miércoles, 25 de marzo de 2026

Más Escandalosa que Tímida



Sabes, chico, que el otro día estaba viendo lo que está pasando con el libro de Mia Ballard, Shy Girl, y me dije a mí mismo, “mí mismo, ¿cuánta gente no estará viendo esta vaina ahorita y ligándola para que no trascienda y los arrastre también?”

 

Todos los peluches deshonestos que se hacen llamar escritores: Temblad.

 

"Dreamer" de Whyn Lewis

Este es uno de esos posts sobre libros y la industria que me interesan que si a mí y a tres personas más, pero es que el tema está bueno: Mia Ballard escribe un libro de terror psicológico y hace como está haciendo un gentío ahorita, que es que publican en Amazon, hacen sus ventas y una de las grandes editoriales les ofrece un contrato. El libro se reedita dándole distribución nacional en los Estados Unidos (en físico, porque digital ya tenía) y posibilidades de distribución en el exterior.

 

El tema está en que ya cuando el libro se publicó en Amazon, la gente vio la portada y empiezan los comentarios de que Ballard plagió esa imagen de una artista digital. Por eso es que tú tienes que ser muy honesto cuando sacas tu obra al público, a la gente en internet no se le escapa nada. A Ballard, se le pregunta por la portada en aquella oportunidad y ella responde que es que ella no se dio cuenta de si era un cuadro de otra artista porque agarró la imagen de Pinterest y la modificó luego con IA.

 

La portada de Ballard.

Ya ahí tienes una gran señal de alarma, eso es anti-ético y despreciado incluso en círculos de auto-publicación. Yo he hablado de esto antes, pero hay gente que cree los escritores son una gente que se pone sacos de estos que tienen parches de cuero en los codos, y beben martinis en un penthouse de Nueva York, una cosa así como la fantasía de la alta sociedad que tenía Homero Simpson. Sepa usted, amig@ que me lee, que los escritores exitosos y en la lucha no somos sino unos jornaleros siempre en busca de la chamba, tal cual como los músicos, los diseñadores gráficos, los actores y prácticamente todos los artistas. Por eso es que cuando una persona agarra arte de alguien más para lo que sea en su libro, es una ofensa a alguien que podrías ser tu mismo. Tú estás agarrando el trabajo de otra persona, sin pagar, y lo pones en un libro por el que estás cobrando. Que la respuesta de Mia Ballard haya sido “se me chispoteó” ya es algo que preocupa pero eso se barre bajo la alfombra, Mia se disculpa y sigue vendiendo, y como parece que vende bien, llega Hachette a ofrecerle un contrato.

 

Pero ojo, y ahí viene la otra; ya en este punto había gente haciendo ruido de que el libro era “AI Slop”, que es el término que reciben las obras de muy mala calidad hechas con inteligencia artificial. He leído a mucha gente preguntarse cómo tú reconoces eso, y siento que es difícil de saber si nunca lo has experimentado; las inteligencias artificiales no tienen estilo. El estilo, la voz del escritor, es quizá la herramienta más importante que tienes a mano porque es tu forma específica de narrar, de desarrollar una historia. Las IA son buenas imitando a un estilo por una página, pero muy malas sosteniendo eso por 250. Las IA tampoco tienen contexto histórico (o irónico) y son ineptas con las metáforas, pueden decir que el agua “estaba húmeda” o que, como pasó en este caso, todo era “Sharp”, afilado. Entonces el frío era afilado y la grama era afilada y los sentidos son afilados, y así…

 

Entonces, esto ya se hablaba bastante pero Hachette sigue pa’ alante, saca al libro en el Reino Unido y anuncia fecha de salida en EEUU. La portada sí se la cambiaron.

 

Y así siguen las cosas hasta que el New York Times investiga, concluye también que esto tiene que haber sido escrito con IA y redacta un artículo, pidiéndole a Hachette un comentario antes de publicación. En tu época y la mía, cuando una persona era deshonesta, buscaba una referencia medio oscura y plagiaba al texto, creyendo que nadie más conoce esa referencia, que nadie más va a llegar a tu fuente y a darse cuenta de que eres un ladrón. Hoy en día, la gente que quiere ser famosa llamándose a sí misma “escritor” sin escribir, recurren a los atajos con IA y Mia Ballard firmó un papel donde se atribuía la autoría única y original de la obra, Hachette aceptó eso at face value y tuvo que venir el New York Times a destapar la olla para que la editorial cancelara la publicación, señalando “grandes sospechas de uso de IA en el texto”.

 

Todo mal.

 

Mia termina confesando el crimen, pero a la chavista: Ella dice que al terminar el manuscrito, se mete en Reddit pidiéndole ayuda a un editor y que una persona que se hacía llamar editor se ofrece, hace el trabajo, cobra, y que esa persona fue la que usó IA; o sea que Mia es una víctima aquí, prácticamente.

 

Yo quiero aclarar que en el publishing anglo, un editor, aparte de corregir ortografía y gramática, corrige estilo. Sobre eso puedo hacer un post, porque eso lo he vivido como editor y como autor, pero para centrarnos en el tema, tú cuando haces una auto-publicación en Amazon (lo que llaman ahora “indie publishing”), eres el publisher. Ese es tu emprendimiento, como dicen en Venezuela. Lo que pasa es que Random House tiene a 8000 clientes y tú tienes a uno solo (tú), pero la labor es la misma. ¿Cómo es posible que a un publisher se haya escapado la portada y resulta que también puso el libro a la venta sin revisarlo?

 

Mire. Uno, que humildemente sabe cómo se bate el cobre y cómo uno contacta a editores, y cómo todo diseño gráfico debe hacerse por un humano que también tiene que aparecer en los créditos por un servicio que es pago, no me como el cuento del editor misterioso, porque un libro tiene que pasar por al menos cuatro revisiones antes de llegar a manos de una editorial. No me lo creo, no me la calo. Y tú puedes decir, “Bueno, pero ¿y este señor qué ha publicado para hablar con semejante propiedad?” Más allá del tema de que esto es algo que me ha apasionado toda la vida, justamente yo estoy metido ahorita en ese embrollo, en pleno proceso de revisión y cuidándome mucho de hacer las cosas bien porque el “publicar mal” existe, y para muestra un botón. Esto que yo estoy diciendo no es una experiencia exclusiva, toda persona que se haya metido en ese campo, en esa arena, puede dar fe de lo mismo.

 

Este cuento, queridos amigos, podría quedarse como una mera anécdota de esas tantas que uno ve en esta montaña rusa del mundo editorial, pero es que hay más, y el caso de Shy Girl es realmente un síntoma de algo muy grave que está pasando en la industria.

 

Los escritores del futuro.

Porque vamos a ver, ¿cuál fue la tendencia más grande en el publishing anglo a nivel de negocio en todo el 2025? Publishers grandes que se meten a ver quién está vendiendo en el mundo “indie”, para ofrecerles un contrato de distribución y regalías. Hoy por hoy se está diciendo que, a diferencia del proceso histórico, que es que tú consigues a un agente y el agente pichea tu libro al mercado a cambio de un porcentaje, tú tienes más chance, más oportunidades de triunfar, si publicas por tu cuenta, creas público, generas ventas y ahí es que llegan las oportunidades. Esto no representa sino la reducción de los riesgos hasta el absurdo, porque si hay una cosa cobarde en este mundo es el dinero, seguido por la industria editorial. Todos esos rechazos que representan el pan de cada día no son sino publishers que se niegan a asumir el riesgo económico de salir al ruedo con tu obra. Esa es la razón de por qué tú vienes con una pata coja al no ser famoso (aunque seas famoso en tu país) y escribiste el mejor libro del planeta tierra, pero Paris Hilton tiene el contrato de publicación garantizado, porque ella es famosa y es un nombre reconocible y tú no.

 

¿Cuál es el problema de esto, si estamos hablando de un negocio y los negocios existen para generar dinero? Que hay gente que cree que publicar un libro con estas casas editoriales es como sale en las películas, que es como ese proceso de ensueño que Stephen King narra en sus memorias. Sepa usted que hoy en día, tu manuscrito no es tomado en cuenta si no vienes con un concepto interesante que además esté escrito y revisado a la perfección, tal cual como si estuvieses presentando un trabajo de tesis. El libro, cuando llega a manos del publisher, por no decir del agente, ya tiene que estar de publicarse, y el autor es quien se costeó la edición por su lado, pero además la publicidad y hasta la gira. ¿Sabes las famosas giras estas a las que mandan a escritores a librerías donde no los conoce nadie? Eso desde hace varios años sale del bolsillo del autor. Brandon Sanderson tiene un cuento buenísimo, de cómo él resolvió una gira en sus fines de semana del trabajo.

 

Plagio y sus tipos

Esta gente no es que no se arriesga, es que ya tampoco están haciendo las labores propias de la editorial. Yo estaba viendo ayer una entrevista a un gran alto ejecutivo de una de las cinco grandes, que no voy a decir quién es para no herir susceptibilidades porque es un tipo al que mucha gente le pica torta, y ese pana decía que la razón para publicar con ellos en vez de irse directamente con Amazon es que ellos te dan un avance, pagándote plata adelante para que tú puedas dedicarte a tu obra. “Nosotros te estamos financiando” dijo el señor. Luego dice que la otra razón es que editarte a ti mismo es muy difícil (cosa que es cierta), y que ellos tienen a los mejores editores, publicistas y chivos que más mean del negocio, y que todo eso iba a estar a tu disposición. Ese cuento de hadas suena muy bonito si tú no conoces el trascámaras y estás llegando con la mochila cargada de ilusiones. Mira: Los avances no se pagan, hoy por hoy, de un solo mamonazo. Los avances están directamente relacionados a la fe que el negocio tiene sobre tu obra (de manera que si a ti nadie te conoce, vas a tener un avance muy inferior al que recibe una estrella y que esto está también sujeto a cuánto vendió tu último libro, sin importar lo que publicaste hace diez años o en un mercado distinto en otro idioma). El avance se paga por partes, además. Una parte, por ejemplo, cuando firmas, otra al año cuando publicas, y otra seis meses después. Yo quiero que alguien me explique cómo tú sobrevives de esa plata como para dedicarte solamente a escribir tu obra.

 

Y sobre los grandes expertos, eso sería buenísimo si me pueden explicar también cómo es que uno tiene que presentarse entonces ya con la obra lista, con profesionales pagados por ti mismo mucho antes de que llegue a manos de esas luminarias.

 

No sé si están viendo lo que quiero ilustrar con esto; ante semejante escenario, mucha gente está optando por irse directamente con Amazon, que te da no el 100% de tus regalías, pero si te da algo así como el 94% (mientras que un publisher solamente te da regalías si tú vendes un monto superior al de tu avance, y a una tasa que no supera el 20%) y aquello en lo que las editoriales tradicionales seguían invencibles, que es la distribución de la obra en físico, está ya en duda ante empresas que están entrándole a ese campo de forma todavía experimental.

 

Uno se pregunta, ¿entonces para qué sirve hoy en día un publisher tradicional?

 

Esos grandes expertos de los que hablaba este nombresote, ¿dónde estaban cuando les llegó Shy Girl? Los mejores profesionales de la industria, ¿y no se dieron cuenta de que el libro estaba hecho con IA? ¿Cuánta gente tuvo que mirar hacia otro lado para que este escándalo ocurriera, y cómo es que esto solamente revienta cuando el NYT decide sacar el artículo?

 

Ahorita hay mucha gente haciendo leña con el árbol caído, incluyendo este servidor, pero yo creo que si bien Ballard “la cometió”, como decimos en mi país, aquí quien tiene la mayor parte de culpa es la editorial. Y ya no es Hachette sino todo el medio quien tiene que mirar hacia adentro y revisar qué coño de buenas prácticas están aplicando en un universo donde esto pasa y vaya usted a saber cuáles casos faltan por descubrir. El beta de la IA está feo, sí, pero también hay profesionales que se esconden detrás de eso para tratar de pasar agachados y maximizar las ventas descuidando elementos fundamentales del proceso. Esto está desnudando años de malas prácticas sobre las que la industria hizo mutis, con toda la intención.

 

Y yo me pregunto: ¿Esto se está hablando en las editoriales en castellano? ¿O es este otro escándalo esperando a ocurrir? Pregunto no con malicia, sino porque realmente no lo sé y agradecería si me dan ese dato. Por ejemplo en Venezuela, que no tiene industria y que quienes están dando la lucha son los verdaderos últimos mohicanos, pero donde sí se hace concursos, ¿qué se está haciendo para proteger a los procesos de estafadores con IA?

 

Esto importa y seguirá siendo un problema de mayor y mayor relevancia, porque la IA es una realidad que, hasta que descubramos como especie la forma de regularla en lo creativo, será un salvaje oeste. De esto seguiremos hablando por acá, y como dijo una IA más famosa que infame, I’ll be back…

martes, 4 de noviembre de 2025

Este Año No Hay Matanza (pero sí hay Gato Negro)


Muchachones, buenas noticias: Ayer me enteré de que quedé finalista en el concurso de cuentos de terror de Gato Negro, que si no lo conoces, te cuento que es una (si no es que es “la”) de las movidas literarias venezolanas más activas e interesantes de la actualidad. Está integrada por nuevas voces de nuestra narrativa, emanadas de diversas universidades, y pues están echándoles bolas para mantener viva nuestra literatura actual en este contexto re-híper-mega hostil. Me recuerdan mucho a la propuesta que tuve hace tanto tiempo con los muchachos de Letras a Litros, pero Gato Negro fue más allá porque ha ido involucrando a la gente.

 

El máximo galardón del concurso lo obtuvo Neysarai Paz con su cuento El cuento de la mariposa, y junto a mí como finalista quedaron también Luis Perdomo (por Caza de conejos), Andrea Santana (por Sanguijuelas), Saúl García (por Ritual a veinticuatro cuadros por segundo) y Felipe Ezeiza (por Bosque en el espejo, excelente título). Joseph Figueroa ganó el concurso de ilustración.

 

Mi historia se llama Este año no hay matanza, es un tributo al cine slasher en clave de humor—sabes que el terror y el humor son primos—narrado por el asesino. Lo escribí oyendo esto…

 


…pero si me tocara ponerle soundtrack, sería este:

 


No les muestro el cuento por acá, pero les estaré avisando dónde pueden leerlo.

 

Así que bueno, enhorabuena a la ganadora y demás finalistas, y my tip of the hat a todos los participantes.

martes, 2 de septiembre de 2025

Este Post es 100% Orgánico


El otro día, leyendo de las locuritas del publishing, encontré un post de Gabino Iglesias sobre un tema que lo tiene desanimado, y es que a cualquiera; Para quien no le conozca, Gabino es un latino que escribe en inglés y no sólo es que tiene obra publicada con publishers mainstream, es que el man forma parte de esa nueva camada de la literatura de terror que incluye a Josh Malerman, a Paul Tremblay, a Adam Cesare y a Gwendolyn Kiste. Su novela más famosa, The Devil Takes You Home, ganó el premio Stoker del 2022 por mejor novela, el premio más prestigioso de la literatura de sustos en la actualidad. Gabino tiene lectoría y escribe en columnas, hace reseñas, está en el mamey.

 

Y bueno, el pana comentaba que este año ha sido complicado porque su siguiente novela, House of Bone and Rain, fue muy bien recibida por la crítica, fue también nominada al Stoker, pero vendió menos que su antecesora. En consecuencia, Gabino perdió el contrato que tenía con su publisher y es, actualmente, un “agente libre” como quien dice. La próxima vez que escriba una novela, tiene que hacer el proceso de venta de los derechos a una editorial desde cero, sin que haya ya alguien esperando por poner ese libro en el mercado.

 

Eso es algo que yo siento que el público en general no entiende sobre la vida del escritor moderno, y sobre esto hay una película buenísima con Charlize Theron llamada Young Adult; La gente cree que tú coronas un libro con un publisher (léase, casa editorial), grande o pequeño, y ya lo que te viene es entrevistas con el New York Times, cocteles de camarón en un penthouse lujoso, y consultas de la Warner Bros. para que les digas a quién ves protagonizando la película. Verbigracia, la gente cree que todos los escritores publicados son Stephen King o JK Rowling.

 

La realidad es que la vasta, vastísima mayoría de los escritores somos una gente que funciona como unos permanentes freelancers. Todo el mundo tiene el llamado “trabajo diurno”, que muchas veces no tiene nada qué ver con literatura, pero que paga las cuentas. Mucha gente escribe ficción (o no) a nombre de otra persona o empresa (el ghost-writing), y mucha gente ya dio el paso a la publicación independiente y sacan sus libros directamente con el Kindle Direct Publishing. Mucha gente que incluso la pegó y salió en la lista de los más vendidos del antedicho Times, cuenta en sus redes que ellos realmente viven en la casa de siempre, que con la plata que se ganaron del libro compraron otra computadora o se arreglaron los dientes, y ciertamente aquí no hay nadie comprando una mansión en Escocia.

 

La razón está en que si bien hubo una época en la que un escritor recibía unos avances de publicación bien generosos y las fiestas de lanzamiento de la novela eran en Manhattan, eso se acabó a principios de los 90’. La industria moderna existe en una carrera perpetua por ver quién será el siguiente gran hit, montándose en una ola que nadie sabe cuál será hasta que las mismas ventas lo revelen, y donde tu acceso al mercado tradicional, con obra publicada y en los mostradores de Books-a-Millions, no garantiza que el día de mañana seguirás siendo publicado. Esto no es un club, pues, donde una vez eres aceptado, serás aceptado para siempre y formas parte de un Olimpo donde puedes mirar hacia abajo a aquellos mortales que tienen que arar bien arados esos campos a ver si venden cinco ejemplares. Aquí todos, salvo una muy privilegiada minoría, somos jornaleros, contratistas independientes con un libro que esperamos que venda para ver si el siguiente vende también y entonces así estar más o menos estables en un medio caracterizado por su inestabilidad. En Hollywood dicen que tú eres tan bueno como tu más reciente película. Aquí eres tan bueno como las ventas de tu más reciente obra y cada proyecto nuevo es empezar de cero ese proceso editorial de ver si tu agente logra que alguna editorial apueste por ti.

 

*        *        *

 

Hoy, lunes primero de septiembre de 2025, expulsaron a una gente de Dragon Con, quizá la convención geek más grande del planeta (poniendo de lado a convenciones más corporativas como la de San Diego), por el pecado capital de vender arte generado por inteligencia artificial. Parece que los peluches en cuestión burlaron todos los filtros y montaron su stand ahí con sus afiches y sus cosas, vendiendo algo que pudiste haber hecho tú o yo con ChatGPT.

 

La policía fue a ayudar con
el desalojo.

Esa conversación, que está encendida ahorita, ya se desvió a un tema que nos es mucho más pertinente, y es el gentío que está usando a estos programas para generar cuentos y novelas a los que ellos firman y venden como propios. Hay de todo, en realidad, gente que se mete en Gemini o en Copilot y les dice que “yo quiero que tú me generes una novela de fantasía donde los personajes sean mesoamericanos, haya magia y un ligero tinte de terror, y donde la protagonista tenga un triángulo amoroso con un noble guerrero y con su rival, un hombre-jaguar. Escríbelo en el estilo de Sanderson”; Gente que entra con un par de capítulos escritos y quiere que la IA les haga el resto, gente que deja que la IA les haga la trama de la novela para ellos escribirla después y gente que escribe de la mano con la inteligencia artificial, como si fuera una autoría doble.

 

Los resultados de todo eso suelen delatarse a sí mismos porque la IA tiende a seguir los mismos patrones al escribir, porque no es capaz de reconocer el contexto de lo que está haciendo y porque la gente que la está usando carece de la pericia para reconocer cuándo el trabajo producido es mediocre. Cualquiera que se haya puesto a conversar con Gemini sabe que estos programas son mucho más imprecisos que la Wikipedia en español—hace como dos meses estaba fregando platos y tratando de entretenerme en una conversa con Copilot sobre asesinos en serie porque, pues, soy yo, y el programa me ha lanzado una lírica de que por todos esos crímenes, Jeffrey Dahmer vive en cadena perpetua (contexto: Dahmer no duró un año vivo entre la población general del penal). Hace un tiempo escuché, no recuerdo dónde, que el verdadero artista es una persona que tiene que tener calle, tiene que tener burdel, tiene que haberse dado carajazos con una tarima, con un público, con un jurado, y que de esa experiencia es que sale aquello que le ayudará a mejorar su propia destreza. Eso es totalmente cierto, y a la IA, sencillamente, le falta calle.

 

Pero eso le rebota a los entusiastas de los atajos. Es una gente que usa IA para meterle un artículo a una revista sin darse cuenta de que el artículo tiene hechos ficticios (eso sucedió en verdad) y escriben libros que publican por KDP, y el texto tiene notas del mal llamado “autor” donde la narrativa se interrumpe para decir “esto lo reescribí para que se ajuste con el estilo de narración del protagonista, que es más tenso y emotivo”, como le pasó a Lena McDonald, quien después admitió que sí, usó IA, pero solamente para corregir. Esta es la razón de por qué Amazon ha limitado el tiempo en el que tú puedes publicar con ellos, porque había un pocotón de peluches sacando libros que hicieron con IA a razón de uno semanal, ritmo imposible en un autor “orgánico”.

 

El caso de McDonald es interesante porque, después de pillada, ella sacó una disculpa pública que es típica de quien usa IA con fines artísticos. De entrada que a mí me parece repudiable que toda esa gente reconoce que usó inteligencia artificial después de que los descubren, eso te pone a pensar sobre quien anda por ahí pasando agachado. Pero es que además, mírame esto, McDonald dice que la escritura es una pasión que ha perseguido desde hace mucho tiempo y que, “como madre y maestra a tiempo completo, sencillamente no me puedo costear un editor profesional, y me fui con la IA para refinar mi texto.” Eso no es lo que se desprende de cuando tú lees el fragmento—aquí lo que parece es que sencillamente esa nota no es de ella sino de Copilot, explicándole qué fue lo que hizo, y la “autora” pegó y copió todo el texto sin tomarse el respeto consigo misma y con su público de revisar esa vaina. Huelga decir que un editor humano, un corrector, un beta reader, habría detectado este tipo de cosas. Pero ese victimismo, esa excusa, es inaceptable cuando aquí todos-toditos-todos tenemos también trabajos a tiempo completo y responsabilidades qué enfrentar, y todos tenemos que laburar bien duro para pagarle a un editor y a un corrector profesional, y luego a un ilustrador que haga el arte (en caso de que seas independiente), y que eso mismo se replica en quien hace cine, música, poesía o pintura a la antigüita. Tú no eres especial ni más sacrificado porque te acuestas a las diez de la noche escribiendo después de llegar del trabajo. Eso lo hacemos todos.

 

Pero aquí pareciera que nadamos contracorriente. Tú te metes en cualquier post en redes que hable de este tema y lo que sobra es gente diciendo que esto que está pasando es buenísimo porque “ha democratizado” al arte y ahora cualquiera puede ser novelista. Que “yo no escribo el libro, pero dejo que Copilot me ayude a guiar la trama”. Son cosas que dice alguien que, siento yo, quiere perseguir ese espejismo del que hablé en el acápite de este post. Esto es igualito a quien plagia un texto—la escritura con IA es el primo del plagio, porque a fin de cuentas eso no lo escribiste tú. Es una persona que quiere ver su nombre publicado en alguna parte porque quiere decir que es escritor, que le han publicado aquí y allá, y que vende en Amazon. Es gente que quiere llegar al tesoro sin haberle echado mano a la pala. No es artista porque tú no eres artesano de nada, tú te sentaste frente al computador y le diste a un programa una serie de direcciones sobre lo que querías, pero que tú mismo eres incapaz de producir.

 

Los problemas de esto para quien quiera ser escritor con honestidad son enormes. Definir una trama es parte de la habilidad de un escritor. Empezar una historia, desarrollarla y terminarla son habilidades diferentes, cada uno de esos pasos. La voz de los personajes, hacer eso que hace Irvine Welsh de que su libro lo narran cinco personajes diferentes y cada uno suena totalmente distinto a los demás, eso es una habilidad. Y desarrollar todas estas cosas que estoy diciendo toma muchísimo tiempo y trancazos contra la pared, pero es así como se aprende y es la única forma, eso es como cuando tú quieres tocar la guitarra; no hay sustituto para sentarte a tocar el instrumento. Si tú dejas que una computadora haga estas cosas por ti, podrás llamarte a ti mismo “escritor” después, pero estás comparativamente lisiado ante quien sí lo hace solo.

 

No sé si me estoy explicando, porque yo he conversado esto con gente y hay quien me señala de elitista. Mano, yo estoy claro que escribir es estresante. Hay gente que se sienta a escribir y se ríe y disfruta, y canta. No es mi caso y sospecho que eso está relacionado con mi bajo output de material allá afuera; una vez leí a alguien que decía que para ellos escribir era como estar en la silla del dentista y, mira, sí, especialmente si lo que estoy escribiendo está cargado de lenguaje técnico—porque a ese lenguaje hay que irlo presentando de forma que sea ameno de leer. Entonces esto que estoy diciendo no proviene de alguien que niega la ansiedad que da escribir, yo la entiendo y estamos en el mismo barco.

 

¿Por qué lo hago entonces? Porque hay algo que ocurre cuando tú estás escribiendo que es como entrar en trance, y la trama sale prácticamente sola y terminas descubriendo cosas de tu propia obra que tú no sabías que iban a pasar cuando te sentaste a esa sesión, y cuando esa vaina pasa es honestamente una de las cosas más satisfactorias que yo he sentido en la vida. Escribir es tenso, pero haber escrito es post-orgásmico. Es una sensación de bienestar de haber tenido la escena en la mente y haberla plasmado de modo que a ti mismo te sorprende. No voy a decir que esto pasa siempre, hay sesiones que te sientas y llevas 600 palabras y eso ha sido un parto de mediocridad, pero cuando le das a ese sweet spot, es por eso que uno hace lo que hace. Hace unos días vi a un gurú de estos de la IA diciendo que “a nadie le gusta hacer arte porque tienes que aprender cosas y pasar mucho tiempo”. Si eso es lo que tú sientes también, entonces no hagas arte, métete a productor. A inversionista. Si tú quieres escribir y te quieres saltar la parte que te desarrolla como escritor, esto no es lo tuyo, tu propio espíritu te lo está diciendo.

 

Y no lo hagas por la plata o por la fama, acuérdate de cómo empezamos este post, hoy en día nadie está forrándose en billete haciendo literatura. Realmente nadie lo ha hecho nunca, esa es una creencia que sólo puedes tener si no te has puesto a investigar bien, pero el punto es que hay maneras mucho más fáciles de hacerse famoso.

 

*        *        *

 

La IA está aquí para quedarse en las artes, por lo menos por un tiempo. Cada dos videos que me meto a ver en YouTube me sale una publicidad atorrantísima de un imbécil diciéndome que me estoy quedando en el pasado si no uso IA. Me acuerda el puje que había con los NFTs, de los que nadie se acuerda hoy (“¡la inversión del futuro!”). La IA ciertamente tiene usos que son legitimísimos, y algunos de esos pueden contribuir a tu desempeño como escritor, como pedirle a ChatGPT que te recomiende una serie de libros para investigar sobre un tema (investigar tú). Pero la verdad más verdaíta es que ahorita estamos en un boom de gente que quiere comerse el postre sin tocar el almuerzo, que se autodenomina “escritor” y que carece de las herramientas para reconocer por qué su pobre trabajo es rechazado por el filtro más básico. Al arte generado por IA le están llamado “AI Slop”, algo así como “bazofia de IA” por los pobres resultados que estas máquinas producen, y yo me temo que tendremos que pasar unos cuantos años de este slop para que a la gente se le olvide y pasen al siguiente juguete. Esto generará daños para los legítimos, porque si tú quieres publicar con KDP por la razón que sea, te tocará competir con el maremoto de slop, y esto es si tenemos suerte y la industria no se monta en la ola de la sinvergüenzura.

 

Que no creo, pero este es el divertido mundo del publishing, donde nada puede malir sal.


martes, 12 de agosto de 2025

La "Guerra Cultural"


He estado leyendo últimamente sobre una de mis obsesiones, la guerra de Vietnam—el que tenga interés en lo bélico y no le haya metido, le da la espalda al segundo conflicto más fascinante del siglo XX—y, viendo todo el descalabro social que iba en aumento en los años 60’, que reventó en el 68’ pero que sentiría hasta 1973, me vino a la mente el concepto moderno de “guerra cultural”.

 

Ese período presidencial que LBJ arranca en 1963 abre nada más y nada menos que con el asesinato de un presidente, Kennedy. Nuestro hemisferio venía de una época de crecimiento sostenido y estabilidad con los años 50’, imposible adivinar lo que se venía. La guerra arranca oficialmente en 1965, año en el que también es asesinado Malcolm X, activista por los Derechos Humanos y las libertades civiles. Los 60’ en general fueron una época donde se consideraba que tú podías resolver un altercado político matando a la otra persona. El rock and roll que ya se veía atrevido con Elvis meneando la cintura, se convierte en una verdadera fuerza contra-cultural, primero con los Beatles pero luego con bandas más agresivas y con un contenido político más pesado, muchas de las cuales tomarán directamente al tema de Vietnam con rechazo. Es la década de la mini-falda y una generación de mujeres que dicen, por primera vez (de esa manera), que ellas no son apéndice del hombre, que tienen el derecho a controlar su futuro sexual y reproductivo y que si no les da la gana ponerse sostén, pues no se lo ponen.

 

La recluta, que se supone que va para todos los jovencitos americanos en edad de matar (pero no de votar), tiene privilegios: Tú podías obtener un diferimiento si demostrabas que estabas empleado en una vaina calificada o si estabas en la universidad, es decir que la recluta, esa supuesta lotería que mandó a una generación a la trituradora de Vietnam, se afincó especialmente en chamos pobres y principalmente negros. Martin Luther King dijo, con dos bolas, que qué bonito es que los jóvenes de color de los Estados Unidos tenían que ir al sureste asiático a defender libertades que ellos mismos no tendrían en el sur de Georgia. De la mano con esto, el atleta más famoso de la década, Muhammad Ali, sería objeto de esta recluta a la que se negaría, diciendo ante los medios que el enemigo suyo no era ningún Viet Cong sino los opresores blancos que lo jodían en su país y que no tenía sentido ir a arriesgar el pellejo cuando ningún comunista lo había llamado a él nigger.

 

Se desata una ola de protestas contra la guerra, que era realmente una ola de protestas contra el establishment. Manifestaciones importantes fueron lideradas por Martin Luther King, hasta que lo asesinaron en 1968—y dos meses después, el candidato demócrata que estaba casi en la Casa Blanca, Bobby Kennedy, es asesinado también. Los soldados que llegaban del frente venían súper desilusionados y le decían a la televisión que el gobierno mentía, que fueron a la guerra para nada y que todas estas medallas no tenían ningún valor. Estas manifestaciones pacifistas se replican en todo el mundo.

 

Se radicalizan los movimientos políticos y raciales, estos últimos con los Black Panthers (principal pero no únicamente), teniendo su expresión más extrema en el Ejército Simbionista de Liberación, que mataba gente y secuestraría en 1974 a la heredera millonaria Patty Hearst y la pondría a robar bancos. No hubo ciudad grande en la unión que no se volviera terreno de enardecidas protestas, muchas veces con la guardia nacional tomando la calle y llevándose gente presa sin ton ni son. Desde Chicago y Detroit hasta los disturbios de Watts en la costa oeste, la meta era prender al país en candela. Las universidades parecen santuario seguro de protesta hasta que en 1970 la guardia nacional agarra a tiros a una manifestación en Kent State, Ohio, matando a cuatro estudiantes e hiriendo a nueve. No sería el único evento de armas en una universidad.

 

En 1969 se descubre que el año anterior, un grupo de soldados americanos, supuestos defensores de la libertad y la justicia, masacraron a todo un pueblo llamado My Lai. Se habla abiertamente de que la guerra se perdió. En 1967, The Velvet Underground saca la canción Heroin, y ese reventón tendrá su apogeo en Woodstock, también en el 69’, año en el que Sharon Tate es asesinada por un culto de hippies diabólicos.

 

En 1974, el presidente de los Estados Unidos renuncia a su cargo al enfrentarse a la realidad (que era un bandido) y en 1975 cae Saigón.

 

Todo esto es muy a vuelo de pájaro. Pasaron otras cosas, pero esto es lo que me viene a la mente ahorita.

 

Y uno ve todo eso y lo contrasta con quienes dicen ahora que hay “una guerra cultural”, con la osadía propia del ignorante, porque hubo una cosa llamada Black Lives Matter y una gente quería cambiarse el género. Un bando dice que como esta serie de televisión no tiene suficientes actores de color, hay que boicotearla y acosar a los productores y asegurarse de que no vuelvan a trabajar más nunca en la vida, que paguen por sus pecados para siempre. El otro bando dice que como esta serie de Disney tiene muchas mujeres y actores de color, hay que boicotearla y acosar a los actores y productores, hasta que paren en la indigencia.

 

Lo mismo con las películas, lo mismo con los video juegos y lo que tú te imagines. Es, básicamente, una pelea de internet, sobre la que predica gente que vive conectada todos los días, con prácticamente ningún efecto en tu vida real. Y todo está enfocado en la cultura pop, es una pelea para controlar series de televisión que no me gustan y perseguir a gente que me cae mal por cómo se ve y cómo habla. Tienen el atrevimiento de decir que esto es el acabose, lo más bajo que hemos caído como cultura. La guerra cultural empieza con las películas y terminará en tu casa, una cosa que estoy escuchando desde algo así como el 2016 y que, en diez años, no termina de darse.

 

No, the western world isn’t ending; you’re just too ignorant to tell.

domingo, 3 de agosto de 2025

Vampires Suck!

Pregunta: ¿Existe la película de vampiros que asuste?

EC —Instagram.

 

Sí, pero antes de responder eso me excuso porque mi idea es una columna semanal y la verdad es que entre el trabajo y mis labores literarias personales, hermano mío, time is short.

 

Vamos con los muertos vivos: Esa pregunta que EC hace existe desde que nuestro querido Bela andaba seduciendo señoritas con su capa, su medalla y su acento extranjero; a decir verdad, esto está en el corazón del arquetipo del vampiro desde su génesis. ¿Cuál es el subtexto de Drácula? Que en la Londres victoriana todo el mundo es gente decente y las mujeres son muy formales y bien portadas, hasta que llega un extranjero a seducirlas con un beso que las vuelve locas. Solución: Los rectos señoritos deben cazar a este pervertido transilvano (y sus tres esposas pelvelsas).

 

Es difícil, pues, un vampiro que seduzca señoritas y que luzca como los mostrencos grotescos de From Dusk Till Dawn. Ya antes de Drácula hubo dos vampiros repulsivos: El famoso Conde Orlok, interpretado por Max Schreck en Nosferatu, y el tremebundo Profesor de London After Midnight, hecho por Lon Chaney en quizá la película perdida más famosa que hay. No sabemos a ciencia cierta qué tan aterradores resultaron a las audiencias contemporáneas, pero pocos años después, cuando Lugosi se puso la capa, ya estaba bien firme en la consciencia popular que los colmillos del vampiro entran realmente por los ojos y el corazón.

 

Supuestamente cuando el rol cayó en manos de Christopher Lee, esto cambió porque el Drácula de Hammer, bajo la dirección de Terrence Fisher, es un personaje más siniestro. Sus pasos no suenan y aunque es muy educado cuando nos habla por primera vez, a lo que se le cruza el apellido se le inyectan los ojos de sangre y toma un lenguaje corporal propio de un lobo. Se supone, amigo mío, se supone que cuando estrena en los años 1950s, la gente se asustaba porque la peli era además gótica y tenía sangre en technicolor.

 

Otra cosa que tenía era escotes interesantísimos. Y let’s face it, Christopher Lee was a hot piece of ass in his time. Alto, oscuro y misterioso, y además con dinero, con sangre azul (fuera de chiste), no sorprende que el tipo pronto tuviera chorropotocientas fans preguntándole en cartas si es verdad que el vampiro chupa.

 

Aquí donde estoy, y echando memoria, creo que el vampiro más “espuki” que me viene a la mente es, otra vez, Nosferatu pero esta vez en la piel de Klaus Kinski—pero eso es porque Klaus Kinski was a scary motherfucker himself—y para que veas cómo son las cosas, en ese mismo año en que Herzog dirige la nueva versión del vampiro alemán, tenemos a Frank Langella como un Drácula romántico y seductor.

 

La cosa no se pondrá tenebrosa sino hasta los 80’, con dos pelis en particular. Primero, The Hunger, en 1983, donde los hematófagos principales son Catherine Deneuve y David Bowie, two of the fucking sexiest people ever. La peli abre con una secuencia que servirá de inspiración para 90 libros de Vampiro, La Mascarada (y con música de Bauhaus, no less) en un vampireo delicioso, perfecto y violento. El resto de la película se disuelve in some arthouse stuff, pero al menos aquí ya hay un par de vampiros con quienes no quieres irte a casa.

 

Hay un aspecto muy interesante del vampirismo que aparece justamente en la tercera edición de Vampiro, la Mascarada (que incluso si no te gustan los juegos de rol, sigue siendo una excelente obra de referencia sobre los no-muertos) que explica cómo debe ser la realidad de una persona que debe vivir de noche y alimentarse de sus congéneres para vivir. El libro detalla que el vampirismo es realmente una puerta hacia la degeneración donde entre más tiempo ha vivido la persona, más separado se siente de todo lo que le volvía mortal. Algo así como el Doctor Manhattan pero con Depeche Mode de fondo.

 

Hay una peli que refleja eso: Mi favorita del tema y la ópera prima de Kathryn Bigelow, Near Dark.

 

Si tú te pones a ver, aquí están todos los elementos para una peli vampírica adolescente regular. Nuestro prota, un Adrian Pasdar con ojos de venadito perdido, se consigue con una linda rubia en esas eternas carreteras americanas donde lo que sobra son los camiones y estaciones de gasolina. Pasdar, que en la peli se llama Caleb, no sabe que esta chica de quien se ha enamorado es una vampira, que ahora le ha pasado la maldición y lo integra a su grupo de viajeros de la noche, mientras su familia hace la lucha por salvarlo y traerlo al mundo de los vivos.

 

Ese es el mismo argumento de The Lost Boys, que estrenó también en 1987 y es mucho más popular que mi consentida. La dirige Joel Schumacher, protagoniza Jason Patrick (también con ojos de venado perdido), la vampira sensual es Jami Gertz y en la banda de vampiros está Kiefer Sutherland. Salvándole la vida a Patrick tienes a los dos Corey (Feldman y Haim), una vaina invencible en la taquilla de ese año.

 

Pero mientras Boys es una buena peli para la generación MTV, Near Dark es oscura y violenta. La banda de vampiros, liderada por Lance Henriksen y con Bill Paxton y Jenette Goldstein a la cabeza, no van pendientes de enamorar a la audiencia, lo de ellos es la sangre y la van a obtener como sea. Infame es la escena en que pretenden volver un cazador al joven Caleb, metiéndolo en un bar de mala muerte del que nadie saldrá con vida. Acá no hay extranjeros con acentos seductores ni un sexy Kiefer picándole el ojo a la pantalla: La crueldad de estos vampiros es inhumana y realmente impresiona sobre lo lejos que pueden llegar.

 

La música la hace Tangerine Dream, de paso. This is the good stuff, buddy.

 

Pero ya sé qué es lo que estás pensando.

 

Vic, este resumen histórico está muy bonito, pero yo quiero un beta que me perturbe, que me cueste dormir.

 

Vale. Si eres susceptible a la violencia (o sencillamente a las buenas historias), Near Dark es la respuesta, pero si lo que quieres es una cosa perturbadora, grotesca y terrorífica, la peli salió hace pocos años, es francesa y aunque no la conoce nadie, es de lo mejorcito de la década: Le Vourdalak.

 

Acá estamos en el siglo XVIII y nuestro improbable héroe es un marqués de esos a los que Robespierre descabezará años después. Jacques Saturnin, el peluche en cuestión, se pierde por esos bosques góticos donde es mala idea andar sin caballo cuando cae la noche, y desesperado y recién robado, para en la casa de familia de un tal Gorcha.

 

El ambiente en la oscura cabaña está pesadito porque Gorcha se fue a matar turcos, adviertiéndole a su familia, “Si no regreso dentro de seis días es porque me mataron, y si regreso después de esos seis días, no me abran la puerta”. Bueno, mi hermano, los seis días se cumplen justo en esa jornada en que Jacques está de visita y aunque nadie cree en espíritus, una cosa en la que sí cree Jacques con fervor es en las nalgas de la hija de Gorcha, una bella chica llamada Sdenka.

 

Él se queda por ella, subestimando la leyenda. Conocerá a un suegro verdaderamente infernal.

 

Yo no sé con cuánta plata hicieron Le Vourdalak y ni siquiera quiero mostrarte al diseño del vampiro; sí te diré que a Gorcha no lo interpreta un actor sino una marioneta que no esconde su naturaleza. El personaje es un muñeco y punto. Pero el ambiente, la actuación del ensamble y la excelente dirección de Adrien Beau (quien da voz a la criatura) hacen de esta peli una vaina sensacional. Aunque Jacques no es un héroe y más bien es un protagonista antipático, Le Vourdalak da esa sensación de que estás viendo una película prohibida cuyas perversiones van mucho más allá de unos actores interactuando con un muñeco.

 

Si un vampiro existiera de verdad, y no es que este sea yo manteniendo la mascarada, sería indudablemente como Gorcha: Inmoral, decrépito, cruel y 100% aterrador. No creo que haya alguien que se asuste si se cruza con Robert Pattinson pelando los colmillos en un callejón oscuro, pero a este maligno espectro francés no lo querrás en tus sueños.