lunes, 24 de octubre de 2016

SYMPATHY FOR THE CREATURE 2: La Escalera de Jacob




Título original: Jacob’s Ladder

Director: Adrian Lyne

Guion: Bruce Joel Rubin

Elenco: Tim Robbins, Elizabeth Peña, Danny Aiello,

Cinematógrafo: Jeffrey L. Kimball

País: Estados Unidos

Año: 1990

Tópicos: Terror psicológico, demonios, infierno

Canción recomendada: Esto es tan Silent Hill (en realidad es al revés) que yo le pondría este fondo y calza perfecto.

Silent Hill es un fenómeno cultural que todos conocemos así sea referencialmente. Sus imágenes son potentes, pero son sus argumentos lo que pega, atacan tus debilidades espirituales, tus complejos morales. Los cuatro primeros videojuegos –I don’t always play videogames, but when I do, blah, blah- son excelente evidencia del mérito artístico del medio y, aunque hay dos películas basadas en la franquicia, los resultados son la decepción habitual. La primera es mala, pero la segunda es otra contundente demostración de que el cine no es una meritocracia. El mero hecho de que Silent Hill 2 se hizo demuestra que ‘cualquiera puede ser director’. Dependiendo de tu punto de vista, eso es inspirador o deprimente.

Mi desengaño particular (con la primera, no me quedé para la segunda) es que la adaptación perfecta del material ya existía, una oscura y modesta película con Tim Robbins que, de hecho, inspiró a los juegos. Antes de Silent Hill, de Hellraiser: Inferno, de Perfect Blue, de Session 9 y de Triangle, estaba La Escalera de Jacob. El infierno se lleva por dentro.

Jacob Singer tuvo una mala pasada en Vietnam. De vuelta en los States, asume como repartidor y se pasa los días en vaivén doméstico con Jezzie, su chica. Pero ese retrato de normalidad se va fragmentando con irrupciones esquizoides que no logra explicar: La estación del metro se vuelve un laberinto, entes demoníacos lo persiguen y los sueños de su vida antes de la guerra –casado y con un hermoso niño-, lo acosan como el remordimiento del paraíso perdido. Bien nos lo advierte el primer mensaje que ve en el metro, “Hell” y el espiral desciende en una horrenda conspiración donde nada es lo que parece.

Hay un momento de esta película en que Jacob despierta de un horrendo episodio de locura y ya no está en el infierno, sino en la vida perfecta que siempre deseó tener. Se aferra a esa realidad porque sabe que es pasajero y que pronto se sumergirá en aquello que lo caza, describiendo el meollo de la película; algo ha sumergido a nuestro héroe en una realidad donde sus demonios personales han tomado manifestación física. Ahora, la forma en que estas criaturas se manifiestan es brillante, porque, ok, hay demonios clásicos, pero prevalece un enfoque modernista. Los demonios de la antigüedad tienen ponzoñas y cuernos porque eso es lo que aterraba a los que escribieron los libros sacros, la agresividad de las bestias nocturnas. Hoy, nos aterran los pozos olvidados de nuestras urbes, la enfermedad (de ahí las famosas sillas de ruedas), la locura, el óxido y la deformación.

“¿Sabes qué pasa?” le dice el quiropráctico a Jacob, en una sesión oxigenante. “Si vives con pecados y asuntos pendientes, vas a tener demonios persiguiéndote. Pero no te están castigando, sino liberándote. Si has hecho las paces con tu pasado, verás que no son demonios, sino ángeles”.

Una charla metafísica que es fácil de tener cuando no es a ti a quien el mundo se le fragmenta.

Esta peli te deletrea algunas cosas, pero otras (como la motivación de los personajes y el papel que cumplen) están para que tú halles la lógica. Todo a lo que Jacob le teme está ahí, la verdad de lo que está pasando se te indica varias veces si eres observador, aunque la peli no tiene una explicación canónica. Si quieres apagar el cerebro y entretenerte con una historia de terror, esta no es para ti. Jacob’s Ladder te obliga a pensar sobre lo que estás viendo y sobre tus emociones. El subtítulo –y válida equiparación- es “El Infierno de Dante” y ¿sabes cómo salió Dante del infierno? Iluminado.

“Esta película me dejó confundido, triste y contrariado” escribió EL crítico de cine, Roger Ebert. “Es una dolorosa y deprimente experiencia, pero está dirigida, actuada y escrita a la perfección”. Es como una vez leí, Jacob’s Ladder es de esas que se acaban y quieres abrazar a todos tus seres queridos”. No es accesible (de hecho fue un bombazo en el cine), pero vale la pena que pagues la entrada. No es que esta sea la película perfecta de Silent Hill, sino que SH es hijo bastardo de esta película y cada vez que alguien habla de “terror psicológico”, lo más probable es que se base en el libro que Adrian Lyne escribió con lágrimas, pesar y mugre.



Un infierno moderno, vela y dime qué lectura le das tú. Porque de eso es de lo que se trata; no existe el infierno sino los apocalipsis personales. Una experiencia más que una película, Jacob’s Ladder es necesaria.


Otra por el estilo:

Un quiebre esquizoide retratado por un maestro, Repulsion.


No hay comentarios:

Publicar un comentario