viernes, 14 de septiembre de 2018

El 007 Literario



Hola, hablemos de 007, pues.

Sé que tengo el blog en el olvido y siempre pido las mismas disculpas con el mismo pretexto (“he estado ocupado”). Aparte de las cosas cool con la banda (fechas y temas nuevos en octubre, pilas), tengo dos trabajos ahora (editando también) y pues siempre escribo ficción que saldrá algún día a la luz. No hablo de esas cosas porque the best way to fuck a project in the making is by running your pie hole about it. So I’m gonna keep my mouth shut y les diré cuando las cosas se vayan dando.

Quiero contarles cómo es la banda, cómo fue el toque en el hangar, cómo fue la entrevista de esta semana en CBC (primera entrevista para un medio internacional, nunca habría pasado sin la gente buena que lo apoya a uno, como todo en esta vida —just check my instagram) y pues, hay mucho que quiero escribir acá pero, o no tengo tiempo, o tengo y me pongo a darle a la guitarra o a escribir mis historias de monstruos y robots. O a veces no hago nada y pongo una peli o me pongo a leer, ¿sabes? Sometimes you just want to turn that brain off and watch Death Wish 3.

Pero hoy estamos aquí para hablar de cosas importantes: las novelas que Ian Fleming escribió sobre James Bond.

Hace años compré un pack con todos los libros y te confieso que no los he leído todos, así que esta review estará incompleta. Me imagino que en setenta años subiré aquí el resto, así que paciencia.

El James Bond literario es un tipo muy parecido a Sean Connery en la primera película (Dr. No), un hombre de su era con toquecitos de Daniel Craig, particularmente en lo psicológico. Fuma y bebe curda todo el santo día, y es verdad, se gasta un platal en comidas costosas y lujos. En ese sentido, es la perfecta fantasía masculina: el pana viaja por el mundo coronando con mujeres hermosas, ganándole en peleas a otros hombres y viviendo bien. Mucho de 007 tiene una vibra de “Adventures for Men!”, esas revistas de la era pulp donde todo está en términos relativamente sencillos. Compara una novela de Fleming con una de John LeCarré, quizá el mejor autor que ha existido sobre cuentos de espías, y digamos que la diferencia es abismal, favoreciendo casi siempre a LeCarré.

Pero uno tiene que estar claro en lo claro: tú no vas a un toque de Metallica esperando que toquen funk y uno no lee a Fleming para complejos cuentos de redes internacionales y crisis psicológicas. Y lo que Fleming hacía, lo hacía bien.

Es posible que en el futuro haga reviews de todas las películas porque, compadre, venga acá: a todos los hombres nos da nota James Bond. Viene en tus genes, si un hombre no llora, no toma cerveza y no le gusta 007, cuidado con ese carajo, no es humano.

Te cuento de los libros que he leído, en orden de publicación:

1-   Casino Royale (1953).

  
¿De qué trata?:

Un banquero misterioso pretende obtener fondos para la Unión Soviética a través de un torneo de baccarat, y Bond es enviado para frustrar sus planes.

¿Dónde?:

Francia. Creo.

Chica Bond:

Vesper Lynd

Villano:

Le Chiffre.

Canción:

Traté de no meter la música de las pelis en esto porque acá nos centraremos en los libros, pero yo no soy de hierro. Y esta secuencia de créditos es espectacular, con un temazo por Chris Cornell.

La primera peli de Daniel Craig, homónima, se parece bastante a este debut. El libro tiene menos escenas de acción, Le Chiffre no tiene ningún ojo sangrante y en la película juegan póquer, lo que me parece un excelente cambio (no tengo idea, al sol de hoy, de qué es el baccarat, ni me interesa). Vesper es una nula, mientras que en la peli es alguien con personalidad (esto es casi siempre el caso con las chicas Bond literarias).

En líneas generales, son la misma historia. Es un libro que te comes en un par de días, entretenido y Fleming es competente. El último segmento, la famosa escena de tortura (es igual en la película) es el punto álgido del cuento, con líneas memorables. No sé de dónde el autor habrá sacado esa idea, pero nunca he leído algo así, ni antes ni después. Acá conocemos a Felix Leiter, aliado clásico de 007, en una fórmula que no está bien depurada todavía, pero tiene los elementos que harían famosa a la saga.

Como los licores, Casino Royale se deja colar.

2-   Live and Let Die (1954).

 
¿De qué trata?:

Aquí es donde empiezan las tramas estrafalarias. Ve: un mafioso caribeño está contrabandeando oro que descubrió de un tesoro pirata. En serio. Bond es enviado para sabotearle el juego cuando ese oro llega al Reino Unido.

¿Dónde?:

Jamaica y Las Bahamas, si mal no recuerdo, me da flojera guglear.

Chica Bond:

Solitaire.

Villano:

Mr. Big.

Canción:

Te tengo la original y el buen cover de Guns N’ Roses.

Lo digo de entrada: el romance entre Bond y Solitaire es una de las cosas más random que he leído. ¿Recuerdas como Vesper no tenía personalidad? Bueno, esta pana tiene incluso menos y cuando ocurre la obligatoria escena romántica, viene de la nada. Ella se le entrega y ya. Ugh.

Poniendo eso de lado, este libro es aceptable. Conoces más a Leiter y hay una escena con un tiburón que se queda contigo. Mr. Big es mucho menos interesante que su contraparte fílmico, en la película con Roger Moore, y el Baron Samedi, famoso de las pelis, no aparece por ningún lado acá (o sea, sale, pero es una estatua, no un personaje).

La película salió en los 70’ y tiene profundos elementos de blaxploitation, supongo que para explotar lo que era popular entonces, pero eso fue veinte años después de que saliera este libro. Live and Let Die es una aventura en el Caribe que, aunque no es mala, se siente como un descenso tras el libro anterior.

3-   Moonraker (1955).

 
¿De qué trata?:

Un empresario veterano de la Segunda Guerra Mundial quiere construir un cohete nuclear para defender al Reino Unido, pero M, el jefe de Bond, desconfía de él. Se va revelando poco a poco una trama donde las apariencias engañan.

¿Dónde?:

Inglaterra. No hay viajes esta vez.

Chica Bond:

Gala Brandt.

Villano:

Sir Hugo Drax.

Canción:

Es medio nula, pero es que la película es malosa en general.

Moonraker no solo es el mejor libro que he leído de James Bond hasta la fecha, es uno de los mejores libros que he leído, punto. A diferencia de las novelas pasadas, acá, ok, sabemos que Drax es el malo, pero no sabemos qué esconde y el descubrimiento del misterio, poco a poco, es un gustazo del suspenso. Esta es la peli de Bond que no se ha hecho, porque la homónima con Roger Moore es una cosa diferente. Allá se van al espacio y se disparan con lásers. Acá, es Bond vs Drax en un tablero psicológico de ajedrez.

El libro abre con uno de los mejores retratos del superespía, digno de LeCarré: Bond está de vacaciones y planea, entre tragos, irse por ahí con alguna novia y darse la gran vida. “Era en estas cosas que Bond gastaba su dinero” parafraseo, “para alejarse de la constante depresión de su trabajo, y era su misión en la vida el destruir su cuenta bancaria antes de que el destino le ajuste las tuercas, cosa que, sospechaba, ocurriría pronto”. Ese capítulo pauta el tono para lo que viene.

Gala Brandt es una jeva de la que te enamoras. Es un ser humano tridimensional y el romance que se forja entre James y ella es brillante, una tensión sexual estirada narrativamente hasta que de verdad quieres que paren juntos. El final es perfecto, lo voy a escribir acá porque soy un fiebrúo, pero si no has leído Moonraker, léelo y descúbrelo tú mismo, te garantizo que vale la pena; para leer, resalta con el mouse: durante el libro, Gala aparenta estar casada y James asume que es parte de su cubierta de espía. Terminado el drama con Drax, James compra pasajes para irse con ella de viaje y se ven en una plaza, él pretende sorprenderla. Resulta que Gala se aparece con un tipo, que se queda en el carro esperándola. James entiende de inmediato.

“Ese es tu esposo, ¿verdad? Sí estás casada”.

“Te dije que no podíamos estar juntos” dice ella.

“Gala. Ven conmigo”.

“Yo quiero. Pero es imposible”.

Y el libro cierra con “y se dieron media vuelta y siguieron con sus respectivas vidas, para nunca más verse”. Great shit, guys.

Si tienes que leer un solo libro de Fleming, dale a este con confianza.

4-   Diamonds Are Forever (1956).

¿De qué trata?:

Hay una red de contrabando de diamantes y Bond es enviado para sabotear el plan. CREO, no me acuerdo bien de este libro.

¿Dónde?:

Las Vegas.

Chica Bond:

Tiffany Case.

Villano:

Seraffimo Spang.

Canción:


Te confieso que tuve que buscar en Wikipedia los detalles del libro, porque de pana que no me acuerdo. Después del librazo anterior, esto es un bajón de calidad salvaje. Es es una falla de Fleming, es un autor medio inconstante. Un libro puede ser excelente, el siguiente nulo, el siguiente bueno y así. Recuerdo que hay como un setpiece en un parque de diversiones abandonado con un tren y… creo que Tiffany Case es gay. No sé, chamo. A lo mejor vine con expectativas muy elevadas, pero Diamonds Are Forever es muy cualquier vaina. No recuerdo mucho de la trama, pero sí recuerdo llevarlo por la mitad y pensar “¿cuándo coño empieza este libro?”

Júzgalo por ti mismo, porque es corto y como todo lo de Fleming, accesible. Pero en mi opinión, sáltalo y no pasa nada.

5-   From Russia With Love (1957)

 
¿De qué trata?:

Tras los eventos de Casino Royale y Moonraker, la Unión Soviética está harta del famosito 007 y ha diseñado un plan para avergonzarlo… y asesinarlo.

¿Dónde?:

Turquía.

Chica Bond:

Tatiana Romanova.

Villano:

Rosa Klebb, Red Grant.

Canción:


Aaaand Fleming’s back.

Es de aquí de donde viene la tremenda peli con Connery, una muy fiel adaptación de esta novela donde el autor está de nuevo trazando una trama mortal. El plan de los rusos (que se vea a Bond con una agente rusa en plan romántico, para desgraciarlo) está decente y aunque Tatiana es la propia damisela en peligro, los malos, Rosa Klebb y Red Grant, son unos auténticos hijos de puta. Grant es particularmente memorable porque es medio psicópata, el tipo se ve a sí mismo como una especie de hombre lobo con una auténtica sed de sangre (la actuación de Robert Shaw es per-fec-ta, calcada de acá).

Y bueno, imagínate que Bond debe recuperar a esta señorita, Tatiana, de la Unión Soviética, en el legendario Expreso del Oriente, y a bordo del tren espera Grant —sólo que ni él ni nosotros sabemos quién es. Mucho de lo narrado como marco para la historia, por cierto (los generales rusos y las agencias soviéticas involucradas) son reales y personas que estaban vivas en esos cargos salen acá, una cosa quizá arriesgada por Fleming. Imagínate que alguien escriba un libro sobre Venezuela y diga “Y entonces Diosdado hizo esto y aquello y fue a la oficina del SEBIN que queda en tal parte”.

A lo mejor esto influyó en el presidente Kennedy, que citó al libro entre sus favoritos.

Suspenso y una situación en la que Bond está claro, “Si esto me sale mal, estoy muerto, porque no puedo vencer a este pana en una pelea frontal”, después de Moonraker, este es el libro.

6-   Dr. No (1958).

 
¿De qué trata?:

Dos agentes del MI6 desaparecen en Jamaica investigando a un misterioso “Dr. No” y su dragón, que son cosas que pueden o no existir. Bond es enviado para resolver el enigma o volverse la tercera desaparición.

¿Dónde?:

Jamaica.

Chica Bond:

Honey Ryder.

Villano:

Julius No.

Canción:
Esta es la canción clásica de Bond, así que te la cambio por la de Tomorrow Never Dies, quizá lo mejor que tiene esa película; su otra canción es excelente también.

El único defecto de esta novela es que el epónimo Dr. No debería llamarse “Dr. No-Sale-Mucho-En-El-Libro”.

See, I made a joke. Ríase, señor Félix Gonzalito.

Una lástima, porque Julius No es uno de los personajes más memorables creo que ever, de todo lo que he leído en la vida. Es medio spoiler esto, pero apenas lo vemos y hay un solo capítulo donde conversa con Bond, y te sientes como Woody Harrelson en No Country For Old Men (“Do you have an idea of how crazy you are?”). No quiero echarte el cuento de quién es el doctor, pero está muy bien tramado y aunque a veces estira la credibilidad, no rompe la inmersión.

Esto es lo que nos gusta a los fans de Bond: Una aventura con un supervillano de plan maquiavélico, con un misterio en una locación extravagante y suspenso chévere. La aparición de Honey Ryder, que es una marca de nuestra cultura pop, es idéntica acá a como sale en la película (que es una adaptación fiel al libro). Su impacto está un poco reducido porque cuando sale, te vas imaginando toda la escena de la peli, es igualito.

Bien chévere. Si hubiesen expandido más a Dr. No, hubiésemos tenido a un buen rival para Moonraker. Como está, es una buena aventura digna de tu tiempo.

7-   Goldfinger (1959).


¿De qué trata?:

Auric Goldfinger es un hombre extraño. Obsesionado con el oro, parece que contrabandea el metal para la Unión Soviética, pero cuando Bond lo investiga y cae víctima de su intelecto, un plan mucho más maléfico, lejos del MI6 y la URSS, es descubierto.

¿Dónde?:

Europa y EEUU.

Chica Bond:

Tilly Masterton.

Villano:

Oddjob, Auric Goldfinger.

Canción:


Este es el libro donde te acuerdas de que la serie se escribió en los 50’ y que las sensibilidades de entonces escandalizarían a las delicadas aves especiales que tenemos hoy por ahí.

El principal sirviente de Goldfinger, el famoso Oddjob, es un coreano que come gatos, literalmente. No habla, no tiene mayor personalidad y es una caricatura de todos los estereotipos asiáticos que arrechan a los niños de California. Y hay más.

Tilly Masterton es gay, y no-tiene-sentido-común. En la película hay una noción que desde hace tiempo se considera ofensiva (toda lesbiana lo que necesita es a un hombre que le dé un buen sacudón), y aunque eso no ocurre acá, es medio ladilla ver a Bond ir de acá pa’ allá sin realmente comprender a Tilly. Al final, Tilly pasa sin pena ni gloria; tiene personalidad, tiene caracterización, pero no hace nada y su ingenuidad saca un poco la piedra.

Dicho eso, ¿se puede leer esto? Sí. Fleming como que ha superado las bajas de Live and Let Die y Diamonds, y está establecido como un respetable autor de misterior (y pulp). La peli se parece mucho al libro y Goldfinger es un imbécil al que no puedes esperar ver fracasar.

Cuando este libro abre, por cierto, Bond está recién volviendo de un viaje a Caracas, Venezuela. Te lo juro, léelo.

Goldfinger: Es bueno, pero tienes que leerlo en el contexto de la época.

Y bueno, por ahí vamos. Ya les contaré del resto.

miércoles, 25 de julio de 2018

La (Absurda) Historia de Shazam




Como de costumbre, he estado desaparecido de estos lares; tengo un post escrito sobre The Walking Dead y por qué se diferencia tanto del cómic y sólo me falta editarlo, pero capaz nunca lo haga porque no me gusta tanto cómo quedó.

Lo otro que ha pasado es que mi banda está finalmente tocando en locales y entrando en la movida y ha sido muy cool. Ya había tocado ante gente, pero nunca en lugares with an actual backstage donde te invitan comida y bebidas y te preguntan cuánto cobra el grupo. Si me hubiesen dicho hace tres años que iba a estar en una banda con Ingrid Dreissig, I would have choked on anxiety, y a veces me siento como CJ Ramone entrando a Blondie o a Garbage. Este sábado tenemos toque con Agente Extraño. Un honor medio surreal compartir tarima con esos panas.

Y total que entre Chronicles, la banda, la ficción que escribo que algún día puede convertirse en un libro si los astros se alinean y tratar de tener una vida social más o menos decente, no tengo mucho tiempo libre.

AND THAT SHIT ENDS NOW. LET’S GEEK OUT WITH OUR COCKS OUT.

Shazam. ¿Quién es, por qué se llamaba “Captain Marvel” sin ser un héroe de Marvel y por qué se parece tanto a Superman?

Bien, la pregunta nace por la película que viene:


Para entender de qué va este tema, tenemos que hablar primero de cómo funciona la industria del cómic. De nuevo te refiero a este post, que es como la serie núcleo de este blog. Los cómics son divididos históricamente en “eras” que no están estrictamente definidas. En términos generales, todo empieza con la Era Dorada y ese primer capítulo de Action Comics en donde Superman aparece levantando un carro. Con la publicación del personaje, se abre la era del superhéroe, un subgénero del arte secuencial a medio camino entre la ciencia ficción y la fantasía, obligado a convivir con otros géneros, como los vaqueros, los cómics de guerra, de aventuras en la selva, de mafiosos, de romance y así. Lo clave de la Era Dorada es que las reglas no estaban escritas y la industria se iba descubriendo sobre la marcha. Por eso es que es tan estúpido comparar al Batman de la Era Dorada con el moderno: son dos personajes totalmente diferentes que se regían por reglas distintas. Dado que los cómics eran vistos como entretenimiento para los idiotas que no pueden lidiar con novelas en prosa, los autores contaban con libertad casi plena. Batman tiroteaba a mafiosos, el Capitán America le partía la cara a Hitler y Superman era un sociópata. Normal.

Eso cambia con la aparición de Frederick Wertham y su infame libro, Seduction of the Innocent.

Médico psiquiatra que participó, por cierto, en el equipo de defensa de Albert Fish (un pederasta caníbal que se comió a una niñita y le mandó una carta a los papás explicando el proceso), Wertham concluyó que todo lo que estaba pasando en los años 50’, con el nacimiento de la cultura adolescente, el rock and roll, los carros rápidos y el vandalismo, se debía a que esos jóvenes se criaron leyendo cómics, historias inmorales donde Batman compartía la cama con un muchacho mucho menor en práctica vida de pareja, y donde se descuartizaba a la gente.

Porque el titán del medio no era DC (mucho menos la inexistente Marvel), sino EC Comics, del genial Bill Gaines. Originalmente publicando historias educativas y religiosas (!), EC (que empezó simbolizando “Educational Comics” y terminó siendo “Entertaining Comics”) se apoderó del mercado con historias de suspenso, crimen y terror. La influencia de esta empresa no puede ser subestimada: tenían narrativas mucho más sofisticadas que lo que se publicaba en la era y sus historias de terror, retratadas en Tales From the Crypt, The Vault of Horror y The Haunt of Fear, son tan influyentes que HBO sacó una serie (Cuentos de la Cripta) en los 90. Prohibido confundirla con el otro Cuentos de la Cripta.

Una historia clásica de EC funciona como un chiste: alguien bien maldito lleva una vida de pecado y el destino, con agrio sentido del humor, le ajusta las tuercas. Hay un capítulo cuyo nombre se me escapa, donde un pelotero pendenciero se llena los tacos de los zapatos con veneno para, al barrerse en primera base, envenenar al jugador del equipo contrario (que, en efecto, se muere). Bueno, el equipo contrario captura al tipo, lo descuartizan y terminan jugando béisbol con sus tripas. Tú ves todo eso en la página, en colores fríos que recuerdan a Night of the Living Dead (de hecho, Romero dijo que para Night y Dawn of the Dead, intentaba emular el tono gráfico de esos cómics).

Bueno, la vaina llevó a una cacería de brujas y audiencias ante el senado de los Estados Unidos, que concluyó que las historias eran, efectivamente, inmorales, y así nació el Comics Code Authority, la censura de la industria. Las reglas del Code imponían estupideces tipo “Ningún arma de fuego realista puede salir en las páginas, no puede haber historias de zombis ni vampiros ni sangre, el malo nunca puede salir ganando” y tal. En otras palabras, todo lo que EC estaba haciendo se acabó de un día para otro (iniciando la Era de Plata), y gigantescos talentos del medio (Joe Orlando, Jack Kamen, Wally Wood) se quedaron en la calle.

Y el principal promotor del Code fue su principal beneficiario: DC Comics.

DC (llamada entonces “National Comics”), se convirtió en el titán de ventas comprando a la competencia, o sacándolos del negocio con triquiñuelas legales. Y eso es exactamente lo que pasó con Shazam.

Fíjate: el exitazo que representó la publicación de Superman implicó un feeding frenzy donde todo el mundo se copiaba de todo el mundo, sin mayores repercusiones. Batman, por ejemplo, empezó como un fusil de The Shadow con el Zorro, y de ahí evolucionó bajo la pluma de Bill Finger, para convertirse, poco a poco, en una criatura original.

El personaje que hoy conocemos como Shazam arrancó como “Captain Marvel”, de Fawcett Comics, una respuesta casi inmediata a Superman. Los conceptos son idénticos: ambos lucen igual (parecen hermanos), tienen poderes muy parecidos y sus elencos son súper parecidos (see what I did there?). Supes es Clark Kent y Marvel es Billy Batson, realmente la misma metáfora: la persona que menos te esperas tiene todo el poder en la palma de la mano.

O sea, esta es la portada de la primera historia de Superman…


Y esta es la primera historia de Captain Marvel:


Pero así como Batman evolucionó, Captain Marvel también se fue convirtiendo en otra cosa. Las historias se fueron volviendo más extravagantes, más sofisticadas y mientras Superman, el hombre más poderoso del mundo, luchaba contra mafiosos, Captain Marvel peleaba contra dictadores galácticos, robándose la audiencia del pionero héroe americano. Para mediados de los años cuarenta, Captain Marvel se publicaba dos veces a la semana, que es una vaina que ni siquiera hoy es feasible. Mucho se ha especulado sobre por qué, si los dos eran prácticamente el mismo personaje, uno era más popular que el otro. Se lo atribuyo a la identificación del lector; mientras Clark era un periodista nulo, Billy era un chamo que se emocionaba por las aventuras que vivía su alter-ego y a veces le hablaba directamente al lector, como Deadpool haría cincuenta años después. El personaje originalmente se iba a llamar “Captain Billy” y queda bien descrito con las palabras del editor en jefe de Fawcett: “Le pedí a mi equipo que me crearan a un personaje idéntico a Superman, pero en vez de ser un reportero, que sea un niño”. Boom.

¿Qué hizo National Comics?

Demandó a Fawcett por violación a los derechos de autor (más de diez años después de la “violación”) y contrató a Otto Binder, escritor de Captain Marvel, para que aplicara en Superman lo que ya venía haciendo. Superman se reinventó y, sólo por si acaso, National compró al personaje de Captain Marvel.

O sea, DC demandó a otra empresa por fusilarse a su personaje, y contrató luego al escritor del fusil para que volviera al producto original una cosa más parecida al fusil.

¿Me sigues?

Ahora, la sentencia a favor de National tiene un detallazo: Captain Marvel como tal no es una violación de la propiedad intelectual, sino algunos elementos del personaje. Por ejemplo, ¿la pinta y los poderes? Violación. ¿El nombre y el concepto? Original.

Esto es clave para entender todo lo que vino después, porque aquí entra Marvel Comics en el panorama, and shit’s about to get a lot more fucking confusing.

Ve: Cuando Marvel ya había creado su roster clásico de personajes, se dieron cuenta de que el nombre de “Captain Marvel” estaba disponible, porque Fawcett aún lo tenía pero nunca hizo nada con él. Stan Lee, siendo quien es, pensó que era una excelente idea el vender a un personaje con el nombre de la compañía, que además cuenta con un legado más o menos similar al del Capitán América y La Antorcha Humana. Así, en 1968, Marvel Comics lanza a Captain Marvel ante los ojos de DC, que no podía hacer nada porque, aparte del nombre, este Captain Marvel no se parecía en nada al otro Captain Marvel.

Déjame repetir: El Captain Marvel que saca Marvel Comics, es un personaje completamente diferente al de Fawcett, lo que es burda de cómico cuando consideras que pocos años más tarde, DC trata de relanzar al Captain Marvel original y no puede porque Marvel Comics tiene ahora los derechos del nombre.

Por eso es que el personaje de Fawcett se llama ahora “Shazam” (siglas de Salomón, Hércules, Atlas, Zeus, Aquiles y Mercurio), un tipo que nació bajo una poderosa influencia de Superman, terminó influyendo a su inspiración y ahora se parece tanto a Supes que vive bajo su sombra —porque si Superman ocupa ahora el espacio labrado por Shazam, ¿qué haces con la copia? Para añadirle más confusión al cuento, DC Comics tiene tres personajes que son virtualmente clones: Superman, Shazam y Black Adam. En caso de que nunca lo hayas visto, this is Black Adam:


La parte del nombre entre Marvel y DC se resolvió en los 70’, pero en el 2008 Midway Games publicó el videojuego Mortal Kombat vs DC Universe, y en el roster de DC tienes a Shazam no bajo ese nombre, sino como Captain Marvel, lo que quiere decir que DC Comics sacó un producto en donde un personaje tiene el nombre de un personaje de Marvel Comics, que antes pertenecía a Fawcett Comics y que DC pensaba que tenía, pero realmente no era así y lo metieron en el juego, y nadie se dio cuenta. Todavía el personaje en ese juego tiene un nombre bajo el que no se publica. After everything we’ve just said, perhaps you think I’m done.

That would be a mistake on your part: Carol Danvers empezó como heredera del Captain Marvel nuevo, que es un personaje que nunca pegó y que solamente se publicaba para tener el nombre en rotación y no arriesgarse a perder esos derechos de publicación. Danvers, que iba como superhéroe bajo el nombre de “Ms. Marvel”, tuvo una carrera que incluye a Los Avengers y partes importantes en prácticamente todos los eventos de la editorial, hasta que alguien dentro de la empresa se dio cuenta (en el 2012) de que nadie relevante estaba utilizando el nombre de Captain Marvel y por ahí tenemos a Carol Danvers ascendiendo en relevancia, tras décadas de publicación. ¿Qué hacemos?

WE PUBLISH CAPTAIN FUCKING MARVEL:


O sea: la Captain Marvel que vas a ver en el cine de la mano de Marvel Studios es un personaje totalmente diferente al primer Captain Marvel de Marvel, que nada tiene que ver con el primer Captain Marvel, publicado en 1939. Y si Carol Danvers es ahora Captain Marvel, ¿quién es Ms. Marvel?

Kamala Khan, una fan de Carol con más similitudes a Billy Batson que el Captain Marvel de Marvel tiene con el Captain Marvel de DC.


Todavía falta: de aquel litigio en los 50’ que nunca se resolvió bien deviene un personaje llamado Marvelman, que es la misma güevonada que es Shazam, que tampoco pegó y fue rescatado en los 80’ por Alan Moore, en un titulazo llamado “Miracleman”, cuyos derechos luego pasaron a Neil Gaiman y él se los vendió a Todd McFarlane, y eso fue otro litigio de décadas donde Todd trató de publicar Miracleman, descubrió que no pudo y durante el juicio, los dos, Neil y Todd se enteraron de que los derechos eran sólo del nombre.

Paralelo a todo esto, en el 2009, Boom! Studios publica Irredeemable, de Mark Waid, que es otro giro a ese concepto de Superman/Captain Marvel con nexos directos a Supes. El personaje central de Irredeemable, Plutonian, es un derivado directo tanto de Supes como de Shazam, sin que esto sea violación a derechos de autor supongo que porque es Mark Waid y, pues, así es como funcionan los cómics.

Y bueno, ese es el cuento. Chao.


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sábado, 23 de junio de 2018

Sobre el Arte del Arte en Hiperinflación


Estaba conversando el otro día con mis bandmates sobre cuánto sería prudente cobrarle a la gente para que nos vaya a ver, en una economía bajo hiperinflación.

Dos asuntos prelan:

1) Estamos en un nivel en el que con un sueldo mínimo, no compras un kilo de carne. Cualquier cosa que no sea supervivencia, es lujo;

2) La gente está dispuesta a ir a ver a una banda famosa, pero ni siquiera las nacionales están tocando en Venezuela, así que esto es lo que hay.

Puede sonar muy self-deprecating, pero ¿cuándo fue la última vez que viste a Vinilo, o a Los Mesoneros en Venezuela, no digamos Zapato 3 o (estás soñando) a Depeche Mode? Por ahí está Pablo Dagnino y, hasta hace poco, Luis Irán seguía montando muy buenos shows prácticamente gratis. Este es el  momento para que bandas nuevas surjan y hay un poco de gente tocando brutal… en un contexto en el que nadie está dispuesto a pagar por nada.

Y la vaina aplica a prácticamente cualquier actividad artística. ¿Sacaste un libro, o tienes una expo fotográfica? That shit better be free, or it’s going to scare people away.

El tema es particularmente grave en el metal o el punk, porque de toda la vida ha existido la mentalidad de que “tienes que ser legit, tienes que venir de la calle y permanecer siempre en la calle y cualquier vaina que hagas por plata es porque te vendiste y demostraste que eres un falso de mierda”, una raya que más nunca en la fucking vida te vas a quitar. Es por eso que si te bañas más de dos veces a la semana, ni se te ocurra montar un toque en ciertos locales. Me contaba un pana “marico, es que acá hay bandas buenas, que montan muy buen material, pero la fanaticada no provoca ir a ninguna parte”.

La gente que se permite “lujos” es capaz de pagar dos palos por una franela de monstruo (poniéndotela barata), pero si cobras una entrada en 800 lucas, eres un mercenario explotador. Esto ha sido así siempre; en los 2000 era abominable, porque había plata arrechamente en la calle y cualquier tiendita te vendía franelas de bandas, cinturones punk, brazaletes mariquitos, pero si estás montando un toque, más te vale que estés vendiendo algo adicional, tienes que poner la curda tú y venderla más barato que en la calle, y lidiar con todos los forros de urna bebiendo después.

Pasa a nivel global. La gente va a criticar a Metallica por poner su música en una propaganda de nike mientras tiene zapatos nike puestos. $1 por una canción de Smashing Pumpkins es un robo, pero un café mediocre en Starbucks por $3 es razonable.

Hace un par de años, alguien le preguntó a Dave Mustaine en twitter por qué ya no venía a Venezuela, y es el primer y creo que único artista que lo dijo frontalmente: “Porque con la economía que tienen ustedes, nadie podría pagar el costo de las entradas”. Esa dinámica finalmente se trasladó a las bandas nacionales, que, o emigraron, o tocan dos veces acá y catorce en el exterior. Esto no es una crítica: tienen que ganarse la vida de alguna forma y no puede ser ni con discos ni con toques cobrados en bolívares. No mencionemos el ganarte la vida haciendo lo que te tripeas, ¿cómo haces para mantener a tu hogar si nadie se atreve aquí a pagar por arte?


Lo de “sudamerican rocker” siempre ha sido una joda, pero en chavismo está potenciado y expandido a artistas en general. 

Viva la revolución.

THE BLACK KEYS - Lonely Boy

Time to dance, y’all.