domingo, 16 de agosto de 2026

La Hora de la Verdad


Yo no sé si han visto, y de verdad que yo trato de no traerles noticias amargas del mundo del publishing, pero yo no sé si ya vieron el último escándalo de lo que está sacudiendo al 2026 y que parece que ha llegado para no irse, que es la inteligencia artificial en la literatura, y más específicamente el uso que los sinvergüenzas le dan a esa tecnología.

 

Quiero abrir diciendo que yo estoy en contra de todo uso que se le da a la inteligencia artificial en el entretenimiento. Me parece que en términos generales, es una tecnología que puede ser muy útil, y ya lo es en muchos aspectos, pero que no tiene ningún espacio en las artes de ningún tipo, especialmente cuando hablamos de expresiones artísticas creadas por una computadora que luego son tomadas por estafadores, haciéndolas pasar como propias. El que no tiene con qué, plagia o usa IA, creyendo que uno es tonto y que nadie los va a cachar. De esto ya hemos hablado.

 

El punto aquí es que el escritor nigeriano Jerry Falade escribió una novela policíaca que provocó una lucha editorial de ensueño, las diferentes casas grandes de los Estados Unidos echándose cuchillo a ver cuál sería la que llevara el libro a las estanterías, con Penguin/Random House emergiendo ganadora. El avance que obtuvo Falade fue, y siéntate, de dos millones de dólares.

 

Por referencia, un autor nuevo hoy en día se puede considerar bendito con un avance de cuarenta mil.

 

El sueño se vuelve pesadilla tras unos alegatos ahí de uso de inteligencia artificial, pero ese no es el punto, acá lo candela está en que Random House cancela el negocio no porque se demostró que Falade usó IA, sino porque “no podía comprobar el proceso de desarrollo del libro”. Es decir, no hay pruebas de que el man usó IA, pero tampoco hay de que no la usó.

 

Y ya usted que está leyendo podrá ver por dónde va la cosa, porque ahora no es que la carga de la prueba en la originalidad del texto está en los editores y personal de la editorial, no; de ahora en adelante y hasta que se aclare el maremoto absurdo que existe con la IA, todo autor debe ser capaz de evidenciar que su obra es realmente suya.

 

Yo me pregunto, ¿cómo?

 

Si bien los publishers andan montados ahorita en campañas para demostrar amigabilidad a nuevos autores y al sector, pintando un escenario donde la editorial y el autor son socios igualitarios, la verdad más verdaíta es que si hay algo que pueda representar un riesgo económico o reputacional para la editorial, te van a echar a los lobos y tú no vas a contar con el famoso apoyo corporativo para defender tu proyecto.

 

El ambiente que esto ha desatado en el mundillo es francamente agotador. El publishing está muerto, es el titular. Y es que, si aparte de esto las editoriales están captando talentos que ya han tenido éxito como autores independientes, para después ellos publicarlos, metiéndole plata a proyectos que ya evidenciaron viabilidad comercial, ¿entonces los publishers van a parar como meros distribuidores de libros en físico?

 

Nadie sabe la respuesta, pero hoy por hoy todo es posible.

 

*

 

Como escritor en proceso de edición de su novela debut, y como amante de la pregunta “¿de dónde vienen los libros?”, es agotador trabajar en tu obra bajo el martilleo de todo esto. Tienes que apagarle las voces, no darle clicks a los posts ni a los videos, y depurar un algoritmo que está empeñado en que si tú quieres publicar con una editorial a la antigüita, pues ese proceso es imposible porque usted tiene que, primero, redactar una carta de query para encontrar un agente, y es más fácil ganarse la lotería a menos que ya conozcas a alguien que te enganche.

 

Eso es un video real que me encontré, por cierto. Un bicho que se lanzó el ejercicio de ver qué era más probable, ganarte la lotería o firmar con un agente. Adivina el resultado.

 


Pero es que no es solamente el agente. Hay agentes de mentira, estafadores, unos bichos que se hacen unos perfiles arrechísimos y que lucen legit, y que todo lo que están buscando es que tú les des ese manuscrito sobre el que tanto has sufrido, para ellos limarle los seriales y publicarlos bajo su nombre. Eso pasa, esas historias de terror son reales, entonces usted tiene que investigar ahora al agente, ver qué otros clientes tiene, qué proyectos ha vendido, qué dicen los clientes de él, y hasta interrogarlo discretamente y sin que se dé cuenta, para ver si es verdad que se leyó el libro, porque muchos ni eso hacen. Parece que encontrar a un buen agente es una cosa así como encontrar a un buen terapeuta, un buen mecánico o una buena pareja. Una lotería, dentro de la lotería.

 

¿Está usted escribiendo una novela y superó esa primera barrera? Bueno, ahora el libro entra en “submissions”, que es un proceso parecido a una subasta, donde diferentes publishers le echan ojo a tu proyecto y dicen si sí, o si no. Esto es tu manuscrito, entre los cientos que llegan al mes, que se unen a los que quedaron pendientes del mes pasado y los del anterior, estudiados por unos bichos que están pensando en beneficios comerciales únicamente. ¿Te has preguntado por qué se publican locuritas escritas con las patas? Tu respuesta está en el mercado que tienen esas obras. Frío, cínico y real. En este paso se te puede ir un par de años, sin nadie que te diga con claridad que, mira, la cosa no va. Durante esto, tú no puedes hacer nada con el manuscrito. No lo puedes revisar, sumarle cosas o restarle, mucho menos publicarlo por tu cuenta, porque aunque los derechos son tuyos hasta que firmas con el publisher, ese potencial negocio que estás buscando de publicación se cae si tú, pues, publicas.

 

Ten en cuenta que un proyecto se elige o rechaza por cosas que no tienen qué ver con la calidad del manuscrito. Por ejemplo, westerns: Poca viabilidad comercial. Vampiros, zombis, triángulos amorosos adolescentes. A lo mejor usted escribió el mejor libro del mundo sobre un chico especial en una escuela de magia, pero eso se parece mucho a una tendencia que ya se explotó, y ahorita lo que vende es el romantasy.

 


Pero a lo mejor coronaste y todo salió bien y tu novela por fin llegó a la librería. Es hora, pues, de la monserga infame: “un 80% de los libros que se publican al año venden menos de cien ejemplares”. Ese es el último juez, el mercado, que no es otro que el lector. Hay gente que cree que tú cuando eres seleccionado por una editorial, bajan unas ninfas del Olimpo a ponerte una coronita de olivo, con unos angelitos tocando harpas, para abrirte el cerco dorado al club selecto de gente refinada y especial que son autores. A eso se le puede responder con cantidad de ejemplos, yo cito uno: Gabino Iglesias, autor latino y un tipazo, ganador de los premios Stoker y Shirley Jackson por su novela The Devil Takes You Home; la capacidad literaria y narrativa de Gabino es incuestionable, pero con todo, con ventas y premios encima, su siguiente novela, House of Bone and Rain (which you can acquire right here) parece que no cumplió los objetivos comerciales de su editorial, así que ahora Gabino no tiene contrato. Para su próximo libro, tiene que volver a pasar por todo el proceso que yo acabo de detallar, tal cual como si fuese un autor nuevo. Sobre esto, él mismo ha hablado y ha sido cándido y me excuso, Gabino, si se me escapa algún detalle, pero lo que quiero decir es que el escritor es un jornalero, y nunca deja de serlo.

 

*

 

Entonces, ¿qué? ¿Se acabó lo que se daba y uno tiene que abandonarlo todo para dedicarnos al hipismo, a la horticultura o al sudoku?

 

Bueno, ve; Toda la doomsday shit que siempre ha existido en el publishing, pero que ahora está frenética con el asunto de la IA (replicándose esto en el cine, el diseño gráfico y la música), a mí me parece que no es sino ruido. Que sí, que es cansón y que te disparan horrible la ansiedad, porque uno dice, “Yo tanto remando, ¿como para llegar a cuál puerto?” Odds have always been stacked against authors. Este es el nuevo sabor de un plato que siempre ha existido, y que te distraen de la raíz y la solución de todo el problema, que es crear.

 

Hace mucho tiempo, cuando me puse a leer bien de la industria y de cómo es el maní, tuve una conversa muy franca conmigo mismo, un momento de la verdad donde me pregunté por qué escribo y cuál es la medida de éxito satisfactoria para mí. Las respuestas a estas preguntas varían de escritor a escritor, porque no todos queremos la misma carrera ni tenemos los mismos objetivos—hay gente que quiere ser millonaria, hay gente que quiere ser famosa. Hoy en día, donde hay tantos desesperados por celebridad, hay quien se pone a escribir para volverse estrella en un planeta tierra donde leer es cosa de nicho. Está el que quiere que lo inviten a charlas y a cineforos, y está el que solamente quiere ver su libro en una estantería. Que se venda, que no se venda, eso importa menos que verlo ahí y poder decir “soy escritor, publiqué un libro”.

 

Bueno, yo me senté en ese espacio mental ficticio, probablemente dándome una ducha, y me dije que yo lo que quiero es lectoría. Yo quiero escribir, sacar algo y que ese algo llegue a alguien que pase un buen rato, se ría, le dé rabia, le dé ganas de seguir leyendo, y sienta más o menos las cosas que he sentido yo leyendo a mis maestros.

 

Aquí la gran pregunta que todos nos tenemos que hacer es, “si tu carrera nunca levanta, si tú le echas todas las bolas del mundo y esas aspiraciones que tienes no terminan de cuajar, ¿aún así te pondrías a escribir?”

 

So relaxed, making new friends...

Yo concluí, hermano mío, que sí. Léaseme bien, yo no estoy aquí abogando a favor de la publicación independiente o tradicional, yo estoy yendo a un tema incluso más neurálgico para todo el que quiera escribir o dedicarse al arte en general desde Latinoamérica, donde si bien la internet ofrece muchas facilidades, las oportunidades son como usted y yo sabemos. Cuando usted asume a la escritura como un fin de vida, tienes que estar claro, entender y asumir la posibilidad de que esa obra por la que tú tanto te estás matando no tenga movimiento comercial o crítico. Si tú amas eso que dices amar tanto, tienes que aceptar esa realidad y que, si eso es lo que hay, tú tienes que tener satisfacción con el mero hecho de practicar lo tuyo desde tu tribuna, independiente del éxito o el público que eso genere.

 

En mi caso personal, creo que tengo algunas ideas ordeñables, alguna capacidad narrativa y puedo envolver a uno que otro lector. Y si mis aspiraciones no se dan, por lo menos tengo la satisfacción de echar el cuento para quien lo quiera leer, en el contexto de una vida riquísima—y esto último es clave. Tú tienes una responsabilidad contigo mismo de tener una buena vida que sea satisfactoria aparte de tus sueños profesionales, porque creo que fue Matthew Perry el que dijo, “si no eres suficiente sin éxito, no serás suficiente con todo el éxito del mundo”. El que espera que los éxitos artísticos le compensen por todos los cumpleaños en que papá no llamó, hermanazo, I have some bad news, as someone who's had artistic highs, followed by the inevitable lows.

 

Es lo que hay, es la naturaleza de la bestia. Todo lo malo, todas las ansiedades, se combaten únicamente a través de una vida buena donde tu bienestar no depende de la aprobación de extraños.

 

¿Sí me estoy explicando?

 

Si tus sueños profesionales no se traducen en una vida artística exitosa, y tu disciplina queda para siempre como una afición que haces aparte de tu actividad económica principal, usted tiene que hacer las paces con eso mucho antes de pensar en publicar o incluso en lanzarse una odisea, como lo es la redacción de una novela.

 

Es eso, o morirte de amargura y resentimiento, divorciado y con unos hijos que ahora son ellos los que no te llaman en tu cumple.

 

Termina tu libro, tu película, tu disco, tu cosa. Sé sincero contigo mismo.

 

Todo lo demás es ruido.