Mostrando entradas con la etiqueta Publishing. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Publishing. Mostrar todas las entradas

viernes, 3 de abril de 2026

Historias Para No Dormir


 

Hay algo que no les he dicho y que es como importante:

 

¿Recuerdan cuando les dije que tengo un manuscrito de una novela que terminé?

 

Bueno. Tengo otro.

 

Es el mismo libro, pero lo reescribí. Entero.

 

El cuento es que cuando estaba revisando aquel manuscrito, me di cuenta de varios errores importantes en el acercamiento a la historia y cómo la estructura del libro dispersaba el tema principal que yo quería contar. De modo que lo reescribí. Easier said than done, I know, pero ahora este manuscrito, que terminé en febrero, es mucho más sólido y mejor contado que aquella primera versión.

 

Y bueno, aquí estamos hablando de ¿cuántos meses de trabajo? Sin meter la redacción del primer borrador, y el tiempo investigando y desarrollando al concepto y al universo. Años de trabajo. Ahora que estoy revisando ese manuscrito y considerando seriamente las rutas de publicación, hay algo que me aterra, me quita el sueño, pienso en eso cuando me acuesto en la noche.

 

Ve, cuando tú firmas un contrato de publicación con una editorial anglo, lo que estás negociando son dos cosas: Derechos de publicación y dinero. Es decir, quién tiene los derechos de sacar el libro, en dónde, hasta cuándo y cómo se reparte lo vendido. También hay provisiones para garantías e indemnizaciones, pero partiendo de que seas un peluche honesto, esto es terciario.

 

Cuando tú firmas ese contrato, tú conservas el copyright de la obra, el publisher está en la obligación de registrarlo a tu nombre, pero los derechos de explotación los conserva la editorial.

 

¿Qué significa esto? Que la editorial se reserva la capacidad de publicar en físico, digital y audio en los Estados Unidos y Canadá y, si tiene capacidad, de los derechos cedidos a terceros en otro idioma (ese “si tiene capacidad” es importante; tema para otro día).

 

Ya nos hemos preguntado para qué sirve una editorial tradicional, pero es que hay un temardo que nadie comenta y que todo el que se haya sentado a crear un universo multi-libros en su cabeza tiene que considerar, y es uuuuna razón más de por qué tanta gente está yéndose a publicar directamente con Amazon y plataformas similares. ¿Sabes que en el último post hablé de las malas prácticas en la industria?

 

La publicación de tu próximo libro depende de cómo vendió el que tienes ahorita, de forma que no es absurdo ver a tu libro actual como promoción del siguiente, pero si este libro que tienes ahora no vende, se cancela todo pero el publisher conserva los derechos.

 

¿Por qué? Me imagino que es porque si después de ese choque comercial, tú tienes éxito publicando independiente, entonces ellos ahora pueden lucrarse de tu nombre sacando la obra que sí tienen bajo su manto. See where I’m going to? Jefazo, tenemos más de dos años trabajando en este universo, en los personajes, es un manuscrito al que le has puesto sangre, sudor y lágrimas, y tienes ya las secuelas pensadas pero además otros libros en el mismo universo, y ¿qué pasa? Que ya cediste los derechos y no puedes publicar nada que tenga que ver con ese primer libro. Funciona tal cual como los derechos de las películas: la productora se reserva los derechos comerciales pero no la obligación de explotarlos.

 

O sea que, prácticamente, si la vaina no vende, que es algo que está fuera de tu control, se acabó todo. Tienes que olvidarte no sólo de la secuela que pensabas sino del universo completo, tienes que fumarte otra porque esto ya no lo puedes sacar ni siquiera por tu cuenta.

 

Esa vaina a mí me preocupa. Y me recuerda una senda frase que escuché en una de estas tantas charlas que uno ve sobre el tema: Si tú auto-publicas hoy, siempre tendrás la opción de optar a una editorial tradicional. Pero si entras primero por una editorial tradicional, no tendrás la opción de auto-publicar.

 

Es muy loco, porque hace 20 años la auto-publicación era visto como un fracaso profesional, la ruta para el inepto. Ahora no es auto-publicación, es “indie” y venden mejor que gente que se fue con una editorial, y además conservan todos los derechos y más del 90% de las regalías. Tú conservas el control creativo y comercial de la obra, y si te va bien, una editorial tradicional te llega con nuevas opciones—modelo de negocio que les sirve a ellos muy bien, porque no asumen el riesgo, no tienen que apostar en incertidumbre porque ya esa apuesta está pagando. Todo está hecho a propósito.

 

¿Y de qué te estás beneficiando entonces cuando publicas directo con una editorial?

 

“De que ellos distribuyen el libro en físico”. ¿Sabrán que ya van como dos años en que los eBooks superan en ventas a las copias físicas?

 

“De que ellos promocionan la obra”. Falso, ya lo sabemos.

 

“De que ellos diagraman la obra y la organizan para que, al imprimirla, se vea como debe ser”. Esto es algo que lo puedes contratar tú por tu cuenta (o aprenderlo).

 

Es un temardo del que nadie habla y muchas veces siento que acá soy que si el único bicho raro tocando vainas de la industria que es que son ineludibles cuando estás en el oficio, pero nos interesa a cinco personas en Latinoamérica.

 

And it keeps me up at night.

miércoles, 25 de marzo de 2026

Más Escandalosa que Tímida



Sabes, chico, que el otro día estaba viendo lo que está pasando con el libro de Mia Ballard, Shy Girl, y me dije a mí mismo, “mí mismo, ¿cuánta gente no estará viendo esta vaina ahorita y ligándola para que no trascienda y los arrastre también?”

 

Todos los peluches deshonestos que se hacen llamar escritores: Temblad.

 

"Dreamer" de Whyn Lewis

Este es uno de esos posts sobre libros y la industria que me interesan que si a mí y a tres personas más, pero es que el tema está bueno: Mia Ballard escribe un libro de terror psicológico y hace como está haciendo un gentío ahorita, que es que publican en Amazon, hacen sus ventas y una de las grandes editoriales les ofrece un contrato. El libro se reedita dándole distribución nacional en los Estados Unidos (en físico, porque digital ya tenía) y posibilidades de distribución en el exterior.

 

El tema está en que ya cuando el libro se publicó en Amazon, la gente vio la portada y empiezan los comentarios de que Ballard plagió esa imagen de una artista digital. Por eso es que tú tienes que ser muy honesto cuando sacas tu obra al público, a la gente en internet no se le escapa nada. A Ballard, se le pregunta por la portada en aquella oportunidad y ella responde que es que ella no se dio cuenta de si era un cuadro de otra artista porque agarró la imagen de Pinterest y la modificó luego con IA.

 

La portada de Ballard.

Ya ahí tienes una gran señal de alarma, eso es anti-ético y despreciado incluso en círculos de auto-publicación. Yo he hablado de esto antes, pero hay gente que cree los escritores son una gente que se pone sacos de estos que tienen parches de cuero en los codos, y beben martinis en un penthouse de Nueva York, una cosa así como la fantasía de la alta sociedad que tenía Homero Simpson. Sepa usted, amig@ que me lee, que los escritores exitosos y en la lucha no somos sino unos jornaleros siempre en busca de la chamba, tal cual como los músicos, los diseñadores gráficos, los actores y prácticamente todos los artistas. Por eso es que cuando una persona agarra arte de alguien más para lo que sea en su libro, es una ofensa a alguien que podrías ser tu mismo. Tú estás agarrando el trabajo de otra persona, sin pagar, y lo pones en un libro por el que estás cobrando. Que la respuesta de Mia Ballard haya sido “se me chispoteó” ya es algo que preocupa pero eso se barre bajo la alfombra, Mia se disculpa y sigue vendiendo, y como parece que vende bien, llega Hachette a ofrecerle un contrato.

 

Pero ojo, y ahí viene la otra; ya en este punto había gente haciendo ruido de que el libro era “AI Slop”, que es el término que reciben las obras de muy mala calidad hechas con inteligencia artificial. He leído a mucha gente preguntarse cómo tú reconoces eso, y siento que es difícil de saber si nunca lo has experimentado; las inteligencias artificiales no tienen estilo. El estilo, la voz del escritor, es quizá la herramienta más importante que tienes a mano porque es tu forma específica de narrar, de desarrollar una historia. Las IA son buenas imitando a un estilo por una página, pero muy malas sosteniendo eso por 250. Las IA tampoco tienen contexto histórico (o irónico) y son ineptas con las metáforas, pueden decir que el agua “estaba húmeda” o que, como pasó en este caso, todo era “Sharp”, afilado. Entonces el frío era afilado y la grama era afilada y los sentidos son afilados, y así…

 

Entonces, esto ya se hablaba bastante pero Hachette sigue pa’ alante, saca al libro en el Reino Unido y anuncia fecha de salida en EEUU. La portada sí se la cambiaron.

 

Y así siguen las cosas hasta que el New York Times investiga, concluye también que esto tiene que haber sido escrito con IA y redacta un artículo, pidiéndole a Hachette un comentario antes de publicación. En tu época y la mía, cuando una persona era deshonesta, buscaba una referencia medio oscura y plagiaba al texto, creyendo que nadie más conoce esa referencia, que nadie más va a llegar a tu fuente y a darse cuenta de que eres un ladrón. Hoy en día, la gente que quiere ser famosa llamándose a sí misma “escritor” sin escribir, recurren a los atajos con IA y Mia Ballard firmó un papel donde se atribuía la autoría única y original de la obra, Hachette aceptó eso at face value y tuvo que venir el New York Times a destapar la olla para que la editorial cancelara la publicación, señalando “grandes sospechas de uso de IA en el texto”.

 

Todo mal.

 

Mia termina confesando el crimen, pero a la chavista: Ella dice que al terminar el manuscrito, se mete en Reddit pidiéndole ayuda a un editor y que una persona que se hacía llamar editor se ofrece, hace el trabajo, cobra, y que esa persona fue la que usó IA; o sea que Mia es una víctima aquí, prácticamente.

 

Yo quiero aclarar que en el publishing anglo, un editor, aparte de corregir ortografía y gramática, corrige estilo. Sobre eso puedo hacer un post, porque eso lo he vivido como editor y como autor, pero para centrarnos en el tema, tú cuando haces una auto-publicación en Amazon (lo que llaman ahora “indie publishing”), eres el publisher. Ese es tu emprendimiento, como dicen en Venezuela. Lo que pasa es que Random House tiene a 8000 clientes y tú tienes a uno solo (tú), pero la labor es la misma. ¿Cómo es posible que a un publisher se haya escapado la portada y resulta que también puso el libro a la venta sin revisarlo?

 

Mire. Uno, que humildemente sabe cómo se bate el cobre y cómo uno contacta a editores, y cómo todo diseño gráfico debe hacerse por un humano que también tiene que aparecer en los créditos por un servicio que es pago, no me como el cuento del editor misterioso, porque un libro tiene que pasar por al menos cuatro revisiones antes de llegar a manos de una editorial. No me lo creo, no me la calo. Y tú puedes decir, “Bueno, pero ¿y este señor qué ha publicado para hablar con semejante propiedad?” Más allá del tema de que esto es algo que me ha apasionado toda la vida, justamente yo estoy metido ahorita en ese embrollo, en pleno proceso de revisión y cuidándome mucho de hacer las cosas bien porque el “publicar mal” existe, y para muestra un botón. Esto que yo estoy diciendo no es una experiencia exclusiva, toda persona que se haya metido en ese campo, en esa arena, puede dar fe de lo mismo.

 

Este cuento, queridos amigos, podría quedarse como una mera anécdota de esas tantas que uno ve en esta montaña rusa del mundo editorial, pero es que hay más, y el caso de Shy Girl es realmente un síntoma de algo muy grave que está pasando en la industria.

 

Los escritores del futuro.

Porque vamos a ver, ¿cuál fue la tendencia más grande en el publishing anglo a nivel de negocio en todo el 2025? Publishers grandes que se meten a ver quién está vendiendo en el mundo “indie”, para ofrecerles un contrato de distribución y regalías. Hoy por hoy se está diciendo que, a diferencia del proceso histórico, que es que tú consigues a un agente y el agente pichea tu libro al mercado a cambio de un porcentaje, tú tienes más chance, más oportunidades de triunfar, si publicas por tu cuenta, creas público, generas ventas y ahí es que llegan las oportunidades. Esto no representa sino la reducción de los riesgos hasta el absurdo, porque si hay una cosa cobarde en este mundo es el dinero, seguido por la industria editorial. Todos esos rechazos que representan el pan de cada día no son sino publishers que se niegan a asumir el riesgo económico de salir al ruedo con tu obra. Esa es la razón de por qué tú vienes con una pata coja al no ser famoso (aunque seas famoso en tu país) y escribiste el mejor libro del planeta tierra, pero Paris Hilton tiene el contrato de publicación garantizado, porque ella es famosa y es un nombre reconocible y tú no.

 

¿Cuál es el problema de esto, si estamos hablando de un negocio y los negocios existen para generar dinero? Que hay gente que cree que publicar un libro con estas casas editoriales es como sale en las películas, que es como ese proceso de ensueño que Stephen King narra en sus memorias. Sepa usted que hoy en día, tu manuscrito no es tomado en cuenta si no vienes con un concepto interesante que además esté escrito y revisado a la perfección, tal cual como si estuvieses presentando un trabajo de tesis. El libro, cuando llega a manos del publisher, por no decir del agente, ya tiene que estar de publicarse, y el autor es quien se costeó la edición por su lado, pero además la publicidad y hasta la gira. ¿Sabes las famosas giras estas a las que mandan a escritores a librerías donde no los conoce nadie? Eso desde hace varios años sale del bolsillo del autor. Brandon Sanderson tiene un cuento buenísimo, de cómo él resolvió una gira en sus fines de semana del trabajo.

 

Plagio y sus tipos

Esta gente no es que no se arriesga, es que ya tampoco están haciendo las labores propias de la editorial. Yo estaba viendo ayer una entrevista a un gran alto ejecutivo de una de las cinco grandes, que no voy a decir quién es para no herir susceptibilidades porque es un tipo al que mucha gente le pica torta, y ese pana decía que la razón para publicar con ellos en vez de irse directamente con Amazon es que ellos te dan un avance, pagándote plata adelante para que tú puedas dedicarte a tu obra. “Nosotros te estamos financiando” dijo el señor. Luego dice que la otra razón es que editarte a ti mismo es muy difícil (cosa que es cierta), y que ellos tienen a los mejores editores, publicistas y chivos que más mean del negocio, y que todo eso iba a estar a tu disposición. Ese cuento de hadas suena muy bonito si tú no conoces el trascámaras y estás llegando con la mochila cargada de ilusiones. Mira: Los avances no se pagan, hoy por hoy, de un solo mamonazo. Los avances están directamente relacionados a la fe que el negocio tiene sobre tu obra (de manera que si a ti nadie te conoce, vas a tener un avance muy inferior al que recibe una estrella y que esto está también sujeto a cuánto vendió tu último libro, sin importar lo que publicaste hace diez años o en un mercado distinto en otro idioma). El avance se paga por partes, además. Una parte, por ejemplo, cuando firmas, otra al año cuando publicas, y otra seis meses después. Yo quiero que alguien me explique cómo tú sobrevives de esa plata como para dedicarte solamente a escribir tu obra.

 

Y sobre los grandes expertos, eso sería buenísimo si me pueden explicar también cómo es que uno tiene que presentarse entonces ya con la obra lista, con profesionales pagados por ti mismo mucho antes de que llegue a manos de esas luminarias.

 

No sé si están viendo lo que quiero ilustrar con esto; ante semejante escenario, mucha gente está optando por irse directamente con Amazon, que te da no el 100% de tus regalías, pero si te da algo así como el 94% (mientras que un publisher solamente te da regalías si tú vendes un monto superior al de tu avance, y a una tasa que no supera el 20%) y aquello en lo que las editoriales tradicionales seguían invencibles, que es la distribución de la obra en físico, está ya en duda ante empresas que están entrándole a ese campo de forma todavía experimental.

 

Uno se pregunta, ¿entonces para qué sirve hoy en día un publisher tradicional?

 

Esos grandes expertos de los que hablaba este nombresote, ¿dónde estaban cuando les llegó Shy Girl? Los mejores profesionales de la industria, ¿y no se dieron cuenta de que el libro estaba hecho con IA? ¿Cuánta gente tuvo que mirar hacia otro lado para que este escándalo ocurriera, y cómo es que esto solamente revienta cuando el NYT decide sacar el artículo?

 

Ahorita hay mucha gente haciendo leña con el árbol caído, pero yo creo que si bien Ballard “la cometió”, como decimos en mi país, aquí quien tiene la mayor parte de culpa es la editorial. Y ya no es Hachette sino todo el medio quien tiene que mirar hacia adentro y revisar qué coño de buenas prácticas están aplicando en un universo donde esto pasa y vaya usted a saber cuáles casos faltan por descubrir. El beta de la IA está feo, sí, pero también hay profesionales que se esconden detrás de eso para tratar de pasar agachados y maximizar las ventas descuidando elementos fundamentales del proceso. Esto está desnudando años de malas prácticas sobre las que la industria hizo mutis, con toda la intención.

 

Y yo me pregunto: ¿Esto se está hablando en las editoriales en castellano? ¿O es este otro escándalo esperando a ocurrir? Pregunto no con malicia, sino porque realmente no lo sé y agradecería si me dan ese dato. Por ejemplo en Venezuela, que no tiene industria y que quienes están dando la lucha son los verdaderos últimos mohicanos, pero donde sí se hace concursos, ¿qué se está haciendo para proteger a los procesos de estafadores con IA?

 

Esto importa y seguirá siendo un problema de mayor y mayor relevancia, porque la IA es una realidad que, hasta que descubramos como especie la forma de regularla en lo creativo, será un salvaje oeste. De esto seguiremos hablando por acá, y como dijo una IA más famosa que infame, I’ll be back…

martes, 2 de septiembre de 2025

Este Post es 100% Orgánico


El otro día, leyendo de las locuritas del publishing, encontré un post de Gabino Iglesias sobre un tema que lo tiene desanimado, y es que a cualquiera; Para quien no le conozca, Gabino es un latino que escribe en inglés y no sólo es que tiene obra publicada con publishers mainstream, es que el man forma parte de esa nueva camada de la literatura de terror que incluye a Josh Malerman, a Paul Tremblay, a Adam Cesare y a Gwendolyn Kiste. Su novela más famosa, The Devil Takes You Home, ganó el premio Stoker del 2022 por mejor novela, el premio más prestigioso de la literatura de sustos en la actualidad. Gabino tiene lectoría y escribe en columnas, hace reseñas, está en el mamey.

 

Y bueno, el pana comentaba que este año ha sido complicado porque su siguiente novela, House of Bone and Rain, fue muy bien recibida por la crítica, fue también nominada al Stoker, pero vendió menos que su antecesora. En consecuencia, Gabino perdió el contrato que tenía con su publisher y es, actualmente, un “agente libre” como quien dice. La próxima vez que escriba una novela, tiene que hacer el proceso de venta de los derechos a una editorial desde cero, sin que haya ya alguien esperando por poner ese libro en el mercado.

 

Eso es algo que yo siento que el público en general no entiende sobre la vida del escritor moderno, y sobre esto hay una película buenísima con Charlize Theron llamada Young Adult; La gente cree que tú coronas un libro con un publisher (léase, casa editorial), grande o pequeño, y ya lo que te viene es entrevistas con el New York Times, cocteles de camarón en un penthouse lujoso, y consultas de la Warner Bros. para que les digas a quién ves protagonizando la película. Verbigracia, la gente cree que todos los escritores publicados son Stephen King o JK Rowling.

 

La realidad es que la vasta, vastísima mayoría de los escritores somos una gente que funciona como unos permanentes freelancers. Todo el mundo tiene el llamado “trabajo diurno”, que muchas veces no tiene nada qué ver con literatura, pero que paga las cuentas. Mucha gente escribe ficción (o no) a nombre de otra persona o empresa (el ghost-writing), y mucha gente ya dio el paso a la publicación independiente y sacan sus libros directamente con el Kindle Direct Publishing. Mucha gente que incluso la pegó y salió en la lista de los más vendidos del antedicho Times, cuenta en sus redes que ellos realmente viven en la casa de siempre, que con la plata que se ganaron del libro compraron otra computadora o se arreglaron los dientes, y ciertamente aquí no hay nadie comprando una mansión en Escocia.

 

La razón está en que si bien hubo una época en la que un escritor recibía unos avances de publicación bien generosos y las fiestas de lanzamiento de la novela eran en Manhattan, eso se acabó a principios de los 90’. La industria moderna existe en una carrera perpetua por ver quién será el siguiente gran hit, montándose en una ola que nadie sabe cuál será hasta que las mismas ventas lo revelen, y donde tu acceso al mercado tradicional, con obra publicada y en los mostradores de Books-a-Millions, no garantiza que el día de mañana seguirás siendo publicado. Esto no es un club, pues, donde una vez eres aceptado, serás aceptado para siempre y formas parte de un Olimpo donde puedes mirar hacia abajo a aquellos mortales que tienen que arar bien arados esos campos a ver si venden cinco ejemplares. Aquí todos, salvo una muy privilegiada minoría, somos jornaleros, contratistas independientes con un libro que esperamos que venda para ver si el siguiente vende también y entonces así estar más o menos estables en un medio caracterizado por su inestabilidad. En Hollywood dicen que tú eres tan bueno como tu más reciente película. Aquí eres tan bueno como las ventas de tu más reciente obra y cada proyecto nuevo es empezar de cero ese proceso editorial de ver si tu agente logra que alguna editorial apueste por ti.

 

*        *        *

 

Hoy, lunes primero de septiembre de 2025, expulsaron a una gente de Dragon Con, quizá la convención geek más grande del planeta (poniendo de lado a convenciones más corporativas como la de San Diego), por el pecado capital de vender arte generado por inteligencia artificial. Parece que los peluches en cuestión burlaron todos los filtros y montaron su stand ahí con sus afiches y sus cosas, vendiendo algo que pudiste haber hecho tú o yo con ChatGPT.

 

La policía fue a ayudar con
el desalojo.

Esa conversación, que está encendida ahorita, ya se desvió a un tema que nos es mucho más pertinente, y es el gentío que está usando a estos programas para generar cuentos y novelas a los que ellos firman y venden como propios. Hay de todo, en realidad, gente que se mete en Gemini o en Copilot y les dice que “yo quiero que tú me generes una novela de fantasía donde los personajes sean mesoamericanos, haya magia y un ligero tinte de terror, y donde la protagonista tenga un triángulo amoroso con un noble guerrero y con su rival, un hombre-jaguar. Escríbelo en el estilo de Sanderson”; Gente que entra con un par de capítulos escritos y quiere que la IA les haga el resto, gente que deja que la IA les haga la trama de la novela para ellos escribirla después y gente que escribe de la mano con la inteligencia artificial, como si fuera una autoría doble.

 

Los resultados de todo eso suelen delatarse a sí mismos porque la IA tiende a seguir los mismos patrones al escribir, porque no es capaz de reconocer el contexto de lo que está haciendo y porque la gente que la está usando carece de la pericia para reconocer cuándo el trabajo producido es mediocre. Cualquiera que se haya puesto a conversar con Gemini sabe que estos programas son mucho más imprecisos que la Wikipedia en español—hace como dos meses estaba fregando platos y tratando de entretenerme en una conversa con Copilot sobre asesinos en serie porque, pues, soy yo, y el programa me ha lanzado una lírica de que por todos esos crímenes, Jeffrey Dahmer vive en cadena perpetua (contexto: Dahmer no duró un año vivo entre la población general del penal). Hace un tiempo escuché, no recuerdo dónde, que el verdadero artista es una persona que tiene que tener calle, tiene que tener burdel, tiene que haberse dado carajazos con una tarima, con un público, con un jurado, y que de esa experiencia es que sale aquello que le ayudará a mejorar su propia destreza. Eso es totalmente cierto, y a la IA, sencillamente, le falta calle.

 

Pero eso le rebota a los entusiastas de los atajos. Es una gente que usa IA para meterle un artículo a una revista sin darse cuenta de que el artículo tiene hechos ficticios (eso sucedió en verdad) y escriben libros que publican por KDP, y el texto tiene notas del mal llamado “autor” donde la narrativa se interrumpe para decir “esto lo reescribí para que se ajuste con el estilo de narración del protagonista, que es más tenso y emotivo”, como le pasó a Lena McDonald, quien después admitió que sí, usó IA, pero solamente para corregir. Esta es la razón de por qué Amazon ha limitado el tiempo en el que tú puedes publicar con ellos, porque había un pocotón de peluches sacando libros que hicieron con IA a razón de uno semanal, ritmo imposible en un autor “orgánico”.

 

El caso de McDonald es interesante porque, después de pillada, ella sacó una disculpa pública que es típica de quien usa IA con fines artísticos. De entrada que a mí me parece repudiable que toda esa gente reconoce que usó inteligencia artificial después de que los descubren, eso te pone a pensar sobre quien anda por ahí pasando agachado. Pero es que además, mírame esto, McDonald dice que la escritura es una pasión que ha perseguido desde hace mucho tiempo y que, “como madre y maestra a tiempo completo, sencillamente no me puedo costear un editor profesional, y me fui con la IA para refinar mi texto.” Eso no es lo que se desprende de cuando tú lees el fragmento—aquí lo que parece es que sencillamente esa nota no es de ella sino de Copilot, explicándole qué fue lo que hizo, y la “autora” pegó y copió todo el texto sin tomarse el respeto consigo misma y con su público de revisar esa vaina. Huelga decir que un editor humano, un corrector, un beta reader, habría detectado este tipo de cosas. Pero ese victimismo, esa excusa, es inaceptable cuando aquí todos-toditos-todos tenemos también trabajos a tiempo completo y responsabilidades qué enfrentar, y todos tenemos que laburar bien duro para pagarle a un editor y a un corrector profesional, y luego a un ilustrador que haga el arte (en caso de que seas independiente), y que eso mismo se replica en quien hace cine, música, poesía o pintura a la antigüita. Tú no eres especial ni más sacrificado porque te acuestas a las diez de la noche escribiendo después de llegar del trabajo. Eso lo hacemos todos.

 

Pero aquí pareciera que nadamos contracorriente. Tú te metes en cualquier post en redes que hable de este tema y lo que sobra es gente diciendo que esto que está pasando es buenísimo porque “ha democratizado” al arte y ahora cualquiera puede ser novelista. Que “yo no escribo el libro, pero dejo que Copilot me ayude a guiar la trama”. Son cosas que dice alguien que, siento yo, quiere perseguir ese espejismo del que hablé en el acápite de este post. Esto es igualito a quien plagia un texto—la escritura con IA es el primo del plagio, porque a fin de cuentas eso no lo escribiste tú. Es una persona que quiere ver su nombre publicado en alguna parte porque quiere decir que es escritor, que le han publicado aquí y allá, y que vende en Amazon. Es gente que quiere llegar al tesoro sin haberle echado mano a la pala. No es artista porque tú no eres artesano de nada, tú te sentaste frente al computador y le diste a un programa una serie de direcciones sobre lo que querías, pero que tú mismo eres incapaz de producir.

 

Los problemas de esto para quien quiera ser escritor con honestidad son enormes. Definir una trama es parte de la habilidad de un escritor. Empezar una historia, desarrollarla y terminarla son habilidades diferentes, cada uno de esos pasos. La voz de los personajes, hacer eso que hace Irvine Welsh de que su libro lo narran cinco personajes diferentes y cada uno suena totalmente distinto a los demás, eso es una habilidad. Y desarrollar todas estas cosas que estoy diciendo toma muchísimo tiempo y trancazos contra la pared, pero es así como se aprende y es la única forma, eso es como cuando tú quieres tocar la guitarra; no hay sustituto para sentarte a tocar el instrumento. Si tú dejas que una computadora haga estas cosas por ti, podrás llamarte a ti mismo “escritor” después, pero estás comparativamente lisiado ante quien sí lo hace solo.

 

No sé si me estoy explicando, porque yo he conversado esto con gente y hay quien me señala de elitista. Mano, yo estoy claro que escribir es estresante. Hay gente que se sienta a escribir y se ríe y disfruta, y canta. No es mi caso y sospecho que eso está relacionado con mi bajo output de material allá afuera; una vez leí a alguien que decía que para ellos escribir era como estar en la silla del dentista y, mira, sí, especialmente si lo que estoy escribiendo está cargado de lenguaje técnico—porque a ese lenguaje hay que irlo presentando de forma que sea ameno de leer. Entonces esto que estoy diciendo no proviene de alguien que niega la ansiedad que da escribir, yo la entiendo y estamos en el mismo barco.

 

¿Por qué lo hago entonces? Porque hay algo que ocurre cuando tú estás escribiendo que es como entrar en trance, y la trama sale prácticamente sola y terminas descubriendo cosas de tu propia obra que tú no sabías que iban a pasar cuando te sentaste a esa sesión, y cuando esa vaina pasa es honestamente una de las cosas más satisfactorias que yo he sentido en la vida. Escribir es tenso, pero haber escrito es post-orgásmico. Es una sensación de bienestar de haber tenido la escena en la mente y haberla plasmado de modo que a ti mismo te sorprende. No voy a decir que esto pasa siempre, hay sesiones que te sientas y llevas 600 palabras y eso ha sido un parto de mediocridad, pero cuando le das a ese sweet spot, es por eso que uno hace lo que hace. Hace unos días vi a un gurú de estos de la IA diciendo que “a nadie le gusta hacer arte porque tienes que aprender cosas y pasar mucho tiempo”. Si eso es lo que tú sientes también, entonces no hagas arte, métete a productor. A inversionista. Si tú quieres escribir y te quieres saltar la parte que te desarrolla como escritor, esto no es lo tuyo, tu propio espíritu te lo está diciendo.

 

Y no lo hagas por la plata o por la fama, acuérdate de cómo empezamos este post, hoy en día nadie está forrándose en billete haciendo literatura. Realmente nadie lo ha hecho nunca, esa es una creencia que sólo puedes tener si no te has puesto a investigar bien, pero el punto es que hay maneras mucho más fáciles de hacerse famoso.

 

*        *        *

 

La IA está aquí para quedarse en las artes, por lo menos por un tiempo. Cada dos videos que me meto a ver en YouTube me sale una publicidad atorrantísima de un imbécil diciéndome que me estoy quedando en el pasado si no uso IA. Me acuerda el puje que había con los NFTs, de los que nadie se acuerda hoy (“¡la inversión del futuro!”). La IA ciertamente tiene usos que son legitimísimos, y algunos de esos pueden contribuir a tu desempeño como escritor, como pedirle a ChatGPT que te recomiende una serie de libros para investigar sobre un tema (investigar tú). Pero la verdad más verdaíta es que ahorita estamos en un boom de gente que quiere comerse el postre sin tocar el almuerzo, que se autodenomina “escritor” y que carece de las herramientas para reconocer por qué su pobre trabajo es rechazado por el filtro más básico. Al arte generado por IA le están llamado “AI Slop”, algo así como “bazofia de IA” por los pobres resultados que estas máquinas producen, y yo me temo que tendremos que pasar unos cuantos años de este slop para que a la gente se le olvide y pasen al siguiente juguete. Esto generará daños para los legítimos, porque si tú quieres publicar con KDP por la razón que sea, te tocará competir con el maremoto de slop, y esto es si tenemos suerte y la industria no se monta en la ola de la sinvergüenzura.

 

Que no creo, pero este es el divertido mundo del publishing, donde nada puede malir sal.


domingo, 19 de enero de 2025

Acta, Non Verba


 

Hoy terminé el primer manuscrito de mi novela.

 

No es la primera novela que escribo (esta sería la cuarta), pero sí es la primera que cumple con todos los cánones de una obra comercial en su género—tiene extensión de novela, trama ubicable en el mercado y está escrita en inglés. Es un libro que parece libro, aunque como todo primer borrador, es desastroso; Los temas al inicio del libro y la personalidad de los protagonistas están más difusos que al final. La extensión es demasiado larga también. Un libro de ciencia ficción moderno, para un debutante, debería estar entre las cien mil y las ciento diez mil palabras, y la mía tiene ciento veinticuatro mil.

 

Pero todo esto está bien porque la labor del primer borrador es existir, sacarte la historia que llevas en el cerebro a un lugar donde exista en concreto y donde tú puedas corregirla.


O sea que no es que el libro está escrito y “Pa’ amazon!”

 

Este es el inicio de un proceso donde todo va a velocidad de caracol. El plan de batalla es, primero, dejar a ese borrador descansar y retomarlo dentro de mes y medio a dos meses, para empezar la corrección. Primero me gustaría añadir cosas al principio, de lo que tendré cosas qué cortar después, y borradores habrá todos los que sean necesarios para que sea un libro a la altura de cualquiera que compras en la librería.

 

Cuando el libro ya esté tal cual como yo quiero, será hora de mostrarlo a unos cuantos “beta readers”, a ver qué les parece y, tras evaluar esos comentarios me tocará pagarle a un editor para que le meta mano porque por muy editor que uno sea, nunca podrás corregir tu propia obra como lo hacen ojos ajenos.

 

Y cuando eso esté listo, será hora del querying, que es ponerlo en rotación en el mercado de agentes, a ver qué tal va.

 

Si un agente cree que hay vida, tratará de venderlo a alguna editorial, que podrá aceptarlo o no. Si lo aceptan, pues veremos.

 

Por mucho tiempo le he comentado a todo el que me escuche los beneficios del mercado independiente moderno, pero ahora, con borrador listo, me gustaría probar el método tradicional de publicación, al menos para decir que lo hice, y ver qué tal va. Es menester decir que lo normal es que tú le envíes tu manuscrito a cien agentes y lo rechacen 95. Algunos pedirán leer el resto (tú envías un sample con los primeros dos o tres capítulos) y ahí te pedirán representarte o no. Así que esto hay que hacerlo manteniendo las expectativas bajas, jaja.

 

Pero incluso si nadie lo agarra, me gustaría sacarlo así sea independiente (que es lo que todo el mundo conoce como “¡Móntalo en Amazon!”), aprovechándome de beneficios que no tendría en el mercado tradicional—contratar a un ilustrador calidarks para la portada, y me gustaría sacarlo tanto en inglés como en español, con ciertas cositas adicionales que permite tener el control creativo total de la obra.

 

Claro, si toca sacarlo independiente, el camino es otro…

 

Sé que todo esto suena muy aburrido a menos que seas un nerd total del proceso editorial, un laberinto que muchas veces ni el que es aficionado a la escritura conoce, o tiene interés de conocer. Lo que todo esto significa es que este es un maratón, no una carrera, y que el primer capítulo de ese maratón está listo.

 

Conforme el proceso avance ya les iré contando de qué va y detalles más específicos, pero es que ahorita tengo preocupaciones “técnicas” que considero más relevantes. La novela es narrada en primera persona y en tiempo presente, por cuatro personajes que provienen de distintos trasfondos, y ahorita es muy importante para mí que esos cuatro suenen distintos entre sí y que tú empieces un capítulo con uno y sepas quién es sin tener yo que señalar de quién es esa voz. Cosas que se pueden lograr, pero que ameritan trabajo.

 

Confieso que he convivido por tanto tiempo con esa trama y esos personajes que estoy más bien ansioso de empezar otro proyecto sobre otra cosa. Tengo tres temas en la mente ahorita, dos de los cuales me llaman como para volverse el siguiente libro. Si me sigues en instagram, sabes que uno de ellos es una novela histórica ambientada en el Japón feudal, que me llama bastantísimo la atención (that’s the first advice for you to write a novel: Be obsessed with the subject), al punto que esta mañana estaba leyendo en profundidad sobre los regimientos de ashigaru y cómo funcionaban. Las novelas históricas en la actualidad han tenido un resurgimiento, pero no me preocupa mucho que un agente la agarre o no, ahorita lo que me interesa es narrar, echar el cuento.

 

Escribir.

domingo, 2 de junio de 2024

La Publicación Indie

 




Cuando me pregunto sobre los beneficios de lo que hoy se llama “indie pub”, pienso en un señor llamado John Deacon. No, no ese, sino este. El género literario del western es bastante de nicho porque, aunque fue muy popular entre los 1930s y los 1970s, es muy pero que muy difícil vender un western a una editorial. Es un mercado muy reducido (hombres, y sólo algunos).

 

¿Cómo hace un ilustre que quiera publicar su novela de vaqueros, ante una industria que le cierra las puertas tan pronto ve en ese manuscrito al polvo de los caballos elevarse en el horizonte?

 

Antes del 2013, estaba jodido. Le habría tocado publicar a la antigüita y morir en ese Alamo particular, porque la auto-publicación ha existido desde que el génesis del publishing, pero siempre fue una cosa inviable porque requería que el autor hiciese todas las tareas de una editorial—puedes verlo de esta manera: Cuando aceptas auto-publicar, estás lanzando una pequeña editorial con un solo cliente (tú). Tú tienes que buscar al editor, encargarte del diseño gráfico, distribución de la obra, mercadeo y, pues, tener éxito en esas circunstancias no era imposible pero tú me entiendes.

 

En una industria que no cambia a menos que la obliguen, Kindle Direct Publishing cambió todo, y pongo el año 2013 como el watermark (a pesar de que KDP se lanzó en el 2007) porque ese es el año en el que se empiezan a ver casos de éxito concretos. Hugh Howey estaba haciendo un platal y una lectoría enorme con su serie Silo, E.L. James estaba impresionando a un gentío que no entendíamos como un fanfic podía capitalizarse masivamente y Andy Weir sacó una de las mejores novelas de ciencia ficción de memoria reciente (The Martian).

 

Así que alguien que escriba sus buenos libros de vaqueros y bandidos en el desierto texano hace como el señor Deacon y publica su vaina por KDP y se adueña de todo ese nicho del mercado y se vuelve otro caso de éxito.

 

Cuando tú firmas un contrato con una editorial tradicional, tú conservas el copyright de tu obra, pero estás cediendo los derechos de publicación y comercialización, lo que quiere decir que el publisher puede sacar tu libro con el título que ellos crean que mejor funciona, con la portada que ellos quieran, el mercadeo que les parezca y la estrategia de ventas que les dé su gana y usted, pana mío, no puede hacer absolutamente nada al respecto. Te puede pasar como a mucha gente, que te enteras de la portada que tu novela va a tener al mismo tiempo que se entera el público, porque la editorial no te lo consulta.

 

“Pero ya va”, te escucho decir, “Fulano y Fulano sí tuvieron voz y voto en tales aspectos de publicación”. Eso pasa si tienes un agente brutal, o si la editorial tiene tanto interés en tu libro que te permite manipular al contrato, o si eres un nombresote de ventas garantizadas—George R. R. Martin, por ejemplo, puede echarse diez años entre publicaciones y sacar ladrillos de 900k palabras porque precisamente es un gigante de la industria. Uno, que no lo conoce nadie y no tiene esa lectoría garantizada, carece de pull en la industria.

 

Y lo más importante para mí: Escribir una novela es una de las cosas más difíciles que hay en esta vida. Es agarrar un concepto que está en tu mente y partir de cero hasta volverlo interesante y coherente por unas 120k palabras. Es no menos de un año fajado ante el monitor, jalándote los pelos por todas las secciones que funcionaban bien en tu cabeza pero que en la página Rick, parece falso.

 

Tener una obra pulidita, linda y bella y que no la agarre ningún publisher porque no ven cómo meterla en el mercado, es un dolor. Pasa lo de Deacon con los westerns, o lo que le pasó a Andy Weir cuando, con su Marciano, tocó todas las puertas posibles y todas le dijeron que no. Antes, esa obra se iba al cajón. Fatality, Status-Quo wins—flawless victory.

 

Hoy, existe una vía para que tu obra sea expuesta y gane lectoría. That’s all you can really aspire to. Fame and riches are fool’s gold, and shit you can’t control anyhow.

 

¿Cuál es el problema, entonces, si todo suena tan maravilloso?

 

Que para que el camino indie funcione, tienes que ponerle. Como he dicho ya, ese libro que estás sacando por tu cuenta lo tienes que sacar con la mente de que va a competir de tú a tú con lo que publica Hachette y Random House, la gente no lo va a comprar por lástima. Todos hemos visto esas portadas cutres y esos textos que se nota que jamás pasaron por las manos de un editor, todos conocemos la calidad estándar wattpadera. Tu libro, para aspirar a ser un éxito, tiene que estar por encima de eso.

 

O sea que tienes tú que encargarte de:

 

·       El diseño gráfico del libro. A menos que seas un artista gráfico que alguien contrataría para que diseñe una portada, ni lo intentes; búscate a un diseñador profesional, que hay muchísimos en internet, y muchos ya trabajan para autores y saben qué entregarte y en qué formatos, con tasas de pago accesibles. No lo hagas con inteligencia artificial, no robes arte de por ahí, no le digas al pana tuyo que dibuja bestial. Ve con la opción más profesional posible y cambia todo lo que no te guste del diseño porque a fin de cuentas es tu libro, que saldrá con tu nombre.

 

·       Maquetación. Hay muchísimos recursos en internet sobre cómo cuadrar la maquetación de un libro y, aunque no es particularmente difícil, es tricky porque lo que se ve bien en una versión digital puede salir mal a la hora de imprimirse en físico. Y esto último es un temazo; actualmente, los autores indie generalmente trabajan para los libros físicos con un modelo llamado “print on demand”, que quiere decir que tú no tienes un stock físico de ejemplares (a menos que lo puedas costear y así lo decidas), sino que cuando alguien paga el libro físico, tú costeas la producción en ese momento para el ejemplar de esa persona. Hay muchas imprentas que hacen esa labor en los Estados Unidos, pero ten en cuenta que ellos van a imprimir lo que tú les digas que está bien, no van a corregir absolutamente nada. Es decir que si el arte de tu libro no se ajusta bien a las dimensiones del ejemplar impreso y queda descuadrado, no hay queja que valga, eso va así a las manos del que compró. O sea que el control de calidad lo tienes que hacer tú mismo antes de poner al libro en venta, pidiendo algunos ejemplares de prueba (que salen de tu bolsillo), donde te puedas asegurar de que esas versiones físicas están al pelo.

 

·       Corrección y estilo. Cuando empecé a trabajar como editor en medios, hubo algo que me llamó muchísimo la atención de gente que mandaba textos que habían salido publicados en español ya, y venían “editados”; eran un desastre. Repeticiones constantes, idas por las ramas, explicaciones de obviedades, adverbios encima de adverbios… al alzar la voz sobre esto, se me explicó gentilmente que “edición” se entiende como corrección, y específicamente corrección ortográfica.

 

Esto no lo puedes hacer tú. Búscate a un editor profesional, que los hay en internet y bastante, y que sea él, o ella, quien le eche un ojo a tu obra y corrija estilo. El trabajo del editor es hacerte ver mejor, es agarrar tu obra y pulirla eliminando lo que sobra y sugiriendo trabajar donde haga falta. No todas las sugerencias que el editor te haga van a ser acertadas, pero sí es importante que te sientes con alguien que no tiene apego emocional a la obra y que te diga “Esta sección acá, todo esto es relleno y el capítulo no puede abrir con relleno, tiene que abrir con trama. Tráete esto de la página seis para el inicio, para que atrapes al lector de una vez, sin introducciones”. Son cosas que uno como autor no ve.

 

Hay gente que con este tema se pone como una gata boca arriba, ¿qué coño va a saber un tercero de mi libro, va a saber ese “editor” lo que quiero decir mejor que yo?

 

Bueno, saque su libro entonces como a usted le dé su mardita gana. Después no esté llorando.

 

·       Marketing. Oh boy. De todos estos puntos, marketing es quizá el único que amerita un post sólo para él, y será un post terrible y caótico porque la verdad más verdadera, amigo mío, es que nadie sabe a ciencia cierta cómo se hace el marketing de libros hoy en día. The internet and the pandemic changed everything. Random House manda a sus grandes escritores de giras, pero un autor nuevo no hace gira porque nadie va a hacer colas afuera de una librería en Fresno para ver a un debut que vaya usted a saber quién es. Hace un par de años se hablaba mucho del book-tok, los tik-tokers que hablaban solo de libros y eran LA forma de vender; hoy eso está desmentido, con libros que no vendieron a pesar de ser consentidos de influencers.

 

El marketing siempre ha sido el gran misterio de la industria, y es por eso que tienes que tener muchísimo cuidado a la hora de pagar publicidad, porque no hay frutos garantizados para nadie. Amazon tiene un sistema de publicidad que en el mundillo se llama “Scamazon”, porque es como que un paquete publicitario que te pone al frente de todas las páginas para darte visibilidad, tú gastas un dineral loco… y el libro no vende. Este es un mundo de gente que está siempre tratando de game the system, de manipular las condiciones para obtener ventajas. Hay gente que se ha echado miles de dólares en publicistas para ventas de cien ejemplares. Nobody knows.

 

Does any of this sound attractive to you? Bienvenido al método indie. Y ante esto, muchísima gente dice “Mira, no, yo lo que quiero es escribir y no preocuparme por todas esas cosas que corresponden a la editorial”, cosa que es validísima. Ahí hay un detallazo, que es que hay cosas de lo antedicho (como la publicidad y la corrección y estilo) que te van a tocar hacer aunque publiques con una editorial, pero queda claro que lo indie es un trabajón. Si la pegas, la vas a pegar en grande, ojo, y es muy normal que autores indie reciban ofertas de las cinco grandes para distribución donde el autor llega ya con la fortaleza de una fanaticada a sus espaldas—y ya va, hay gente que uno no conoce ni quiénes son, y viven exclusivamente de su literatura, con carreras envidiables e indies.

 

De que es posible, lo es. Pero tienes que estar claro en lo claro, como decimos en mi tierra, jaja.