domingo, 6 de septiembre de 2026

O Sea Que Hablaban Sin Saber

 



Hoy no vamos a hablar del publishing, pero sí vamos a quejarnos del mundo por ser lo que es, y este tema es uno al que le he rehuido porque estoy tratando de escaparle a aquello de que un escritor venezolano que no entrepitee opinión sobre política nacional no es ni escritor ni venezolano. Uno también es lo que es.

 

Si usted le ha prestado atención a aquello que pasa por esfera pública venezolana, que son las redes sociales en general y twitter en particular, seguro ha visto ya dos semanas de frenesí producto de todo lo que ha salido por los acuerdos petroleros entre Venezuela y los Estados Unidos, pero realmente porque Delcy Rodríguez y su ala del chavismo todavía no ha soltado el poder. Así como yo uso mi espacio para dar esta opinión, hay lecturas de estos eventos pa’ que usted elija la suya, desde una gente que dice que este es un acuerdo apátrida e inválido porque ese petróleo es de los venezolanos (como que si PDVSA en algún momento fue autosuficiente y no existía gracias a su relación con los Estados Unidos) hasta unos analistas arrechísimos que están gritando que acá como no anuncien elecciones presidenciales a más tardar en dos meses, lo mejor es asumir que Donald Trump es chavista.

 

Estos son unos carajos, y esto es de lo que más me llama la atención, que tienen por lo menos cinco años pidiendo una intervención extranjera. Se evidencia ahora que ellos siempre creyeron que la intervención era que los gringos venían con un jet, sacaban a Maduro, y ya, los venezolanos podíamos volver a todas esas prácticas que nos llevaron a la pérdida de la república—porque, creo que ya lo podemos decir, el chavismo, salvo aquellos momentos de izquierdismo verdaderamente extremo donde aquí se expropió todo tipo de empresas para que el Estado descubriera después que no tenía cómo ponerlas a funcionar, no es sino el shock anafiláctico de todas las prácticas rastreras de la partidocracia rentista. Hace poco escuché que el gobierno de Maduro es el segundo gobierno de Jaime Lusinchi, y es una de las cosas más ciertas que he escuchado en lo que va de década.

 

“Se evidencia ahora que ellos siempre creyeron que la intervención era que los gringos venían con un jet, sacaban a Maduro, y ya, los venezolanos podíamos volver a todas esas prácticas que nos llevaron a la pérdida de la república.”

 

Pero para volver al punto, esta gente, que son la nueva camada de “lojanalistas”—entiéndase por eso a un conjunto de intelectuales que pasaron los 27 años de chavismo tirándose unas sesudas peroratas explicando lo que nos pasó y lo que nos iba pasar, equivocándose siempre pero nunca corrigiendo—hacen muros de textos que yo no sé si provienen de la indignación o de la ignorancia, pero que en todo caso comprueban que por lo menos en twitter son muy pocos los que tienen lecturas suficientes como para abarcar, y a veces incluso digerir, aquello que pretenden analizar. Como digo en mi grupo de panas, “nadie que no sepa quién fue Carlos Canache Mata cuenta con las lecturas suficientes para explicarme algo de política nacional”. Se ponen como leí a uno que vio la entrevista entre Sergio Novelli y Marco Rubio, y salió, “Los Estados Unidos podrían ponerle fecha ya a las elecciones, porque ellos cuentan con ese poder”, como que usted puede agarrar la ruina que es Venezuela, y ese patuque absurdo de numerología con legalidad (e ilegalidad) que es el sistema electoral venezolano, y tú en dos meses lo depuras de todos los fallecidos y nombres falsos, revisas y corriges aquellas infames y chavistísimas inhabilitaciones, reacomodas la repartición de circunscripciones electorales (que lograban que con menos votos los chavistas obtuvieran más diputaciones), le haces revisión a todos los partidos políticos a nivel nacional para que puedan participar en procesos electorales sanamente (hay más de uno que estoy seguro que no cumple la mitad de los requisitos), y pones orden en esa caja de tarántulas que es el registro de votantes venezolanos en el exterior.

 

“Pongan fecha ya”. Porque parece que creen que el problema es Delcy, la persona que esté en ese maltrecho y maldito trono.

 

Para que me termine de odiar quien le tiene flojera a leer: Sepa usted que si María Corina Machado asume la presidencia de la república mañana, todos estos problemas que existen ahorita no sólo van a seguir, sino que van para rato.

 

Y el problema no es ese, porque a fin de cuentas sería un político venezolano más que quema su capital en otra quimera; el problema está en que si eso llegara a pasar, aquí lo poquitico que hemos avanzado en el proceso de reinstitucionalización nacional y en la mera creencia de que esto puede algún día ir a mejor, se va a ir por el caño también. Y seremos presa una vez más de los más depravados y depredadores actores de nuestra política nacional, que mirarán al pasado y dirán que la vía civil e institucional no tiene sentido cuando tú puedes tirar un golpe de Estado y ponerte un disfraz de nacionalismo, para que la gente se empiece a tatuar tu firma y el empresariado a llamar a ver qué le cae.

 

“Venezuela está, hermano mío querido, en la ruina física, económica e institucional, como para que por irresponsabilidad y miopía la tiremos también a la ruina moral—que ni el terremoto logró derribar.”

 

Venezuela está, hermano mío querido, en la ruina física, económica e institucional, como para que por irresponsabilidad y miopía la tiremos también a la ruina moral—que ni el terremoto logró derribar.

 

Casi treinta años del resentimiento como política de Estado han hecho de este un país en el que hay que hacerlo todo otra vez, y donde las condiciones son más grandes que el titular del poder en Miraflores. Rubio lo dijo muy bien, cuando señaló que la idea aquí no era que Machado ganara unas elecciones para heredar unas condiciones insostenibles de gobernabilidad, e incluso puso como ejemplo a Nicaragua, donde todo el cuento de terror que usted acaba de leer para ellos se volvió realidad, de la que siguen sin escapar y además sin la esperanza que en nuestro caso sí hay.

 

Yo entiendo la frustración porque todos la sentimos, dentro y fuera, y a mí, que me he calado a toda la era post-desilusión dentro del país, nadie tiene cómo venir a explicarme la precariedad con la que se vive en Venezuela. Pero no deja de impresionarme la gente que se volvió MAGAzolana creyendo que el almuerzo gratis existe y que el problema político venezolano no pasaba de un mero “quítate tú pa’ ponerme yo”. Gente que no se ha tomado treinta minutos para revisar lo que fue la transición del comunismo al mundo moderno que se vivió en países como Alemania y Polonia, o de un régimen cerrado, oprobioso y militarista a una democracia como pasó en España y Argentina, pero que tienen ochenta mil seguidores y un grupo de tertulia en YouTube donde se ponen a gritar monsergas nacionalistas, y se sienten con autoridad para predicar, viendo cómo cazan alguna simpatía donde el like se traduzca en algo duradero en el mundo real.

 

Por todo esto me retiré una vez más de tuiter y borré la aplicación del teléfono. Los sitios donde reviso noticias confiables ya sé cuáles son, y para socializar tengo a mi gente. No hay nada que tú vayas a leer en redes que te contribuya más que Red Rising, o mi nuevo favorito, Alas, Babylon. Y en Venezuela se puede reclamar—más que poder, es un deber—pero también controlando algo que nos cuesta tanto como pueblo, la emotividad. Yo sí creo que la maldita era chavista está en su cierre y que todo este proceso termina con elecciones reales y democráticas que abran la puerta a nuevos tiempos, porque es la única garantía de estabilidad y permanencia para todos esos negocios que se están cuadrando en Houston. Y así como digo eso, también creo que para llegar ahí no hay alternativa distinta a soportar el vendaval tratando uno mismo de no hundirse, física y mentalmente. Cada quien administra sus ansiedades como puede—y como sabe.

 

Yo por si acaso quise dejar este testimonio porque dentro de un año, ustedes van a ver que nadie se volvió loco con los anuncios petroleros. Nadie dijo que aquí había que repudiar a los gringos y no hubo ningún analista que sugiriera que Delcy iba hasta el dos mil siempre, bajo amparo americano.

 

Porque aquí nadie fue.

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