac de la máquina llenando la habitación. Wendy, su esposa, llega.
“Hi, honey” dice. “¿Cómo va eso?”
Jack despega los ojos de la máquina con lentitud.
“Fine”.
“¿Has escrito mucho hoy?”
“…Sí”.
Wendy sonríe. “Hey, el reporte del clima dice que va a nevar pronto”.
“¿Y qué quieres que haga?”
“Ay, amor, no seas gruñón”.

Y ahí Jack habla por todos los escritores:

“Wendy. Déjame explicarte algo. Cuando vienes aquí y me interrumpes, rompes mi concentración y me cuesta volver a donde estaba. Así que hagamos una nueva regla: Cuando vengas acá y escuches el tecleo, o no escuches nada, o lo que sea que oigas, cuando estoy aquí quiere decir que estoy trabajando, así que no me interrumpas. ¿Tú crees que puedes hacer eso? Puedes empezar ahorita, largándote”.

¿Por qué ese es el tema de The Shining? Porque todos sentimos momentos donde queremos decirle de todo a la gente que nos irrita, pero nos controlamos. Tenemos una parte reptil en el cerebro, la parte de sangre fría y a esa parte no le importa sino la gratificación inmediata, lo que Freud llamó “el ello”. Para mí (y lo digo de ese modo porque esta película tiene sopotocientas lecturas), los fantasmas son una metáfora sobre los bajos instintos, lo que nos lleva a hacer cosas de las que después nos arrepentimos, alzarle la voz a tu pareja, beber cuando saber que no debes… y hacerle daño a los que amas.

Me llama la atención el tema de la curiosidad, que es algo subyacente en el libro. Empezando la película, el cocinero del hotel, Halloran, descubre capacidades psíquicas en el pequeño Danny. “Vas a ver muchas cosas en el hotel” le dice, tomándolo aparte. “Aquí han pasado cosas buenas y cosas malas. Las cosas malas son como fotografías, no pueden tocarte. Así que no tengas miedo”.
Pero el viejo desvía la mirada.
“Hay un cuarto que sí quiero que evites” dice. “La habitación 237. Nunca entres ahí, Danny”.

“Puedes explorar todo el castillo” le dijo el conde Drácula a Jonathan Harker, “excepto las puertas cerradas. Un castillo viejo tiene muchas memorias y Transilvania no es Inglaterra”.

Del mismo modo, Danny Torrance y Jonathan Harker se ven seducidos por lo prohibido. En el libro es genial, porque conforme Danny se acerca a la puerta, recuerda un cuento que le echó su papá, la historia de Barbazul. Cuentan que Barbazul tenía muchas esposas que desaparecían. Al tener la nueva, le dijo “La casa es tuya, excepto aquella habitación”. La mujer no se contiene y abre la habitación una tarde… para encontrar las cabezas de las ex esposas metidas en jarras.

En fin, The Shining nos habla de la delgada línea entre la realidad y la fantasía y cómo los deseos reprimidos pueden apoderarse de nosotros, pasándolos de la racionalidad a la locura. Horror con la simbología de las imágenes y un uso pionero de la tecnología (archiconocidas son las escenas en steadycam), es una película incomprendida cuando salió, pero que el público llevó con el tiempo al puesto honorífico de hoy.
                                                                  

“La película es fría” se quejó Stephen King después. “¿Pero pudo hacerse mejor? El tiempo nos indica que no”.

viernes, 23 de octubre de 2015

SYMPATHY FOR THE CREATURE: Alien (1979)





Director: Ridley Scott

Guion: Dan O’Bannon, Ronald Shusett

Elenco: Sigourney Weaver, Tom Skerritt, John Hurt, Yaphet Kotto, Ian Holm, Veronica Cartwright, Harry Dean Stanton

Cinematógrafo: Derek Vanlint

País: Reino Unido

Año: 1979

Tópicos: Extraterrestres, sci-fi, terror corporal



Como podrás ver, los 70’ fue una excelente década para el terror, la segunda era dorada. Mira el breve espacio en que salieron tantos clásicos, cerrando con una mezcla magnánima de terror y ciencia ficción; La unión no era original (The Thing From Another World, Invasion of the Body Snatchers), pero la película originalmente titulada “Starbeast” nos enseñó que debemos tener cuidado sobre cómo exploramos, porque en el espacio nadie te oirá gritar.

La tripulación de la nave comercial Nostromo ve interrumpido su viaje a casa por una misteriosa señal. Obligados por ley a investigar todo indicio de vida extraterrestre, estos “camioneros espaciales” desvían su trayectoria para aterrizar en un pequeño planeta. La maravilla ocurre casi de inmediato cuando los exploradores descubren lo que parece ser una nave abandonada. Se dan cuenta demasiado tarde de que la señal era realmente una advertencia y cuando vuelven al Nostromo, hay un octavo pasajero…

Ese era el título en español, por cierto. Usualmente la gente que cambia los títulos hace una labor lamentable (The Hills Have Eyes = El Despertar del Diablo, una vaina que no tiene nada qué ver), pero esta vez no está mal. Es misterioso y apropiado, “El Octavo Pasajero”.

Si no has visto Alien, ve a verla. No averigües nada y vela hoy. Te espera tremenda historia.

Ver esta película (quizá la más fluida del viejo ciclo de Scott) es observar una sinfonía de tensión creciente. Mucho antes de que el terror empiece, tenemos una dirección artística que se ha vuelto icónica. Es una forma de futurismo que me encanta (hecha sin intensión), el retro-futurismo, una visión a lo que nos espera, pero con un pie en el pasado. La ropa tiene un toque setentero, las computadoras son avanzadísimas pero a vectores, toda la Nostromo tiene tintes industriales, a medio camino entre 2001: A Space Oddysey y las naves reales. Parece una plataforma petrolera flotante.

Y aterrizan entonces en el planeta y entra el otro componente, la dirección artística de H.R. Giger, creador de la epónima criatura. El propósito era transmitir que en esa nave no hay un toque de humanidad y se logró. El alien ha pasado a ser uno de los símbolos de la cultura popular, de forma que no creo que haya alguien que se aterre al verlo como se aterraron en 1979, pero si ves Alien hoy, es una demostración de que no importa tanto el monstruo, o el diseño de la criatura (que, dicho eso, es fieramente original). Importa el acercamiento que tomes.

Desde que el alien hace su aparición, la vaina se desarrolla como un misterio que sabemos que va a terminar mal, pero somos incapaces de voltear. Kane, uno de los miembros del equipo, termina con una cosa pegada al rostro. Esa palabra lo describe bien, “cosa”, porque aunque queda evidenciado que existe vida alienígena (experimento exitoso, yay), su biología es tan extraña que es impredecible en su proceder. Si no sabes lo que pasa después, no te voy a spoilear una de las escenas más arrechas del cine (trivia: los actores no sabían qué iba a pasar, la famosa escena era descrita con ambigüedad en el guión –el shock y el terror que ves es real), pero basta con decir que de ahí en adelante, una mano te toma de la garganta y no te suelta. Es un escenario horroroso: estamos atrapados en el fucking espacio con un monstruo cazándonos. No podemos irnos a animación suspendida y no podemos vencerlo en combate. El concepto, “una mansión embrujada en el espacio”, suena tonto en papel y brillante en celuloide.

“La gente me dijo muchas veces ‘te copiaste de esto’ o ‘te copiaste de lo otro’” dijo Dan O’Bannon. “La verdad es que se equivocaron porque me copié de todo el mundo”. El balance es impecable entre unos astronautas que nos podemos creer y una aberración de la que no sabemos qué esperar (al sol de hoy, nadie sabe cuán inteligente es realmente un xenomorfo, por ejemplo).

Pero eso no fue lo único en lo que la película fue revolucionaria. Hasta acá, te va a costar conseguir a una heroína en el cine, una mujer que se ponga los pantalones y asuma las riendas de la situación (en el cine blacksploitation se estaba dejando ver, pero distaba mucho de ser mainstream). Cuando el monstruo sale, las mujeres se aterran y se vuelven histéricas.

Lambert, una de las chicas (grandiosa actuación de Veronica Cartwright, uno de los retratos de pánico más realistas alguna vez grabados), cumple con el cliché, pero la otra mujer, Ellen Ripley, está dispuesta a sobrevivir a como dé lugar. No estamos hablando de las defensas de Laurie Strode en Halloween, Ripley es un líder que no desea serlo. La parte que mejor lo demuestra es una de mis escenas favoritas del cine. El director le pidió a Yaphet Kotto, que hace de Parker, que no dejara terminar su diálogo a Sigourney Weaver, que ya estaba estresada por una reacción alérgica repentina. Esta es la escena en la que Ripley está tratando de explicar el curso a seguir.

“Let’s talk about killing it” dice Ripley.

“All I’m saying is…” Parker interrumpiendo.

“We know it’s using the air shaft --WILL YOU LISTEN TO ME, PARKER?” Weaver no rompe personaje.

“Let’s hear it”.

“SHUT UP”.

“Tell me”.

“We’ll blow the creature out of the main hatch, is that plan acceptable to you?”

Parker encoje los hombros, “If it means killing it…”

“OBVIOUSLY it means killing it”.

Repito, esa escena fue una mezcla de actuación con improvisación. Ridley Scott fuckeó la mente de sus actores.

Entonces Ripley se vuelve el bastión moral de los supervivientes accidentalmente. No sientes que la película está tratando de ser feminista. Simplemente ocurre, las circunstancias son estas y alguien tiene que tomar el control.

La saga de Alien ha tenido mejores días, pero es una mitología legendaria, afirmada con una espectacular secuela (de la mano de James Cameron) y una incomprendida, mutilada conclusión (de la mano de David Fincher). Es una de esas películas que te galvaniza la imaginación, termina y quedas deseando saber más sobre ese mundo, sobre la criatura, sobre qué pasó después. Mención especial para el tremendo score de Jerry Goldsmith, quizá su mejor trabajo. Lejos de proveer un soundtrack de ambiente, se lanzó un disco de tinte artístico que puedes oír separado del film (Vangelis haría lo mismo en otra película de Scott, Blade Runner).

Ayer dije que si me dejaban en una isla desierta, me llevaría Dawn of the Dead. Hoy te digo que si me dejan llevar dos películas, Alien sería la elegida. La película es un espectáculo, es la razón de por qué amamos al cine.