viernes, 1 de abril de 2016

"Batman v Superman" (es "Marvel v DC")

 


Cuando tenía como 17 años, redacté una historia sobre una pareja de adolescentes que tenía un hijo endemoniado. Enlazaba el texto con las ansiedades del embarazo adolescente y me sentí muy sofisticado cuando se la mostré a mi tío Cheo. No sabía yo que Cheo Perroni era editor.

Se sentó con un bolígrafo rojo y yo, que le pasé la historia para que se impresionara, me quedé ansioso, preguntándome por qué estaba rayando el manuscrito que me costó tanto imprimir. Resultó en una de las experiencias más educativas que he tenido, cuando me llamó y me explicó punto por punto qué funcionaba en la historia y qué no. Yo traté de defenderme con los argumentos básicos del escritor, que cree que tiene la razón siempre porque a fin de cuentas es el autor. Él fue pétreo en su exposición. En un punto, subrayó un párrafo completo, escribiendo “P.Q.C.” al margen.
—¿Qué significa “P.Q.C.”?
—Fíjate. El chamo decide quemar la casa. ¿Por qué? Le tiene miedo a lo que piensan en el pueblo —arrugó la cara—. Eso, meh, es una acción muy drástica para una motivación tan superficial. ¿Por qué no se muda o deja a la familia? Entiendo que quieres un desenlace, pero la motivación no cuadra. Por eso el “P.Q.C.”, “Pa’ Que Cuadre”.

¿Por qué Batman quiere matar a Superman sin entrevistarse con él extensamente (como hace en Dark Knight Returns)? Porque necesitamos que los dos peleen al final. Pa’ que cuadre.

¿Por qué la Mujer Maravilla se toma vacaciones del planeta tierra y vuelve en lo que Deadpool llamaría “un aterrizaje heróico”? Porque necesitamos introducir al personaje de forma dramática y mete cualquier excusa. Pa’ que cuadre.

¿Por qué tenemos a un insufrible Lex Luthor con planes nebulosos? Porque necesitamos a un personaje tipo Joker y no lo tenemos, así que pa’ que cuadre, este es el hijo del otro Lex.

¿Por qué salen tantos personajes sin desarrollo? Porque así promocionamos la película de la Liga de la Justicia. Pa’ que cuadre.
 
La película hasta incluye al personaje más PQC en la historia de los cómics, Doomsday, un clon de Randy Savage en body paint y shorts verdes, creado exclusivamente para matar a Superman, ese es su único propósito argumental y el resumen de su caracterización tras veinte años. ¿Por qué? Porque necesitamos matar a Superman porque eso disparará las ventas. Pa’ que cuadre. Ya hablamos de esto.
Sé que DC no es la cuna de la sutileza, pero habría preferido que La Muerte de Superman se hubiese dado como un gran ardid de Lex Luthor, su archienemigo, supongo que porque me gusta la noción de que el hombre más veloz, fuerte e invulnerable del mundo es eliminado por un tipo normal y su intelecto. Quizá por eso Red Son es mi historia favorita de Supes, una novela mucho, pero muuuuuucho mejor narrada que La Muerte de Superman.

Pero el objeto de este post no es hacer un review sobre la película porque para eso está el resto del internet. Lo que yo quiero darte es perspectiva, la razón fundamental de por qué Batman v Superman fracasa y eso no yace ni siquiera en Zack Snyder sino en el complejo en el corazón de DC Comics.

Cuando DC Comics lanzó a Superman al estrellato, se hizo con el control de la industria en la llamada “Era Dorada”, que era medio confusa también porque era un período en que el medio estaba descubriendo empíricamente sus propias reglas. Hemos hablado sobre cómo cuando Fredric Wertham acusó a los tebeos de ser una influencia perversa para los jóvenes, usó a los cómics de EC como ejemplo. DC tomó la situación como una oportunidad: Diluyendo el centro de sus tramas ya diluidas, sobrevivió autocensurándose mientras EC fue incapaz de adaptarse al Comics Code Authority. Para que tengas idea de cómo se conducía DC, era la empresa que le negó los derechos de autor a Siegel y Shuster tras haber creado a Superman y siguió publicando la serie "bajo sus plumas" estando los dos expulsados de la organización (y ni hablemos de la tragedia con Bill Finger).

Y ese monopolio se logró con conceptos muy simples basados en absolutos, el núcleo de DC Cómics. Superman no es sólo un héroe, es el mejor héroe del mundo capaz de hacer lo que sea. Batman no es sólo un detective, es el mejor detective del mundo y de paso es el mejor karateka. Wonder Woman no sólo es una mujer guerrera, es la mejor mujer guerrera. Aquaman es el mejor en el mar, Flash el más rápido del mundo, Green Lantern el mejor soldado y así. Todo está enmarcado en el legado, el otro aspecto distintivo de DC, “somos los pioneros y tenemos tradición histórica”. Y en su defensa, no existen símbolos del cómic más representativos que Batman y Superman.

Todo cambió con la entrada en escena de Stan Lee y Jack Kirby. Últimamente he estado leyendo Spider-Man desde que arrancó con su propia serie y lo que impresiona de entrada es cuán sofisticada es la narrativa. Es súper anticuada y simplista si lo comparas con títulos actuales, pero para el momento era como pasar de leer cuentos de hadas a leer Harry Potter. Sabemos que al principio Peter Parker le dedica su atención no al heroísmo sino a los billetes, lo que no sabíamos es que se pasa mucho tiempo en esa aventura, incluso después de la muerte de su tío. Nada le sale bien a Spidey: su jefe es un imbécil, su tía está enferma, es pobre, el bully del colegio no lo deja en paz ni un episodio y la chica que le gusta (que no es ni Mary Jane ni Gwen Stacy) no gusta mucho de él. Parker parece entrampado en un ciclo masoquista. Tiene que salvar a ciudadanos que lo perciben como una amenaza.

Batman no va a permitir que ningún matón de liceo se burle de él, le dé un puntapié y se lleve a su chica. Jamás hemos visto a Green Lantern con facturas en la mano pensando “Tengo plata para pagar sólo una”. Es por eso, porque los problemas de Spider-Man se parecen a los nuestros, que toda la línea de Marvel superó en popularidad a la competencia, porque donde DC parte de absolutos, Marvel parte de limitaciones.
No recuerdo quién fue el autor que dijo que durante años pensó que la forma correcta de crear un personaje era hacerlo bestial en todo, pero darle una pierna coja. Todos los personajes del tiraje inicial de Marvel son así, héroes bestiales con un defecto que les arruina la vida. Los X-Men son incomprendidos y execrados, Iron Man ama el trago y tiene problemas del corazón, Hank Pym es un imbécil, el Capitán América vive en un mundo que no comprende, Daredevil es ciego y en cuanto a Spidey, that's a bag of tarantulas right there.

Y ahí es donde se nos complica la historia, porque cuando DC vio lo que el mercado le estaba diciendo, no concluyó que debía desarrollar sus tramas mejor, concluyó que debía hacer lo mismo que estaba haciendo Marvel. Literalmente.

Puedo ver desde aquí a los fanboys de DC sacando las antorchas, pero déjeme alegar mi caso, señor juez: Mientras el medio impreso experimentaba una auténtica revolución, DC tenía dominio cómodo sobre la cultura popular, con una serie de televisión en la que Batman bailaba twist. Pero con las ventas del material base bajando, el imperio estaba en riesgo por primera vez en treinta años. DC imitó los arcos de Marvel y hasta les imitó las portadas —no sé si lo he dicho, pero Stan Lee tiene un cuento de cómo alguien en DC le fue con el dato de que iban a incluir texto en las portadas porque Marvel lo hacía y sólo por molestar (Stan amaba molestar a DC), para el mes siguiente ordenó cero texto en las portadas, superando todavía en ventas a la competencia.
La cosa tardó más de diez años (imagínate, enlistaron a Denny O’Neil y Neil Adams, de Marvel y después de que Spider-Man tuvo un exitosísimo arco sobre las drogas, Green Lantern y Green Arrow hacen lo propio con el mismo tema), pero DC alcanzó el objetivo por primera vez con Teen Titans, de Marv Wolfman (nada más y nada menos que ex editor en jefe de Marvel) y George Perez (otro Marvelita). Lo que empezó como un esfuerzo por crear un equipo de superhéroes adolescentes parecido a la serie más popular de esos tiempos, X-Men, terminó como una excelente serie con sus propio estilo, mitología y éxitos narrativos —yo disfruto más The Judas Contract que The Dark Phoenix Saga. And I like The Phoenix Saga a whole fucking lot.

Pero seguían por debajo de Marvel y sus mutantes en una era en que Jim Shooter se dio el lujo de publicar un absurdo de historia (Secret Wars... la primera) sin que hubiese consecuencias económicas (¿suena familiar?). ¿Qué pasó entonces, cuando la pionera pasaba esos éxitos agridulces? Pues reseteó su continuidad para parecerse a un universo más Marvel (Todo lo que ha pasado antes no importa porque arrancamos de nuevo”) y coronó la apuesta con The Man of Steel, de John Byrne (una superestrella de Marvel) y Batman: Year One, de Frank Miller (otra).

Boom.

Es aquí donde le rendimos tributo a DC Comics, porque ese puje nos ha brindado a varias de las mejores historias desde el nacimiento del arte secuencial. Me llama la atención como Marvel rockeaba con sus series regulares y se confundía con las novelas gráficas y DC se confundía con las series regulares y rockeaba las novelas gráficas. Hablamos de una empresa que nos dio The Killing Joke, Watchmen (la mejor historia de superhéroes alguna vez contada) y sustituyó al Flash de Barry Allen con Wally West, mucho más interesante en los 90’ que un Spider-Man innecesariamente complejo.

Otro detallazo, Vertigo, la línea de cómics para adolescentes y adultos que nos ha brindado puro lomito, es un sello de DC. Y ha sido imitado por todo el mundo, incluyendo Marvel (MAX), so there’s always that.

¿Pero qué es lo que pasa cuando DC reinventa la rueda y al fin le asienta ese puñetazo en la barbilla al nuevo campeón? Lo mismo que le pasa al coyote cuando captura al correcaminos: No sabe qué hacer después.

Tengamos en perspectiva una cosa: El Batman que tú conoces hoy ha existido realmente por treinta años. Se llama igual que el personaje de 1939, tiene el mismo traje y trasfondo, pero su actitud y personalidad es drásticamente distinta y eso yace en las manos de Frank Miller. ¿Cuál era su versión de Batman? Pues Daredevil con traje de murciélago y ahí se configuró una tormenta perfecta porque con el éxito de la crítica, alguien en DC concluyó que el exitazo era por el tono (lo que explica en cierta medida a la maravilla que es Batman: The Animated Series). Los medios mainstream tomaban a los cómics en serio porque, fíjate, ya no son para niños, este ya no es tu Batman colorido de los 60’, sino un tipo neurótico y con mucha rabia reprimida. Ya sabemos cómo terminó esa historia.

Y aquí estamos, a treinta años de la aparición de Man of Steel (el cómic) y Year One, con un Marvel que saca películas donde te ríes y un DC que quiere que llores. La misma dinámica del medio impreso, Marvel rockea con sus películas regulares y DC apenas subsiste, hasta que saca The Dark Knight y todos quedamos en shock. Entre más cambian las cosas, más se quedan igual.

Uno podría decir que el ganador de ese ciclo es el lector pero esa conclusión tiene sus bemoles porque, por ejemplo, Batman: The Long Halloween es uno de los mejores cómics que he leído, pero tienes que preguntarte qué pasaría si DC le metiera esa inversión mental a sus series regulares y no sólo a sus novelas gráficas. Hace poquito Superman tuvo un renacer por aplicar la misma técnica de Byrne, quitándole los poderes (léase: limitaciones), pero cuando crees que la cosa se está acomodando, van y anuncian que hay que resetear toda la continuidad otra vez. ¿Por qué? Porque Marvel se lanzó Marvel NOW y su nueva línea All New es la joya del trono. Y ve, entre que Marvel tiene a Deadpool, Unbeatable Squirrel Girl y Vision, con un tono en todos los títulos aventurero similar al de las películas (¿ya leíste Ms. Marvel?), DC tiene solamente a Batgirl como título de acción-comedia —por ahí está Harley Quinn, esa persecución de DC por convertirla en su house-hold Deadpool. Todo es “Serious Business Stories ™”, así que cuando Batman le da escopetazos a la gente en Batman v Superman (el sacrilegio de esa vaina no me cabe en la cabeza), bueno, era como que predecible.

 More like this, Jim, please.

De manera que si eres de los niños de trece años que piensan que todo el que le dio un review negativo a la película es “porque es sólo un cinéfilo que no entiende a la obra maestra”, ahora sabes que este es un capítulo más de una larga saga entre dos héroes antagónicos, pero también simbióticos. Personalmente lo que me preocupa es que Batman v Superman es la primera película “a prueba de fallos”, una en la que el argumento no importa porque el estudio recuperará la inversión a juro y eso, en un arte narrativo como el cine, es fatal. Los efectos especiales nunca pasan de ser imágenes y lo que estás buscando cuando te sientas ante la pantalla es caracterización. Sabemos que Batman en lo que sea es como un silbato canino para geeks (incluyéndome), pero antes, si una película como Batman & Robin (o Ghost Rider o la nueva Fantastic Four) resultaba un culazo de crítica, lo era también de taquilla y eso implicaba el fin de la franquicia hasta que nuevos creadores emergieran con un enfoque diferente. Si una película, por otra parte, es un desastre pero hace un dineral, no hay necesidad real de enmendar la cuesta. Esa excusa de “se están tomando demasiado en serio una película de superhéroes” (la defensa con la que Michael Bay ha justificado por diez años sus infumables Transformers) se cae de pesado cuando consideras que esta es una película con cien kilos de simbología cristiana (“¡Si asemejamos Superman a un mesías anotaremos puntos con la crítica, somos tan profundos!”). Y mi punto es que esto no es culpa ni de Zack Snyder, ni de Batffleck, ni de Jesse Eisenberg, sino de cómo DC concibe sus narrativas. El desmérito no viene por una componenda de Marvel-Disney, sino por los propios complejos que DC ha tenido en su filosofía y que ya va siendo hora de exorcizar. Ese sí que sería un amanecer de la justicia.

viernes, 18 de marzo de 2016

Adjetivo-Adjetivo-Adjetivo-Sustantivo: El Excelente Cómic de las Tortugas Ninja





Sé que he amenazado con volver a publicar acá pero qué puedo decir, he estado ocupado. Antes de que empecemos con esta entrada, vamos a poner el ambiente.


Como cualquier  nacido en la segunda mitad de los 80’, tengo un enorme puesto en mi corazón para las Tortugas Ninja. Eran lo mejor que le había pasado al planeta tierra si habías vivido en él por menos de ocho años, tenían la mejor comiquita y la daban todos los días, eso número uno. Dos, salvo por el primer juego de Nintendo, tenían los mejores videojuegos (no había nada mejor que poner Turtles in Time y pasarlo con un pana). Tres, tenían los mejores juguetes. Si eras de los pocos afortunados en tener uno, eras el pran de primaria. Cuatro, las películas eran de esas que veías el domingo en la noche y el lunes eras un maestro del kung fu en el recreo. Quinto, pizza.

Pero como le pasa a todo en esta tierra, la sobreexposición y el pobre control de calidad trajo terribles consecuencias. La tercera película es una de las peores cosas que me han pasado y la comiquita dio paso en nuestras tierras a los días de gloria de Televén, con Spider-Man, Dragon Ball y Los Caballeros del Zodíaco. A finales de los 90’ hubo el amago de un revival, uniéndolos a los Power Rangers con una nueva tortuga, femenina, llamada Venus de Milo. Entre menos hablemos de eso, mejor.

Claro, nosotros también crecimos. Tocábamos lamentables versiones de Blink 182 cuando las tortugas luchaban por una nueva serie animada y estudiábamos los discos de Marilyn Manson cuando salía un nuevo juego, que nunca alcanzaría las cotas de gloria de la vieja escuela. Las dimos por muertas. Una de esas cosas de la infancia que ahí quedaron.

Bueno, a lo mejor no lo sabes (o a lo mejor sí), pero esa franquicia empezó como un cómic underground. Kevin Eastman y Peter Laird se lanzaron su cómic independiente como un chiste contado con cara seria. Si tú lees el primer episodio (mucha gente llama “números” a los cómics, yo los llamo “episodios” porque es lo que son) de esa serie en blanco y negro, es como que si estuvieras leyendo Daredevil o Batman de Frank Miller. Leonardo en una azotea neoyorquina, súper oscuro, súper gótico, súper noir, hablando del combate que viene, tenso y moody, pero quien cuenta todo es una tortuga gigante. El tono de esos cómics es similar al de la primera película (que se valió de esos tomos como inspiración), aunque bastante más violento.

La revolución vino con Playmates, la compañía que hizo los juguetes. Para promocionar los juguetes, produjeron una comiquita que tuvo que repetirse tres veces para calar en la audiencia y antes de seguir hablando de eso, tomémonos un momento para admirar el genio de Pat Fraley, que hacía la voz de Krang. Ve:



Eastman cuenta que en 1987, pasaban el 90% dibujando el cómic y el 10% haciendo negocios y ll año siguiente era a la inversa. Laird siempre ha sido más reservado así que no tenemos mucho de su perspectiva, pero su compinche cuenta que en el tope de ese imperio, tenían que reunirse con abogados y empresarios y atender los temas más estúpidos y molestos del planeta, mientras todo el mundo se acercaba buscando una tajada del pastel. “Lo que realmente extrañaba era dibujar. Era por eso que empezamos, porque queríamos hacer un cómic”. Y vaya que los cómics continuaron, pero los resultados eran tan inconstantes que sólo el más fan de los fans podía soportarlos. Y eran los 90’, así que imagínate la calidad de las historias.

Bueno, hace pocos años la gloriosa IDW (quien sea que edita ahí tiene excelente gusto) compró los derechos, obtuvo el beneplácito de Laird y la colaboración de Eastman y se lanzaron un cómic de una franquicia muerta. Algo que amo del medio, una de las cosas más ricas del mundo, es cuando consigo una serie, leo un episodio y me entretiene, leo el siguiente y la cosa crece hasta que no me puedo despegar y estoy instalado todo el tiempo leyéndola. No pasa mucho, pero a la fecha de esta redacción voy entrando al octavo volumen y te puedo decir que es una de las mejores series que he leído en diez años. Es como leí por ahí, “¿Qué tan buena es? Está al nivel de X-Men en los 80’”.

Si lo piensas, el concepto de las Tortugas Ninja es la cosa más absurda de este lado de Arcadia. Trata de vender esto: Son cuatro tortugas bípedas y antropomorfas. Pelean karate, son expertas ninjas, las entrenó una rata, que también es su papá, y les encanta la pizza. Los malos principales son un cerebro en un robot y un ralla-quesos con patas.
Bueno, el genio de IDW es que se sentaron a ver cómo tomaban todos los elementos de esa disparatada mitología y los convertían en una cosa coherente con la que tú o yo pudiéramos identificarnos. Agarraron al cómic original, a la comiquita, a las películas, a los juegos y se pusieron, “¿Cómo podemos unir todo esto y que quede bien?” Entonces las tortugas empiezan todas con bandanas rojas, que es como se veían en el cómic original (por eso el cartucho de Nintendo se ve así) y vemos por qué toman bandanas de color. Vemos por qué Rafael tiene ese problema de actitud y de dónde salió Casey Jones. Abril O’Neil empieza como asistente de Baxter Stockman, como en el cómic original, y progresa lentamente a su rol de reportera. El conflicto entre Hamato Yoshi (Splinter) y Oroku Saki (Destructor) lo plantean como una épica que empezó en el Japón feudal con una rivalidad de poder. ¿Te acuerdas de los neutrinos? Es la parte más estúpida de la comiquita, ni siquiera la voy a describir. Y uno de los mejores cumplidos que le puedo hacer a esta serie es ese: Te presenta a los neutrinos de un modo en que dices “Okey, te lo compro”. Una mezcla de fantasía con ciencia ficción sabrosísima.

El punto en que me di cuenta de que algo estaba pasando fue con el primer volumen, cuando las tres tortugas y Splinter buscan a Rafael, que se separó del grupo al momento de nacer. Para el final de ese arco, te descubres con el corazón chiquito y los ojos húmedos. El tema principal de la serie es la familia y cómo incluye a la gente que porta tu sangre y a los que están ahí en las buenas y en las malas. Un momento surreal ese, cuando te detienes a pensar “Estoy conmovido por una serie de animales parlantes”.
  
El acercamiento es el mismo de Eastman y Laird: Agarra este concepto estúpido y tómatelo en serio. Leonardo, que sigue canalizando a Daredevil, es un líder que siente al peso del mundo sobre los hombros, que debe proyectar un exterior fuerte cuando guarda muchas dudas por dentro. Rafael, impulsivo y rabioso, siempre funcionó como el Wolverine del grupo. Acá tiene que aprender a los trancazos que ser tan emocional es una debilidad y que la furia sin disciplina es un castigo. Miguelángel sigue siendo el más gracioso y juvenil del equipo, pero acá supera su tema de “comic relief” para ser el corazón, aquel con el que más fácil nos identificamos. Es el que ve las cosas con claridad aunque las tiña de humor; cuando Miguelángel habla en serio, you know shit got real. Dejé a Donatello de último porque me parece el cambio más drástico. Hasta ahora, Donnie era la que a nadie le gustaba porque era usado como un artilugio de la trama, un vulgar “plot device”: ¿Hace falta viajar a la Dimensión X? Donatello inventa un portal. ¿Un robot está destruyendo la ciudad? Donatello inventa otro. Siempre era “¿Qué puede hacer Donatello para que la trama avance?”

Acá se ha vuelto mi favorito: Intelectual, la tortuga menos inclinada a la violencia, 100% geek con amor a Calabozos y Dragones, es el Scully del grupo. Hay un momento empezando la serie en que Splinter dice que ellos son las reencarnaciones de héroes japoneses y Donatello lo para, “No, ya va. Mutaciones, me lo creo. ¿Reencarnación? Lo lamento, no hay pruebas de que eso exista”.

Dicen que una historia sólo es tan buena como sus villanos y los malos de Teenage Mutant Ninja Turtles, por IDW Publishing, son detestables. Baxter Stockman es un imbécil malicioso capaz de pisotear a quien sea con tal de ganar la partida; Krang es presentado (¿presentada?) como un dictador vicioso, siempre dos pasos más allá de sus enemigos (y te explican de dónde sale ese robot que usa). El peor, sin duda, es Shredder, Destructor. Cada tres episodios, estás “Pana, ¿hasta cuándo este malditooooooo?”, pero por otra parte no quieres le pasa nada porque el personaje le mete veneno a la historia. Oroku Saki es lo más cercano en la serie a un samurái histórico real. Ambicioso, disciplinado, rencoroso, eficiente, honorable muy a su manera. Odio a Shredder, pero lo respeto, jaja.

Los personajes nuevos te resultan poco interesantes cuando empiezas porque uno quiere leer es de lo que uno conoce, pero te puedo decir que Old Hob, que parecía un villano nulo al principio, evoluciona en un personaje que se ha vuelto de mis favoritos; Alopex igual, “Oh, otro animal antropomorfo que pelea” y de repente le dedican un episodio sólo para ella y es uno de los mejores episodios de la serie. Te recomiendo eso, busca no sólo los capítulos de la serie regular, sino los paralelos, porque sacan miniseries con un capítulo sólo para Splinter, uno sólo para Krang, uno sólo para Abril y así. Es esa meta de todo escritor: Superar la incredulidad inicial y contarte una historia que te llegue al corazón. Que acá usen animales les da 200 puntos extra por esfuerzo.

Entonces, familia como tema principal. Es como “Valiente”, la película de Disney, pero para chamos. Splinter trata de ser un buen padre, criando a una familia con las tortugas, Abril, Casey Jones (cuya historia personal is going to make you his bitch), fundamentado en la amistad, la compasión y la paciencia, mientras Shredder tiene una concepción distinta: También crea una familia en el Clan del Pie, con Karai, Alopex, pero es celoso; Te va a proteger, va a sacar la cara por ti y va a matar por ti, pero te recuerda al Dios del Viejo Testamento: Tu padre, tu familia soy yo o no es nadie. Uno podría esperar que “Ah, como este es el malo su meta es ser malo porque sí, se paró una mañana y pensó en la maldad del día”, pero en el episodio de Alopex, descubres que hay honor entre los ladrones. “Yo le debo mucho a ese hombre” se dice la zorra de invierno. “Si él no me hubiese rescatado, dado el mutágeno y convertido en lo que soy, seguiría ahí, en el laboratorio con esos horrendos humanos y sus jeringas”. Y entonces, holy fuck, resulta que el malo tiene gente que lo quiere por motivos comprensibles. Eso, señores, es saber escribir.

Por cierto que cuando Bebop y Rocoso hacen entrada, es el toque de comedia perfecto que le faltaba al estofado. Voy a dejar que tú lo leas, pero la razón de por qué Rocoso elige ser un rinoceronte es épica e hípica. Chistes ingeniosos que, por eso, dan risa.

AMO EL ARTE DE ESTA SERIE. Siempre es bueno, siempre, desde que arranca, pero cuando empieza el arco “City Fall” (volumen 5 o 6)… (ese arco, por cierto, es una de las historias más criminales que he leído, un capítulo terminas gritando “Noooo, no puede seeeer” y al siguiente quedas “Maricooooo, qué bolas esta vainaaaaa, ya bastaaaa”), Mateus Santolouco agarra las riendas y se ha convertido en uno de mis ilustradores favoritos. Durante mucho tiempo se vio al arte del cómic como un elemento separado del texto y pocos rompieron ese molde. De un tiempo para acá, impulsado más que todo por Marvel, los ingredientes se han mezclado resultando algo que sólo funciona así en cómic, explota las fortalezas del medio. Hay una parte en que el Clan del Pie ataca a un clan rival y rompen unas ventanas para entrar al cuartel general. Mateus escribió el “CRASH” con los cristales rotos volando en el aire. Ese es sólo un ejemplo, cosas que enorgullecerían a Gibbons y a Sienkiewicz. Vas a pasar la página y te quedarás un rato viendo sólo la maquetación de la hoja.

 
Incluído: Arte original de Kevin Eastman, para elevar el pedrigree.

No sé qué más puedo decir para venderte la serie. Es de lo mejor que se está publicando ahorita. ¿Cómo un personaje tan popular como Batman se une en una serie a las Tortugas? Ah, porque el cómic de las Tortugas es del lomito de la actualidad, esto ni siquiera es para fans de las Tortugas, esto es para fans de los cómics buenos. Turtle power, chamo, al fin alguien les hace justicia.


BONUS FEATURE
Mi casting para la película ideal

Partiría de esta serie de IDW como inspiración para el guion y sugeriría para los roles a:

 Anna Kendrick como April O’Neil,
Es una actriz y luce como el personaje. Son dos puntos en los que le gana a Megan Fox (¿en serio, Michael Bay? ¿Megan Fox?).

Nicholas Hoult como Casey Jones,
Este bro puede hacer lo que sea. Su Casey Jones es un tiro al piso.

Cary Hiroyuki Tagawa como Shredder,
Ve Showdown in Little Tokyo o Mortal Kombat. El tipo es Shredder sin intentarlo. Ahorita está más viejito, pero su papel en The Man In The High Castle demuestra que está activo y que, plot twist, el tipo sabe actuar.

Neil deGrasse Tyson como Baxter Stockman,
Si Neil fuese un imbécil, sería Baxter Stockman. He already looks the part y parece alguien que podría tripearse la idea de actuar así sea para una sola película.

Kat Dennings como Irma Langinstein,
El chiste de Irma es que vive buscando novio y no consigue, que es algo que nunca te podrías creer de un ser humano precioso como Kat Dennings, pero con los toques adecuados, podemos darle la pinta correcta.

Chiaki Kuriyama como Karai,
Había pensado en Rinko Kikuchi pero ya está muy sobreexpuesta y nuestras pantallas merecen más Kuriyama hotness. La pega principal de este casting es que, que yo sepa, ella no habla inglés y cuando los actores japoneses hablan inglés fonéticamente, se nota, hace ruido. Lo bueno es que un papel como Karai permite que hable japonés el 85% del tiempo y no pasa nada. Y baja el presupuesto.

Adrien Brody como Vernon Fenwick,
Si esta fuese una propuesta real, esta sería la elección que el estudio encerraría en un círculo rojo porque: a) Adrien Brody es una estrella ganadora del Oscar; b) No vas a usar una estrella para un papel secundario con menos de treinta minutos en el metraje total; c) El presupuesto se dispararía; d) Desde un punto argumental, tienes a Vernon o Irma, pero no a los dos, cumplen labores de reparto muy parecidas.
Entonces esto sería hacer campamento afuera de la mansión Brody con el libreto en la mano para convencerlo a que haga un papel secundario en una película de las Tortugas Ninja, pero estamos soñando ahorita y soñar es gratis.

Toshishiro Obata como Toshiro,
Es un cameo, un personaje menor que entrena a los ninjas del Pie, pero es un actor de culto que estuvo en las dos primeras películas, entonces dale play, pues.


¿Cómo justifico ese poco de actores famosos chupándose el presupuesto? Porque para los demás papeles apelaría al corazón geek: Actores de voz famosos.

Pat Fraley como Krang,
Porque por supuesto que sí.

Laura Bailey como Alopex,
¿Sabes la Demon Hunter de Diablo 3? Esa es Laura Bailey.

James Hong como Splinter,
Usar al actor de David Lo Pan como un personaje tan honorable sería ir en contra de casting, pero confío en los músculos histriónicos de Hong. Había pensado en Takeshi Kitano, que presenta un reto similar al de Kuriyama (y Takeshi es un actor serio, no sé si acepte algo así), pero Hong tiene mi corazón y fanatismo geek.

Kevin Conroy como Leonardo,
¿Batman? Sí. Dale un toque más juvenil y estás listo, es el personaje.

Paul Mercier como Rafael,
El Leon Kennedy de Resident Evil 4, ya tiene la actitud, sólo hay que darle un guion que funcione.

Quinton Flynn como Donatelo,
Raiden en Metal Gear Solid 2. Si alguien puede hacer voces de chamo bien, es este tipo.

¿Dónde queda Miguelángel? Fue el papel que aún no descifro, ¡sugiéreme algo!