viernes, 3 de abril de 2026

Historias Para No Dormir


 

Hay algo que no les he dicho y que es como importante:

 

¿Recuerdan cuando les dije que tengo un manuscrito de una novela que terminé?

 

Bueno. Tengo otro.

 

Es el mismo libro, pero lo reescribí. Entero.

 

El cuento es que cuando estaba revisando aquel manuscrito, me di cuenta de varios errores importantes en el acercamiento a la historia y cómo la estructura del libro dispersaba el tema principal que yo quería contar. De modo que lo reescribí. Easier said than done, I know, pero ahora este manuscrito, que terminé en febrero, es mucho más sólido y mejor contado que aquella primera versión.

 

Y bueno, aquí estamos hablando de ¿cuántos meses de trabajo? Sin meter la redacción del primer borrador, y el tiempo investigando y desarrollando al concepto y al universo. Años de trabajo. Ahora que estoy revisando ese manuscrito y considerando seriamente las rutas de publicación, hay algo que me aterra, me quita el sueño, pienso en eso cuando me acuesto en la noche.

 

Ve, cuando tú firmas un contrato de publicación con una editorial anglo, lo que estás negociando son dos cosas: Derechos de publicación y dinero. Es decir, quién tiene los derechos de sacar el libro, en dónde, hasta cuándo y cómo se reparte lo vendido. También hay provisiones para garantías e indemnizaciones, pero partiendo de que seas un peluche honesto, esto es terciario.

 

Cuando tú firmas ese contrato, tú conservas el copyright de la obra, el publisher está en la obligación de registrarlo a tu nombre, pero los derechos de explotación los conserva la editorial.

 

¿Qué significa esto? Que la editorial se reserva la capacidad de publicar en físico, digital y audio en los Estados Unidos y Canadá y, si tiene capacidad, de los derechos cedidos a terceros en otro idioma (ese “si tiene capacidad” es importante; tema para otro día).

 

Ya nos hemos preguntado para qué sirve una editorial tradicional, pero es que hay un temardo que nadie comenta y que todo el que se haya sentado a crear un universo multi-libros en su cabeza tiene que considerar, y es uuuuna razón más de por qué tanta gente está yéndose a publicar directamente con Amazon y plataformas similares. ¿Sabes que en el último post hablé de las malas prácticas en la industria?

 

La publicación de tu próximo libro depende de cómo vendió el que tienes ahorita, de forma que no es absurdo ver a tu libro actual como promoción del siguiente, pero si este libro que tienes ahora no vende, se cancela todo pero el publisher conserva los derechos.

 

¿Por qué? Me imagino que es porque si después de ese choque comercial, tú tienes éxito publicando independiente, entonces ellos ahora pueden lucrarse de tu nombre sacando la obra que sí tienen bajo su manto. See where I’m going to? Jefazo, tenemos más de dos años trabajando en este universo, en los personajes, es un manuscrito al que le has puesto sangre, sudor y lágrimas, y tienes ya las secuelas pensadas pero además otros libros en el mismo universo, y ¿qué pasa? Que ya cediste los derechos y no puedes publicar nada que tenga que ver con ese primer libro. Funciona tal cual como los derechos de las películas: la productora se reserva los derechos comerciales pero no la obligación de explotarlos.

 

O sea que, prácticamente, si la vaina no vende, que es algo que está fuera de tu control, se acabó todo. Tienes que olvidarte no sólo de la secuela que pensabas sino del universo completo, tienes que fumarte otra porque esto ya no lo puedes sacar ni siquiera por tu cuenta.

 

Esa vaina a mí me preocupa. Y me recuerda una senda frase que escuché en una de estas tantas charlas que uno ve sobre el tema: Si tú auto-publicas hoy, siempre tendrás la opción de optar a una editorial tradicional. Pero si entras primero por una editorial tradicional, no tendrás la opción de auto-publicar.

 

Es muy loco, porque hace 20 años la auto-publicación era visto como un fracaso profesional, la ruta para el inepto. Ahora no es auto-publicación, es “indie” y venden mejor que gente que se fue con una editorial, y además conservan todos los derechos y más del 90% de las regalías. Tú conservas el control creativo y comercial de la obra, y si te va bien, una editorial tradicional te llega con nuevas opciones—modelo de negocio que les sirve a ellos muy bien, porque no asumen el riesgo, no tienen que apostar en incertidumbre porque ya esa apuesta está pagando. Todo está hecho a propósito.

 

¿Y de qué te estás beneficiando entonces cuando publicas directo con una editorial?

 

“De que ellos distribuyen el libro en físico”. ¿Sabrán que ya van como dos años en que los eBooks superan en ventas a las copias físicas?

 

“De que ellos promocionan la obra”. Falso, ya lo sabemos.

 

“De que ellos diagraman la obra y la organizan para que, al imprimirla, se vea como debe ser”. Esto es algo que lo puedes contratar tú por tu cuenta (o aprenderlo).

 

Es un temardo del que nadie habla y muchas veces siento que acá soy que si el único bicho raro tocando vainas de la industria que es que son ineludibles cuando estás en el oficio, pero nos interesa a cinco personas en Latinoamérica.

 

And it keeps me up at night.

miércoles, 25 de marzo de 2026

Más Escandalosa que Tímida



Sabes, chico, que el otro día estaba viendo lo que está pasando con el libro de Mia Ballard, Shy Girl, y me dije a mí mismo, “mí mismo, ¿cuánta gente no estará viendo esta vaina ahorita y ligándola para que no trascienda y los arrastre también?”

 

Todos los peluches deshonestos que se hacen llamar escritores: Temblad.

 

"Dreamer" de Whyn Lewis

Este es uno de esos posts sobre libros y la industria que me interesan que si a mí y a tres personas más, pero es que el tema está bueno: Mia Ballard escribe un libro de terror psicológico y hace como está haciendo un gentío ahorita, que es que publican en Amazon, hacen sus ventas y una de las grandes editoriales les ofrece un contrato. El libro se reedita dándole distribución nacional en los Estados Unidos (en físico, porque digital ya tenía) y posibilidades de distribución en el exterior.

 

El tema está en que ya cuando el libro se publicó en Amazon, la gente vio la portada y empiezan los comentarios de que Ballard plagió esa imagen de una artista digital. Por eso es que tú tienes que ser muy honesto cuando sacas tu obra al público, a la gente en internet no se le escapa nada. A Ballard, se le pregunta por la portada en aquella oportunidad y ella responde que es que ella no se dio cuenta de si era un cuadro de otra artista porque agarró la imagen de Pinterest y la modificó luego con IA.

 

La portada de Ballard.

Ya ahí tienes una gran señal de alarma, eso es anti-ético y despreciado incluso en círculos de auto-publicación. Yo he hablado de esto antes, pero hay gente que cree los escritores son una gente que se pone sacos de estos que tienen parches de cuero en los codos, y beben martinis en un penthouse de Nueva York, una cosa así como la fantasía de la alta sociedad que tenía Homero Simpson. Sepa usted, amig@ que me lee, que los escritores exitosos y en la lucha no somos sino unos jornaleros siempre en busca de la chamba, tal cual como los músicos, los diseñadores gráficos, los actores y prácticamente todos los artistas. Por eso es que cuando una persona agarra arte de alguien más para lo que sea en su libro, es una ofensa a alguien que podrías ser tu mismo. Tú estás agarrando el trabajo de otra persona, sin pagar, y lo pones en un libro por el que estás cobrando. Que la respuesta de Mia Ballard haya sido “se me chispoteó” ya es algo que preocupa pero eso se barre bajo la alfombra, Mia se disculpa y sigue vendiendo, y como parece que vende bien, llega Hachette a ofrecerle un contrato.

 

Pero ojo, y ahí viene la otra; ya en este punto había gente haciendo ruido de que el libro era “AI Slop”, que es el término que reciben las obras de muy mala calidad hechas con inteligencia artificial. He leído a mucha gente preguntarse cómo tú reconoces eso, y siento que es difícil de saber si nunca lo has experimentado; las inteligencias artificiales no tienen estilo. El estilo, la voz del escritor, es quizá la herramienta más importante que tienes a mano porque es tu forma específica de narrar, de desarrollar una historia. Las IA son buenas imitando a un estilo por una página, pero muy malas sosteniendo eso por 250. Las IA tampoco tienen contexto histórico (o irónico) y son ineptas con las metáforas, pueden decir que el agua “estaba húmeda” o que, como pasó en este caso, todo era “Sharp”, afilado. Entonces el frío era afilado y la grama era afilada y los sentidos son afilados, y así…

 

Entonces, esto ya se hablaba bastante pero Hachette sigue pa’ alante, saca al libro en el Reino Unido y anuncia fecha de salida en EEUU. La portada sí se la cambiaron.

 

Y así siguen las cosas hasta que el New York Times investiga, concluye también que esto tiene que haber sido escrito con IA y redacta un artículo, pidiéndole a Hachette un comentario antes de publicación. En tu época y la mía, cuando una persona era deshonesta, buscaba una referencia medio oscura y plagiaba al texto, creyendo que nadie más conoce esa referencia, que nadie más va a llegar a tu fuente y a darse cuenta de que eres un ladrón. Hoy en día, la gente que quiere ser famosa llamándose a sí misma “escritor” sin escribir, recurren a los atajos con IA y Mia Ballard firmó un papel donde se atribuía la autoría única y original de la obra, Hachette aceptó eso at face value y tuvo que venir el New York Times a destapar la olla para que la editorial cancelara la publicación, señalando “grandes sospechas de uso de IA en el texto”.

 

Todo mal.

 

Mia termina confesando el crimen, pero a la chavista: Ella dice que al terminar el manuscrito, se mete en Reddit pidiéndole ayuda a un editor y que una persona que se hacía llamar editor se ofrece, hace el trabajo, cobra, y que esa persona fue la que usó IA; o sea que Mia es una víctima aquí, prácticamente.

 

Yo quiero aclarar que en el publishing anglo, un editor, aparte de corregir ortografía y gramática, corrige estilo. Sobre eso puedo hacer un post, porque eso lo he vivido como editor y como autor, pero para centrarnos en el tema, tú cuando haces una auto-publicación en Amazon (lo que llaman ahora “indie publishing”), eres el publisher. Ese es tu emprendimiento, como dicen en Venezuela. Lo que pasa es que Random House tiene a 8000 clientes y tú tienes a uno solo (tú), pero la labor es la misma. ¿Cómo es posible que a un publisher se haya escapado la portada y resulta que también puso el libro a la venta sin revisarlo?

 

Mire. Uno, que humildemente sabe cómo se bate el cobre y cómo uno contacta a editores, y cómo todo diseño gráfico debe hacerse por un humano que también tiene que aparecer en los créditos por un servicio que es pago, no me como el cuento del editor misterioso, porque un libro tiene que pasar por al menos cuatro revisiones antes de llegar a manos de una editorial. No me lo creo, no me la calo. Y tú puedes decir, “Bueno, pero ¿y este señor qué ha publicado para hablar con semejante propiedad?” Más allá del tema de que esto es algo que me ha apasionado toda la vida, justamente yo estoy metido ahorita en ese embrollo, en pleno proceso de revisión y cuidándome mucho de hacer las cosas bien porque el “publicar mal” existe, y para muestra un botón. Esto que yo estoy diciendo no es una experiencia exclusiva, toda persona que se haya metido en ese campo, en esa arena, puede dar fe de lo mismo.

 

Este cuento, queridos amigos, podría quedarse como una mera anécdota de esas tantas que uno ve en esta montaña rusa del mundo editorial, pero es que hay más, y el caso de Shy Girl es realmente un síntoma de algo muy grave que está pasando en la industria.

 

Los escritores del futuro.

Porque vamos a ver, ¿cuál fue la tendencia más grande en el publishing anglo a nivel de negocio en todo el 2025? Publishers grandes que se meten a ver quién está vendiendo en el mundo “indie”, para ofrecerles un contrato de distribución y regalías. Hoy por hoy se está diciendo que, a diferencia del proceso histórico, que es que tú consigues a un agente y el agente pichea tu libro al mercado a cambio de un porcentaje, tú tienes más chance, más oportunidades de triunfar, si publicas por tu cuenta, creas público, generas ventas y ahí es que llegan las oportunidades. Esto no representa sino la reducción de los riesgos hasta el absurdo, porque si hay una cosa cobarde en este mundo es el dinero, seguido por la industria editorial. Todos esos rechazos que representan el pan de cada día no son sino publishers que se niegan a asumir el riesgo económico de salir al ruedo con tu obra. Esa es la razón de por qué tú vienes con una pata coja al no ser famoso (aunque seas famoso en tu país) y escribiste el mejor libro del planeta tierra, pero Paris Hilton tiene el contrato de publicación garantizado, porque ella es famosa y es un nombre reconocible y tú no.

 

¿Cuál es el problema de esto, si estamos hablando de un negocio y los negocios existen para generar dinero? Que hay gente que cree que publicar un libro con estas casas editoriales es como sale en las películas, que es como ese proceso de ensueño que Stephen King narra en sus memorias. Sepa usted que hoy en día, tu manuscrito no es tomado en cuenta si no vienes con un concepto interesante que además esté escrito y revisado a la perfección, tal cual como si estuvieses presentando un trabajo de tesis. El libro, cuando llega a manos del publisher, por no decir del agente, ya tiene que estar de publicarse, y el autor es quien se costeó la edición por su lado, pero además la publicidad y hasta la gira. ¿Sabes las famosas giras estas a las que mandan a escritores a librerías donde no los conoce nadie? Eso desde hace varios años sale del bolsillo del autor. Brandon Sanderson tiene un cuento buenísimo, de cómo él resolvió una gira en sus fines de semana del trabajo.

 

Plagio y sus tipos

Esta gente no es que no se arriesga, es que ya tampoco están haciendo las labores propias de la editorial. Yo estaba viendo ayer una entrevista a un gran alto ejecutivo de una de las cinco grandes, que no voy a decir quién es para no herir susceptibilidades porque es un tipo al que mucha gente le pica torta, y ese pana decía que la razón para publicar con ellos en vez de irse directamente con Amazon es que ellos te dan un avance, pagándote plata adelante para que tú puedas dedicarte a tu obra. “Nosotros te estamos financiando” dijo el señor. Luego dice que la otra razón es que editarte a ti mismo es muy difícil (cosa que es cierta), y que ellos tienen a los mejores editores, publicistas y chivos que más mean del negocio, y que todo eso iba a estar a tu disposición. Ese cuento de hadas suena muy bonito si tú no conoces el trascámaras y estás llegando con la mochila cargada de ilusiones. Mira: Los avances no se pagan, hoy por hoy, de un solo mamonazo. Los avances están directamente relacionados a la fe que el negocio tiene sobre tu obra (de manera que si a ti nadie te conoce, vas a tener un avance muy inferior al que recibe una estrella y que esto está también sujeto a cuánto vendió tu último libro, sin importar lo que publicaste hace diez años o en un mercado distinto en otro idioma). El avance se paga por partes, además. Una parte, por ejemplo, cuando firmas, otra al año cuando publicas, y otra seis meses después. Yo quiero que alguien me explique cómo tú sobrevives de esa plata como para dedicarte solamente a escribir tu obra.

 

Y sobre los grandes expertos, eso sería buenísimo si me pueden explicar también cómo es que uno tiene que presentarse entonces ya con la obra lista, con profesionales pagados por ti mismo mucho antes de que llegue a manos de esas luminarias.

 

No sé si están viendo lo que quiero ilustrar con esto; ante semejante escenario, mucha gente está optando por irse directamente con Amazon, que te da no el 100% de tus regalías, pero si te da algo así como el 94% (mientras que un publisher solamente te da regalías si tú vendes un monto superior al de tu avance, y a una tasa que no supera el 20%) y aquello en lo que las editoriales tradicionales seguían invencibles, que es la distribución de la obra en físico, está ya en duda ante empresas que están entrándole a ese campo de forma todavía experimental.

 

Uno se pregunta, ¿entonces para qué sirve hoy en día un publisher tradicional?

 

Esos grandes expertos de los que hablaba este nombresote, ¿dónde estaban cuando les llegó Shy Girl? Los mejores profesionales de la industria, ¿y no se dieron cuenta de que el libro estaba hecho con IA? ¿Cuánta gente tuvo que mirar hacia otro lado para que este escándalo ocurriera, y cómo es que esto solamente revienta cuando el NYT decide sacar el artículo?

 

Ahorita hay mucha gente haciendo leña con el árbol caído, pero yo creo que si bien Ballard “la cometió”, como decimos en mi país, aquí quien tiene la mayor parte de culpa es la editorial. Y ya no es Hachette sino todo el medio quien tiene que mirar hacia adentro y revisar qué coño de buenas prácticas están aplicando en un universo donde esto pasa y vaya usted a saber cuáles casos faltan por descubrir. El beta de la IA está feo, sí, pero también hay profesionales que se esconden detrás de eso para tratar de pasar agachados y maximizar las ventas descuidando elementos fundamentales del proceso. Esto está desnudando años de malas prácticas sobre las que la industria hizo mutis, con toda la intención.

 

Y yo me pregunto: ¿Esto se está hablando en las editoriales en castellano? ¿O es este otro escándalo esperando a ocurrir? Pregunto no con malicia, sino porque realmente no lo sé y agradecería si me dan ese dato. Por ejemplo en Venezuela, que no tiene industria y que quienes están dando la lucha son los verdaderos últimos mohicanos, pero donde sí se hace concursos, ¿qué se está haciendo para proteger a los procesos de estafadores con IA?

 

Esto importa y seguirá siendo un problema de mayor y mayor relevancia, porque la IA es una realidad que, hasta que descubramos como especie la forma de regularla en lo creativo, será un salvaje oeste. De esto seguiremos hablando por acá, y como dijo una IA más famosa que infame, I’ll be back…