domingo, 16 de agosto de 2026

La Hora de la Verdad


Yo no sé si han visto, y de verdad que yo trato de no traerles noticias amargas del mundo del publishing, pero yo no sé si ya vieron el último escándalo de lo que está sacudiendo al 2026 y que parece que ha llegado para no irse, que es la inteligencia artificial en la literatura, y más específicamente el uso que los sinvergüenzas le dan a esa tecnología.

 

Quiero abrir diciendo que yo estoy en contra de todo uso que se le da a la inteligencia artificial en el entretenimiento. Me parece que en términos generales, es una tecnología que puede ser muy útil, y ya lo es en muchos aspectos, pero que no tiene ningún espacio en las artes de ningún tipo, especialmente cuando hablamos de expresiones artísticas creadas por una computadora que luego son tomadas por estafadores, haciéndolas pasar como propias. El que no tiene con qué, plagia o usa IA, creyendo que uno es tonto y que nadie los va a cachar. De esto ya hemos hablado.

 

El punto aquí es que el escritor nigeriano Jerry Falade escribió una novela policíaca que provocó una lucha editorial de ensueño, las diferentes casas grandes de los Estados Unidos echándose cuchillo a ver cuál sería la que llevara el libro a las estanterías, con Penguin/Random House emergiendo ganadora. El avance que obtuvo Falade fue, y siéntate, de dos millones de dólares.

 

Por referencia, un autor nuevo hoy en día se puede considerar bendito con un avance de cuarenta mil.

 

El sueño se vuelve pesadilla tras unos alegatos ahí de uso de inteligencia artificial, pero ese no es el punto, acá lo candela está en que Random House cancela el negocio no porque se demostró que Falade usó IA, sino porque “no podía comprobar el proceso de desarrollo del libro”. Es decir, no hay pruebas de que el man usó IA, pero tampoco hay de que no la usó.

 

Y ya usted que está leyendo podrá ver por dónde va la cosa, porque ahora no es que la carga de la prueba en la originalidad del texto está en los editores y personal de la editorial, no; de ahora en adelante y hasta que se aclare el maremoto absurdo que existe con la IA, todo autor debe ser capaz de evidenciar que su obra es realmente suya.

 

Yo me pregunto, ¿cómo?

 

Si bien los publishers andan montados ahorita en campañas para demostrar amigabilidad a nuevos autores y al sector, pintando un escenario donde la editorial y el autor son socios igualitarios, la verdad más verdaíta es que si hay algo que pueda representar un riesgo económico o reputacional para la editorial, te van a echar a los lobos y tú no vas a contar con el famoso apoyo corporativo para defender tu proyecto.

 

El ambiente que esto ha desatado en el mundillo es francamente agotador. El publishing está muerto, es el titular. Y es que, si aparte de esto las editoriales están captando talentos que ya han tenido éxito como autores independientes, para después ellos publicarlos, metiéndole plata a proyectos que ya evidenciaron viabilidad comercial, ¿entonces los publishers van a parar como meros distribuidores de libros en físico?

 

Nadie sabe la respuesta, pero hoy por hoy todo es posible.

 

*

 

Como escritor en proceso de edición de su novela debut, y como amante de la pregunta “¿de dónde vienen los libros?”, es agotador trabajar en tu obra bajo el martilleo de todo esto. Tienes que apagarle las voces, no darle clicks a los posts ni a los videos, y depurar un algoritmo que está empeñado en que si tú quieres publicar con una editorial a la antigüita, pues ese proceso es imposible porque usted tiene que, primero, redactar una carta de query para encontrar un agente, y es más fácil ganarse la lotería a menos que ya conozcas a alguien que te enganche.

 

Eso es un video real que me encontré, por cierto. Un bicho que se lanzó el ejercicio de ver qué era más probable, ganarte la lotería o firmar con un agente. Adivina el resultado.

 


Pero es que no es solamente el agente. Hay agentes de mentira, estafadores, unos bichos que se hacen unos perfiles arrechísimos y que lucen legit, y que todo lo que están buscando es que tú les des ese manuscrito sobre el que tanto has sufrido, para ellos limarle los seriales y publicarlos bajo su nombre. Eso pasa, esas historias de terror son reales, entonces usted tiene que investigar ahora al agente, ver qué otros clientes tiene, qué proyectos ha vendido, qué dicen los clientes de él, y hasta interrogarlo discretamente y sin que se dé cuenta, para ver si es verdad que se leyó el libro, porque muchos ni eso hacen. Parece que encontrar a un buen agente es una cosa así como encontrar a un buen terapeuta, un buen mecánico o una buena pareja. Una lotería, dentro de la lotería.

 

¿Está usted escribiendo una novela y superó esa primera barrera? Bueno, ahora el libro entra en “submissions”, que es un proceso parecido a una subasta, donde diferentes publishers le echan ojo a tu proyecto y dicen si sí, o si no. Esto es tu manuscrito, entre los cientos que llegan al mes, que se unen a los que quedaron pendientes del mes pasado y los del anterior, estudiados por unos bichos que están pensando en beneficios comerciales únicamente. ¿Te has preguntado por qué se publican locuritas escritas con las patas? Tu respuesta está en el mercado que tienen esas obras. Frío, cínico y real. En este paso se te puede ir un par de años, sin nadie que te diga con claridad que, mira, la cosa no va. Durante esto, tú no puedes hacer nada con el manuscrito. No lo puedes revisar, sumarle cosas o restarle, mucho menos publicarlo por tu cuenta, porque aunque los derechos son tuyos hasta que firmas con el publisher, ese potencial negocio que estás buscando de publicación se cae si tú, pues, publicas.

 

Ten en cuenta que un proyecto se elige o rechaza por cosas que no tienen qué ver con la calidad del manuscrito. Por ejemplo, westerns: Poca viabilidad comercial. Vampiros, zombis, triángulos amorosos adolescentes. A lo mejor usted escribió el mejor libro del mundo sobre un chico especial en una escuela de magia, pero eso se parece mucho a una tendencia que ya se explotó, y ahorita lo que vende es el romantasy.

 


Pero a lo mejor coronaste y todo salió bien y tu novela por fin llegó a la librería. Es hora, pues, de la monserga infame: “un 80% de los libros que se publican al año venden menos de cien ejemplares”. Ese es el último juez, el mercado, que no es otro que el lector. Hay gente que cree que tú cuando eres seleccionado por una editorial, bajan unas ninfas del Olimpo a ponerte una coronita de olivo, con unos angelitos tocando harpas, para abrirte el cerco dorado al club selecto de gente refinada y especial que son autores. A eso se le puede responder con cantidad de ejemplos, yo cito uno: Gabino Iglesias, autor latino y un tipazo, ganador de los premios Stoker y Shirley Jackson por su novela The Devil Takes You Home; la capacidad literaria y narrativa de Gabino es incuestionable, pero con todo, con ventas y premios encima, su siguiente novela, House of Bone and Rain (which you can acquire right here) parece que no cumplió los objetivos comerciales de su editorial, así que ahora Gabino no tiene contrato. Para su próximo libro, tiene que volver a pasar por todo el proceso que yo acabo de detallar, tal cual como si fuese un autor nuevo. Sobre esto, él mismo ha hablado y ha sido cándido y me excuso, Gabino, si se me escapa algún detalle, pero lo que quiero decir es que el escritor es un jornalero, y nunca deja de serlo.

 

*

 

Entonces, ¿qué? ¿Se acabó lo que se daba y uno tiene que abandonarlo todo para dedicarnos al hipismo, a la horticultura o al sudoku?

 

Bueno, ve; Toda la doomsday shit que siempre ha existido en el publishing, pero que ahora está frenética con el asunto de la IA (replicándose esto en el cine, el diseño gráfico y la música), a mí me parece que no es sino ruido. Que sí, que es cansón y que te disparan horrible la ansiedad, porque uno dice, “Yo tanto remando, ¿como para llegar a cuál puerto?” Odds have always been stacked against authors. Este es el nuevo sabor de un plato que siempre ha existido, y que te distraen de la raíz y la solución de todo el problema, que es crear.

 

Hace mucho tiempo, cuando me puse a leer bien de la industria y de cómo es el maní, tuve una conversa muy franca conmigo mismo, un momento de la verdad donde me pregunté por qué escribo y cuál es la medida de éxito satisfactoria para mí. Las respuestas a estas preguntas varían de escritor a escritor, porque no todos queremos la misma carrera ni tenemos los mismos objetivos—hay gente que quiere ser millonaria, hay gente que quiere ser famosa. Hoy en día, donde hay tantos desesperados por celebridad, hay quien se pone a escribir para volverse estrella en un planeta tierra donde leer es cosa de nicho. Está el que quiere que lo inviten a charlas y a cineforos, y está el que solamente quiere ver su libro en una estantería. Que se venda, que no se venda, eso importa menos que verlo ahí y poder decir “soy escritor, publiqué un libro”.

 

Bueno, yo me senté en ese espacio mental ficticio, probablemente dándome una ducha, y me dije que yo lo que quiero es lectoría. Yo quiero escribir, sacar algo y que ese algo llegue a alguien que pase un buen rato, se ría, le dé rabia, le dé ganas de seguir leyendo, y sienta más o menos las cosas que he sentido yo leyendo a mis maestros.

 

Aquí la gran pregunta que todos nos tenemos que hacer es, “si tu carrera nunca levanta, si tú le echas todas las bolas del mundo y esas aspiraciones que tienes no terminan de cuajar, ¿aún así te pondrías a escribir?”

 

So relaxed, making new friends...

Yo concluí, hermano mío, que sí. Léaseme bien, yo no estoy aquí abogando a favor de la publicación independiente o tradicional, yo estoy yendo a un tema incluso más neurálgico para todo el que quiera escribir o dedicarse al arte en general desde Latinoamérica, donde si bien la internet ofrece muchas facilidades, las oportunidades son como usted y yo sabemos. Cuando usted asume a la escritura como un fin de vida, tienes que estar claro, entender y asumir la posibilidad de que esa obra por la que tú tanto te estás matando no tenga movimiento comercial o crítico. Si tú amas eso que dices amar tanto, tienes que aceptar esa realidad y que, si eso es lo que hay, tú tienes que tener satisfacción con el mero hecho de practicar lo tuyo desde tu tribuna, independiente del éxito o el público que eso genere.

 

En mi caso personal, creo que tengo algunas ideas ordeñables, alguna capacidad narrativa y puedo envolver a uno que otro lector. Y si mis aspiraciones no se dan, por lo menos tengo la satisfacción de echar el cuento para quien lo quiera leer, en el contexto de una vida riquísima—y esto último es clave. Tú tienes una responsabilidad contigo mismo de tener una buena vida que sea satisfactoria aparte de tus sueños profesionales, porque creo que fue Matthew Perry el que dijo, “si no eres suficiente sin éxito, no serás suficiente con todo el éxito del mundo”. El que espera que los éxitos artísticos le compensen por todos los cumpleaños en que papá no llamó, hermanazo, I have some bad news, as someone who's had artistic highs, followed by the inevitable lows.

 

Es lo que hay, es la naturaleza de la bestia. Todo lo malo, todas las ansiedades, se combaten únicamente a través de una vida buena donde tu bienestar no depende de la aprobación de extraños.

 

¿Sí me estoy explicando?

 

Si tus sueños profesionales no se traducen en una vida artística exitosa, y tu disciplina queda para siempre como una afición que haces aparte de tu actividad económica principal, usted tiene que hacer las paces con eso mucho antes de pensar en publicar o incluso en lanzarse una odisea, como lo es la redacción de una novela.

 

Es eso, o morirte de amargura y resentimiento, divorciado y con unos hijos que ahora son ellos los que no te llaman en tu cumple.

 

Termina tu libro, tu película, tu disco, tu cosa. Sé sincero contigo mismo.

 

Todo lo demás es ruido.

viernes, 3 de abril de 2026

Historias Para No Dormir


 

Hay algo que no les he dicho y que es como importante:

 

¿Recuerdan cuando les dije que tengo un manuscrito de una novela que terminé?

 

Bueno. Tengo otro.

 

Es el mismo libro, pero lo reescribí. Entero.

 

El cuento es que cuando estaba revisando aquel manuscrito, me di cuenta de varios errores importantes en el acercamiento a la historia y cómo la estructura del libro dispersaba el tema principal que yo quería contar. De modo que lo reescribí. Easier said than done, I know, pero ahora este manuscrito, que terminé en febrero, es mucho más sólido y mejor contado que aquella primera versión.

 

Y bueno, aquí estamos hablando de ¿cuántos meses de trabajo? Sin meter la redacción del primer borrador, y el tiempo investigando y desarrollando al concepto y al universo. Años de trabajo. Ahora que estoy revisando ese manuscrito y considerando seriamente las rutas de publicación, hay algo que me aterra, me quita el sueño, pienso en eso cuando me acuesto en la noche.

 

Ve, cuando tú firmas un contrato de publicación con una editorial anglo, lo que estás negociando son dos cosas: Derechos de publicación y dinero. Es decir, quién tiene los derechos de sacar el libro, en dónde, hasta cuándo y cómo se reparte lo vendido. También hay provisiones para garantías e indemnizaciones, pero partiendo de que seas un peluche honesto, esto es terciario.

 

Cuando tú firmas ese contrato, tú conservas el copyright de la obra, el publisher está en la obligación de registrarlo a tu nombre, pero los derechos de explotación los conserva la editorial.

 

¿Qué significa esto? Que la editorial se reserva la capacidad de publicar en físico, digital y audio en los Estados Unidos y Canadá y, si tiene capacidad, de los derechos cedidos a terceros en otro idioma (ese “si tiene capacidad” es importante; tema para otro día).

 

Ya nos hemos preguntado para qué sirve una editorial tradicional, pero es que hay un temardo que nadie comenta y que todo el que se haya sentado a crear un universo multi-libros en su cabeza tiene que considerar, y es uuuuna razón más de por qué tanta gente está yéndose a publicar directamente con Amazon y plataformas similares. ¿Sabes que en el último post hablé de las malas prácticas en la industria?

 

La publicación de tu próximo libro depende de cómo vendió el que tienes ahorita, de forma que no es absurdo ver a tu libro actual como promoción del siguiente, pero si este libro que tienes ahora no vende, se cancela todo pero el publisher conserva los derechos.

 

¿Por qué? Me imagino que es porque si después de ese choque comercial, tú tienes éxito publicando independiente, entonces ellos ahora pueden lucrarse de tu nombre sacando la obra que sí tienen bajo su manto. See where I’m going to? Jefazo, tenemos más de dos años trabajando en este universo, en los personajes, es un manuscrito al que le has puesto sangre, sudor y lágrimas, y tienes ya las secuelas pensadas pero además otros libros en el mismo universo, y ¿qué pasa? Que ya cediste los derechos y no puedes publicar nada que tenga que ver con ese primer libro. Funciona tal cual como los derechos de las películas: la productora se reserva los derechos comerciales pero no la obligación de explotarlos.

 

O sea que, prácticamente, si la vaina no vende, que es algo que está fuera de tu control, se acabó todo. Tienes que olvidarte no sólo de la secuela que pensabas sino del universo completo, tienes que fumarte otra porque esto ya no lo puedes sacar ni siquiera por tu cuenta.

 

Esa vaina a mí me preocupa. Y me recuerda una senda frase que escuché en una de estas tantas charlas que uno ve sobre el tema: Si tú auto-publicas hoy, siempre tendrás la opción de optar a una editorial tradicional. Pero si entras primero por una editorial tradicional, no tendrás la opción de auto-publicar.

 

Es muy loco, porque hace 20 años la auto-publicación era visto como un fracaso profesional, la ruta para el inepto. Ahora no es auto-publicación, es “indie” y venden mejor que gente que se fue con una editorial, y además conservan todos los derechos y más del 90% de las regalías. Tú conservas el control creativo y comercial de la obra, y si te va bien, una editorial tradicional te llega con nuevas opciones—modelo de negocio que les sirve a ellos muy bien, porque no asumen el riesgo, no tienen que apostar en incertidumbre porque ya esa apuesta está pagando. Todo está hecho a propósito.

 

¿Y de qué te estás beneficiando entonces cuando publicas directo con una editorial?

 

“De que ellos distribuyen el libro en físico”. ¿Sabrán que ya van como dos años en que los eBooks superan en ventas a las copias físicas?

 

“De que ellos promocionan la obra”. Falso, ya lo sabemos.

 

“De que ellos diagraman la obra y la organizan para que, al imprimirla, se vea como debe ser”. Esto es algo que lo puedes contratar tú por tu cuenta (o aprenderlo).

 

Es un temardo del que nadie habla y muchas veces siento que acá soy que si el único bicho raro tocando vainas de la industria que es que son ineludibles cuando estás en el oficio, pero nos interesa a cinco personas en Latinoamérica.

 

And it keeps me up at night.

miércoles, 25 de marzo de 2026

Más Escandalosa que Tímida



Sabes, chico, que el otro día estaba viendo lo que está pasando con el libro de Mia Ballard, Shy Girl, y me dije a mí mismo, “mí mismo, ¿cuánta gente no estará viendo esta vaina ahorita y ligándola para que no trascienda y los arrastre también?”

 

Todos los peluches deshonestos que se hacen llamar escritores: Temblad.

 

"Dreamer" de Whyn Lewis

Este es uno de esos posts sobre libros y la industria que me interesan que si a mí y a tres personas más, pero es que el tema está bueno: Mia Ballard escribe un libro de terror psicológico y hace como está haciendo un gentío ahorita, que es que publican en Amazon, hacen sus ventas y una de las grandes editoriales les ofrece un contrato. El libro se reedita dándole distribución nacional en los Estados Unidos (en físico, porque digital ya tenía) y posibilidades de distribución en el exterior.

 

El tema está en que ya cuando el libro se publicó en Amazon, la gente vio la portada y empiezan los comentarios de que Ballard plagió esa imagen de una artista digital. Por eso es que tú tienes que ser muy honesto cuando sacas tu obra al público, a la gente en internet no se le escapa nada. A Ballard, se le pregunta por la portada en aquella oportunidad y ella responde que es que ella no se dio cuenta de si era un cuadro de otra artista porque agarró la imagen de Pinterest y la modificó luego con IA.

 

La portada de Ballard.

Ya ahí tienes una gran señal de alarma, eso es anti-ético y despreciado incluso en círculos de auto-publicación. Yo he hablado de esto antes, pero hay gente que cree los escritores son una gente que se pone sacos de estos que tienen parches de cuero en los codos, y beben martinis en un penthouse de Nueva York, una cosa así como la fantasía de la alta sociedad que tenía Homero Simpson. Sepa usted, amig@ que me lee, que los escritores exitosos y en la lucha no somos sino unos jornaleros siempre en busca de la chamba, tal cual como los músicos, los diseñadores gráficos, los actores y prácticamente todos los artistas. Por eso es que cuando una persona agarra arte de alguien más para lo que sea en su libro, es una ofensa a alguien que podrías ser tu mismo. Tú estás agarrando el trabajo de otra persona, sin pagar, y lo pones en un libro por el que estás cobrando. Que la respuesta de Mia Ballard haya sido “se me chispoteó” ya es algo que preocupa pero eso se barre bajo la alfombra, Mia se disculpa y sigue vendiendo, y como parece que vende bien, llega Hachette a ofrecerle un contrato.

 

Pero ojo, y ahí viene la otra; ya en este punto había gente haciendo ruido de que el libro era “AI Slop”, que es el término que reciben las obras de muy mala calidad hechas con inteligencia artificial. He leído a mucha gente preguntarse cómo tú reconoces eso, y siento que es difícil de saber si nunca lo has experimentado; las inteligencias artificiales no tienen estilo. El estilo, la voz del escritor, es quizá la herramienta más importante que tienes a mano porque es tu forma específica de narrar, de desarrollar una historia. Las IA son buenas imitando a un estilo por una página, pero muy malas sosteniendo eso por 250. Las IA tampoco tienen contexto histórico (o irónico) y son ineptas con las metáforas, pueden decir que el agua “estaba húmeda” o que, como pasó en este caso, todo era “Sharp”, afilado. Entonces el frío era afilado y la grama era afilada y los sentidos son afilados, y así…

 

Entonces, esto ya se hablaba bastante pero Hachette sigue pa’ alante, saca al libro en el Reino Unido y anuncia fecha de salida en EEUU. La portada sí se la cambiaron.

 

Y así siguen las cosas hasta que el New York Times investiga, concluye también que esto tiene que haber sido escrito con IA y redacta un artículo, pidiéndole a Hachette un comentario antes de publicación. En tu época y la mía, cuando una persona era deshonesta, buscaba una referencia medio oscura y plagiaba al texto, creyendo que nadie más conoce esa referencia, que nadie más va a llegar a tu fuente y a darse cuenta de que eres un ladrón. Hoy en día, la gente que quiere ser famosa llamándose a sí misma “escritor” sin escribir, recurren a los atajos con IA y Mia Ballard firmó un papel donde se atribuía la autoría única y original de la obra, Hachette aceptó eso at face value y tuvo que venir el New York Times a destapar la olla para que la editorial cancelara la publicación, señalando “grandes sospechas de uso de IA en el texto”.

 

Todo mal.

 

Mia termina confesando el crimen, pero a la chavista: Ella dice que al terminar el manuscrito, se mete en Reddit pidiéndole ayuda a un editor y que una persona que se hacía llamar editor se ofrece, hace el trabajo, cobra, y que esa persona fue la que usó IA; o sea que Mia es una víctima aquí, prácticamente.

 

Yo quiero aclarar que en el publishing anglo, un editor, aparte de corregir ortografía y gramática, corrige estilo. Sobre eso puedo hacer un post, porque eso lo he vivido como editor y como autor, pero para centrarnos en el tema, tú cuando haces una auto-publicación en Amazon (lo que llaman ahora “indie publishing”), eres el publisher. Ese es tu emprendimiento, como dicen en Venezuela. Lo que pasa es que Random House tiene a 8000 clientes y tú tienes a uno solo (tú), pero la labor es la misma. ¿Cómo es posible que a un publisher se haya escapado la portada y resulta que también puso el libro a la venta sin revisarlo?

 

Mire. Uno, que humildemente sabe cómo se bate el cobre y cómo uno contacta a editores, y cómo todo diseño gráfico debe hacerse por un humano que también tiene que aparecer en los créditos por un servicio que es pago, no me como el cuento del editor misterioso, porque un libro tiene que pasar por al menos cuatro revisiones antes de llegar a manos de una editorial. No me lo creo, no me la calo. Y tú puedes decir, “Bueno, pero ¿y este señor qué ha publicado para hablar con semejante propiedad?” Más allá del tema de que esto es algo que me ha apasionado toda la vida, justamente yo estoy metido ahorita en ese embrollo, en pleno proceso de revisión y cuidándome mucho de hacer las cosas bien porque el “publicar mal” existe, y para muestra un botón. Esto que yo estoy diciendo no es una experiencia exclusiva, toda persona que se haya metido en ese campo, en esa arena, puede dar fe de lo mismo.

 

Este cuento, queridos amigos, podría quedarse como una mera anécdota de esas tantas que uno ve en esta montaña rusa del mundo editorial, pero es que hay más, y el caso de Shy Girl es realmente un síntoma de algo muy grave que está pasando en la industria.

 

Los escritores del futuro.

Porque vamos a ver, ¿cuál fue la tendencia más grande en el publishing anglo a nivel de negocio en todo el 2025? Publishers grandes que se meten a ver quién está vendiendo en el mundo “indie”, para ofrecerles un contrato de distribución y regalías. Hoy por hoy se está diciendo que, a diferencia del proceso histórico, que es que tú consigues a un agente y el agente pichea tu libro al mercado a cambio de un porcentaje, tú tienes más chance, más oportunidades de triunfar, si publicas por tu cuenta, creas público, generas ventas y ahí es que llegan las oportunidades. Esto no representa sino la reducción de los riesgos hasta el absurdo, porque si hay una cosa cobarde en este mundo es el dinero, seguido por la industria editorial. Todos esos rechazos que representan el pan de cada día no son sino publishers que se niegan a asumir el riesgo económico de salir al ruedo con tu obra. Esa es la razón de por qué tú vienes con una pata coja al no ser famoso (aunque seas famoso en tu país) y escribiste el mejor libro del planeta tierra, pero Paris Hilton tiene el contrato de publicación garantizado, porque ella es famosa y es un nombre reconocible y tú no.

 

¿Cuál es el problema de esto, si estamos hablando de un negocio y los negocios existen para generar dinero? Que hay gente que cree que publicar un libro con estas casas editoriales es como sale en las películas, que es como ese proceso de ensueño que Stephen King narra en sus memorias. Sepa usted que hoy en día, tu manuscrito no es tomado en cuenta si no vienes con un concepto interesante que además esté escrito y revisado a la perfección, tal cual como si estuvieses presentando un trabajo de tesis. El libro, cuando llega a manos del publisher, por no decir del agente, ya tiene que estar de publicarse, y el autor es quien se costeó la edición por su lado, pero además la publicidad y hasta la gira. ¿Sabes las famosas giras estas a las que mandan a escritores a librerías donde no los conoce nadie? Eso desde hace varios años sale del bolsillo del autor. Brandon Sanderson tiene un cuento buenísimo, de cómo él resolvió una gira en sus fines de semana del trabajo.

 

Plagio y sus tipos

Esta gente no es que no se arriesga, es que ya tampoco están haciendo las labores propias de la editorial. Yo estaba viendo ayer una entrevista a un gran alto ejecutivo de una de las cinco grandes, que no voy a decir quién es para no herir susceptibilidades porque es un tipo al que mucha gente le pica torta, y ese pana decía que la razón para publicar con ellos en vez de irse directamente con Amazon es que ellos te dan un avance, pagándote plata adelante para que tú puedas dedicarte a tu obra. “Nosotros te estamos financiando” dijo el señor. Luego dice que la otra razón es que editarte a ti mismo es muy difícil (cosa que es cierta), y que ellos tienen a los mejores editores, publicistas y chivos que más mean del negocio, y que todo eso iba a estar a tu disposición. Ese cuento de hadas suena muy bonito si tú no conoces el trascámaras y estás llegando con la mochila cargada de ilusiones. Mira: Los avances no se pagan, hoy por hoy, de un solo mamonazo. Los avances están directamente relacionados a la fe que el negocio tiene sobre tu obra (de manera que si a ti nadie te conoce, vas a tener un avance muy inferior al que recibe una estrella y que esto está también sujeto a cuánto vendió tu último libro, sin importar lo que publicaste hace diez años o en un mercado distinto en otro idioma). El avance se paga por partes, además. Una parte, por ejemplo, cuando firmas, otra al año cuando publicas, y otra seis meses después. Yo quiero que alguien me explique cómo tú sobrevives de esa plata como para dedicarte solamente a escribir tu obra.

 

Y sobre los grandes expertos, eso sería buenísimo si me pueden explicar también cómo es que uno tiene que presentarse entonces ya con la obra lista, con profesionales pagados por ti mismo mucho antes de que llegue a manos de esas luminarias.

 

No sé si están viendo lo que quiero ilustrar con esto; ante semejante escenario, mucha gente está optando por irse directamente con Amazon, que te da no el 100% de tus regalías, pero si te da algo así como el 94% (mientras que un publisher solamente te da regalías si tú vendes un monto superior al de tu avance, y a una tasa que no supera el 20%) y aquello en lo que las editoriales tradicionales seguían invencibles, que es la distribución de la obra en físico, está ya en duda ante empresas que están entrándole a ese campo de forma todavía experimental.

 

Uno se pregunta, ¿entonces para qué sirve hoy en día un publisher tradicional?

 

Esos grandes expertos de los que hablaba este nombresote, ¿dónde estaban cuando les llegó Shy Girl? Los mejores profesionales de la industria, ¿y no se dieron cuenta de que el libro estaba hecho con IA? ¿Cuánta gente tuvo que mirar hacia otro lado para que este escándalo ocurriera, y cómo es que esto solamente revienta cuando el NYT decide sacar el artículo?

 

Ahorita hay mucha gente haciendo leña con el árbol caído, pero yo creo que si bien Ballard “la cometió”, como decimos en mi país, aquí quien tiene la mayor parte de culpa es la editorial. Y ya no es Hachette sino todo el medio quien tiene que mirar hacia adentro y revisar qué coño de buenas prácticas están aplicando en un universo donde esto pasa y vaya usted a saber cuáles casos faltan por descubrir. El beta de la IA está feo, sí, pero también hay profesionales que se esconden detrás de eso para tratar de pasar agachados y maximizar las ventas descuidando elementos fundamentales del proceso. Esto está desnudando años de malas prácticas sobre las que la industria hizo mutis, con toda la intención.

 

Y yo me pregunto: ¿Esto se está hablando en las editoriales en castellano? ¿O es este otro escándalo esperando a ocurrir? Pregunto no con malicia, sino porque realmente no lo sé y agradecería si me dan ese dato. Por ejemplo en Venezuela, que no tiene industria y que quienes están dando la lucha son los verdaderos últimos mohicanos, pero donde sí se hace concursos, ¿qué se está haciendo para proteger a los procesos de estafadores con IA?

 

Esto importa y seguirá siendo un problema de mayor y mayor relevancia, porque la IA es una realidad que, hasta que descubramos como especie la forma de regularla en lo creativo, será un salvaje oeste. De esto seguiremos hablando por acá, y como dijo una IA más famosa que infame, I’ll be back…