Yo no sé si han visto, y de verdad que yo trato de no traerles noticias
amargas del mundo del publishing, pero yo no sé si ya vieron el último escándalo de lo que
está sacudiendo al 2026 y que parece que ha llegado para no irse, que es la
inteligencia artificial en la literatura, y más específicamente el uso que los
sinvergüenzas le dan a esa tecnología.
Quiero abrir diciendo que yo
estoy en contra de todo uso que se le da a la inteligencia artificial en el
entretenimiento. Me parece que en términos generales, es una tecnología que
puede ser muy útil, y ya lo es en muchos aspectos, pero que no tiene ningún espacio en las artes de
ningún tipo, especialmente cuando hablamos de expresiones artísticas creadas
por una computadora que luego son tomadas por estafadores, haciéndolas pasar
como propias. El que no tiene con qué, plagia o usa IA, creyendo que uno es
tonto y que nadie los va a cachar. De esto ya hemos hablado.
El punto aquí es que el escritor nigeriano Jerry Falade escribió una
novela policíaca que provocó una lucha editorial de ensueño, las diferentes
casas grandes de los Estados Unidos echándose cuchillo a ver cuál sería la que
llevara el libro a las estanterías, con Penguin/Random House emergiendo
ganadora. El avance que obtuvo Falade fue, y siéntate, de dos millones de dólares.
Por referencia, un autor nuevo hoy en día se puede considerar bendito
con un avance de cuarenta mil.
El sueño se vuelve pesadilla tras unos alegatos ahí de uso de
inteligencia artificial, pero ese no es el punto, acá lo candela está en que
Random House cancela el negocio no porque se demostró que Falade usó IA, sino
porque “no podía comprobar el proceso de
desarrollo del libro”. Es decir, no hay pruebas de que el man usó IA, pero
tampoco hay de que no la usó.
Y ya usted que está leyendo podrá ver por dónde va la cosa, porque ahora
no es que la carga de la prueba en la originalidad del texto está en los
editores y personal de la editorial, no; de ahora en adelante y hasta que se
aclare el maremoto absurdo que existe con la IA, todo autor debe ser capaz de evidenciar que su obra es realmente suya.
Yo me pregunto, ¿cómo?
Si bien los publishers andan montados ahorita en campañas para demostrar
amigabilidad a nuevos autores y al sector, pintando un escenario donde la
editorial y el autor son socios igualitarios, la verdad más verdaíta es que si
hay algo que pueda representar un riesgo económico o reputacional para la
editorial, te van a echar a los lobos y tú no vas a contar con el famoso apoyo
corporativo para defender tu proyecto.
El ambiente que esto ha desatado en el mundillo es francamente agotador.
El publishing está muerto, es el
titular. Y es que, si aparte de esto las editoriales están captando talentos
que ya han tenido éxito como autores independientes, para después ellos
publicarlos, metiéndole plata a proyectos que ya evidenciaron viabilidad comercial, ¿entonces los
publishers van a parar como meros distribuidores de libros en físico?
Nadie sabe la respuesta, pero hoy por hoy todo es posible.
*
Como escritor en proceso de edición de su novela debut, y como amante de
la pregunta “¿de dónde vienen los libros?”, es agotador trabajar en tu obra
bajo el martilleo de todo esto. Tienes que apagarle las voces, no darle clicks
a los posts ni a los videos, y depurar un algoritmo que está empeñado en que si
tú quieres publicar con una editorial a la antigüita, pues ese proceso es
imposible porque usted tiene que, primero, redactar una carta de query para
encontrar un agente, y es más fácil ganarse la lotería a menos que ya conozcas
a alguien que te enganche.
Eso es un video real que me encontré, por cierto. Un bicho que se lanzó
el ejercicio de ver qué era más probable, ganarte la lotería o firmar con un
agente. Adivina el resultado.
Pero es que no es solamente el agente. Hay agentes de mentira,
estafadores, unos bichos que se hacen unos perfiles arrechísimos y que lucen
legit, y que todo lo que están buscando es que tú les des ese manuscrito sobre
el que tanto has sufrido, para ellos limarle los seriales y publicarlos bajo su
nombre. Eso pasa, esas historias de terror son reales, entonces usted tiene que
investigar ahora al agente, ver qué otros clientes tiene, qué proyectos ha
vendido, qué dicen los clientes de él, y hasta interrogarlo discretamente y sin
que se dé cuenta, para ver si es verdad que se leyó el libro, porque muchos ni
eso hacen. Parece que encontrar a un buen agente es una cosa así como encontrar
a un buen terapeuta, un buen mecánico o una buena pareja. Una lotería, dentro
de la lotería.
¿Está usted escribiendo una novela y superó esa primera barrera? Bueno, ahora
el libro entra en “submissions”, que es un proceso parecido a una subasta,
donde diferentes publishers le echan ojo a tu proyecto y dicen si sí, o si no.
Esto es tu manuscrito, entre los cientos que llegan al mes, que se unen a los
que quedaron pendientes del mes pasado y los del anterior, estudiados por unos
bichos que están pensando en beneficios comerciales únicamente. ¿Te has
preguntado por qué se publican locuritas escritas con las patas? Tu respuesta
está en el mercado que tienen esas obras. Frío, cínico y real. En este paso se
te puede ir un par de años, sin nadie que te diga con claridad que, mira, la
cosa no va. Durante esto, tú no puedes
hacer nada con el manuscrito. No lo puedes revisar, sumarle cosas o
restarle, mucho menos publicarlo por tu cuenta, porque aunque los derechos son
tuyos hasta que firmas con el publisher, ese potencial negocio que estás
buscando de publicación se cae si tú, pues, publicas.
Ten en cuenta que un proyecto se elige o rechaza por cosas que no tienen
qué ver con la calidad del manuscrito. Por ejemplo, westerns: Poca viabilidad
comercial. Vampiros, zombis, triángulos amorosos adolescentes. A lo mejor usted
escribió el mejor libro del mundo sobre un chico especial en una escuela de
magia, pero eso se parece mucho a una tendencia que ya se explotó, y ahorita lo
que vende es el romantasy.

Pero a lo mejor coronaste y todo salió bien y tu novela por fin llegó a
la librería. Es hora, pues, de la monserga infame: “un 80% de los libros que se publican al año venden
menos de cien ejemplares”. Ese es el último juez, el mercado, que no es otro
que el lector. Hay gente que cree que tú cuando eres seleccionado por una
editorial, bajan unas ninfas del Olimpo a ponerte una coronita de olivo, con
unos angelitos tocando harpas, para abrirte el cerco dorado al club selecto de gente
refinada y especial que son autores. A
eso se le puede responder con cantidad de ejemplos, yo cito uno: Gabino Iglesias,
autor latino y un tipazo, ganador de los premios Stoker y Shirley Jackson por
su novela The Devil Takes You Home; la
capacidad literaria y narrativa de Gabino es incuestionable, pero con todo, con
ventas y premios encima, su siguiente novela, House of Bone and Rain (which you can acquire right here) parece que no cumplió los objetivos comerciales
de su editorial, así que ahora Gabino no tiene contrato. Para su próximo libro,
tiene que volver a pasar por todo el proceso que yo acabo de detallar, tal cual
como si fuese un autor nuevo. Sobre esto, él mismo ha hablado y ha sido cándido
y me excuso, Gabino, si se me escapa algún detalle, pero lo que quiero decir es
que el escritor es un jornalero, y nunca
deja de serlo.
*
Entonces, ¿qué? ¿Se acabó lo que se daba y uno tiene que abandonarlo
todo para dedicarnos al hipismo, a la horticultura o al sudoku?
Bueno, ve; Toda la doomsday shit que siempre ha existido en el
publishing, pero que ahora está frenética con el asunto de la IA (replicándose
esto en el cine, el diseño gráfico y la música), a mí me parece que no es sino
ruido. Que sí, que es cansón y que te disparan horrible la ansiedad, porque uno
dice, “Yo tanto remando, ¿como para llegar a cuál puerto?” Odds have always been stacked against authors.
Este es el nuevo sabor de un plato que siempre ha existido, y que te distraen
de la raíz y la solución de todo el problema, que es crear.
Hace mucho tiempo, cuando me puse a leer bien de la industria y de cómo
es el maní, tuve
una conversa muy franca conmigo mismo, un momento de la verdad donde me
pregunté por qué escribo y cuál es la medida de éxito satisfactoria para mí.
Las respuestas a estas preguntas varían de escritor a escritor, porque no todos
queremos la misma carrera ni tenemos los mismos objetivos—hay gente que quiere
ser millonaria, hay gente que quiere ser famosa. Hoy en día, donde hay tantos
desesperados por celebridad, hay quien se pone a escribir para volverse
estrella en un planeta tierra donde leer es cosa de nicho. Está el que quiere
que lo inviten a charlas y a cineforos, y está el que solamente quiere ver su
libro en una estantería. Que se venda, que no se venda, eso importa menos que
verlo ahí y poder decir “soy escritor, publiqué un libro”.
Bueno, yo me senté en ese espacio mental ficticio, probablemente dándome
una ducha, y me dije que yo lo que quiero es lectoría. Yo quiero escribir,
sacar algo y que ese algo llegue a alguien que pase un buen rato, se ría, le dé
rabia, le dé ganas de seguir leyendo, y sienta más o menos las cosas que he
sentido yo leyendo a mis maestros.
Aquí la gran pregunta que todos nos tenemos que hacer es, “si tu carrera nunca levanta, si tú le
echas todas las bolas del mundo y esas aspiraciones que tienes no terminan de
cuajar, ¿aún así te pondrías a escribir?”
![]() |
| So relaxed, making new friends... |
Yo concluí, hermano mío, que sí. Léaseme bien, yo no estoy aquí abogando
a favor de la publicación independiente o tradicional, yo estoy yendo a un tema incluso más neurálgico para todo el que
quiera escribir o dedicarse al arte en general desde Latinoamérica, donde si
bien la internet ofrece muchas facilidades, las oportunidades son como usted y
yo sabemos. Cuando usted asume a la escritura como un fin de vida, tienes que
estar claro, entender y asumir la posibilidad de que esa obra por la que tú
tanto te estás matando no tenga movimiento comercial o crítico. Si tú amas eso
que dices amar tanto, tienes que aceptar esa realidad y que, si eso es lo que hay,
tú tienes que tener satisfacción con el
mero hecho de practicar lo tuyo desde tu tribuna, independiente del éxito o el
público que eso genere.
En mi caso personal, creo que tengo algunas ideas ordeñables, alguna
capacidad narrativa y puedo envolver a uno que otro lector. Y si mis aspiraciones
no se dan, por lo menos tengo la satisfacción de echar el cuento para quien lo
quiera leer, en el contexto de una vida riquísima—y esto último es clave. Tú
tienes una responsabilidad contigo mismo de tener una buena vida que sea
satisfactoria aparte de tus sueños profesionales, porque creo que fue Matthew
Perry el que dijo, “si no eres suficiente sin éxito, no serás suficiente con
todo el éxito del mundo”. El que espera que los éxitos artísticos le compensen
por todos los cumpleaños en que papá no llamó, hermanazo, I have some bad news,
as someone who's had artistic highs, followed by the inevitable lows.
Es lo que hay, es la naturaleza de la bestia. Todo lo malo, todas las ansiedades, se combaten únicamente a través de
una vida buena donde tu bienestar no depende de la aprobación de extraños.
¿Sí me estoy explicando?
Si tus sueños profesionales no se traducen en una vida artística
exitosa, y tu disciplina queda para siempre como una afición que haces aparte
de tu actividad económica principal, usted tiene que hacer las paces con eso
mucho antes de pensar en publicar o incluso en lanzarse una odisea, como lo es
la redacción de una novela.
Es eso, o morirte de amargura y resentimiento, divorciado y con unos
hijos que ahora son ellos los que no te llaman en tu cumple.
Termina tu libro, tu película, tu disco, tu cosa. Sé sincero contigo
mismo.
Todo lo demás es ruido.

