George
Andrew Romero
1940 – 2017
He
made us afraid.
Es una historia de puta madre
que pensé que iba a odiar y terminó enamorándome. La peli me la recordó porque
Otto le mete mano al traje de Peter y lo amplifica con tecnología, se inventa
drones para vigilar la ciudad and turns out to be a pretty effective masked
adventurer. Hay arcos clave de Spider-Man (Spider-Man
No More, The Night Gwen Stacy Died, Sinister Six, The Symbiote Saga) y
siento que todos deberían anteceder a una película de Superior Spider-Man, pero
es una fórmula con la que Marvel Studios puede jugar. No sé si sabes, pero
ahorita hay varios Spider-Men rondando el planeta, a diferencia de toda la vida
en que era uno solo. En publicación, Peter Parker ya es al fin un adulto y
tiene su propia empresa, recordándonos a Tony Stark en las películas.
Ese tema
de adolescencia con heroísmo recae en el Spider-Man que todo el mundo ama,
Miles Morales. Mi favorita, sin embargo, es Gwen Stacy, que viene de un
universo en el que fue ella la mordida por la araña radioactiva y Peter es el
que muere. Esta Gwen, mejor conocida como Spider-Gwen,
es lo que pasa cuando tienes a un excelente libreto con un dibujante del
carajo. Es prácticamente un remake de lo que le pasó a Peter Parker, pero desde
una perspectiva femenina y está tan bien presentado que da gusto leerlo. Cuando
Gwen llega al colegio trasnochada y con el cuerpo adolorido por pelear contra
The Punisher, se sienta en el pupitre y se entera en ese momento de que tiene
examen, damn, el concepto ideado por Stan Lee brilla.
Ahorita todo el mundo está
enamorado del Marvel Cinematic Unvierse, pero en el papel, Marvel tiene varios
universos particulares que forman parte de la bigger picture. El más grande era
X-Men, con un elenco central, secundario, villanos en la tierra, en la
estratósfera, en el infierno (really), en el futuro, en el pasado y et ceteras.
Tú puedes hacer un universo cinematográfico solamente de X-Men sin meter por
ningún lado a los Avengers. En estos últimos años se ha ido creando otro mundo “independiente”,
el Spider-Verse, con las características antedichas. Claro, es una forma de
mantener fresco a un concepto de más de cincuenta años, pero funciona.
Y hablando de X-Men, viendo Homecoming uno fantasea sobre una
película que los muestre tan fieles al cómic como esto lo fue con Spidey. Brian
Singer hizo mucho por las películas de superhéroes, pero es hora de dejarlos ir.
Porque si eso es lo que conoces de los mutantes, prácticamente no los conoces.
De hecho en la serie animada de los 90’ medio se parecen al material fuente. Wolverine
sí es así y Beast en X-Men 3 es la mejor parte de esa película, they nailed
that character beautifully. Pero Gambit es más sádico, Rogue más juvenil,
Cyclops más badass y Jean más simpática. Creo que el peor caso ocurre con Emma Frost, que no se parece en nada al personaje de First Class. A mí me pasaba cuando
empecé a leer X-Men que no entendía
por qué tenía que soportarla en todos lados y por qué se supone que es tan
popular, but that woman grows on you. Tiene las mejores líneas y su arco
argumental (la tipa que se las tira de que se las sabe todas y es más poderosa
que todo el mundo, pero en realidad tiene mucha culpa y duda de sí misma) es
uno de los placeres de leer X-Men.
El otro personaje mal
retratado es Cyclops. Nunca me he conseguido con alguien en la calle que me
diga “Yeah, that guy is awesome”, todo el mundo piensa que es o un mariquito
aburrido o Capitán América con lásers. Velo así: Cyclops ha estado SIEMPRE en
publicación. That’s about fifty years, más que Wolverine, y todo el que ha
conocido a Scott Summers en la hoja, lo ama (es de hecho mi mutante favorito). Tienes
que empezar leyendo Children of the Atom
y Season One, historias del origen
del grupo mucho mejor organizadas que la historia escrita por Stan Lee (que no
es mala, pero no es tan sofisticada como el cómic moderno). Scott was a kid
with a HUGE FUCKING BAG of issues y cuando el profesor lo rescata y lo entrena
para ser líder, nadie lo cree capaz del rol, especialmente él mismo. Al ver a
Jean, le gusta de una, pero pasa años sin decirle nada porque no se le ocurre
que ella pueda estar interesada en él. Ver ese ascenso del chamo torpe y
awkward al tipo que le pone el índice en el pecho a Steve Rogers y le dice “This
is our house, so you get the hell away from us” es un fucking gustazo. The
motherfucker broods like a pro y cuando se lanza contra alguien, es implacable.
Rara vez escribo sobre política y las veces que lo he
hecho, me ha funcionado pero, look, guys: I love reading comic books and geek
out with you. Mi nuevo crush literario es Spider-Gwen, y quería redactar un
post sobre su serie, pero no puedes hablar de eso sin hablar de Spider-Verse, y
si hablas de Spider-Verse, tienes que hablar de Superior Spiderman que, por
cierto, muy buena la última película. Muchos de los artefactos que Peter usa
ahí son diseñados y empleados por su versión Superior. Aunque veo un indicio de
Sinister Six, es válido soñar algún día con Spider-Verse y el retorno de Gwen
Stacy.![]() |
| The Superior Spider-Man |
(El escritor
checo) Václav Havel se hizo fama de “oposicionista” antes de cumplir los veinte
años. Dio un discurso criticando a los escritores más viejos por la hipocresía,
no tanto al callar la verdad, que era difícil y peligroso, sino porque ni
siquiera escuchaban la verdad. Y era “la verdad” el paradigma de Havel. Sus
trabajos más conocidos son ensayos en la naturaleza filosófica sobre vivir con
honestidad bajo un régimen opresor donde “el Estado tiene una embajada en la
mente de los ciudadanos” y donde “la historia se detiene y el pasado,
manipulado, queda expropiado. Y al igual que todas las cosas que el gobierno
expropió, se deterioró”.
Tras su liberación, fue vigilado de cerca y sufrió
numerosos bochornos, aunque se le permitió cierto nivel de vida. Podía pasar
largos períodos escribiendo en su casa, a dos horas y media de Praga. La
policía secreta construyó una casa en la cercanía de la suya para poder
seguirlo mejor. En muchas ocasiones, Havel podía asomarse y ver a los oficiales
viéndolo con binoculares. Él simplemente los ignoró. Sabía que sus teléfonos y
paredes tenían micrófonos y trató de vivir lo más normal posible. Era una forma
de vivir bajo el totalitarismo con su integridad intacta. Su mensaje era que si
vivías “como si fueses libre”, podías aprender a ser libre, independientemente de lo que la dictadura te hiciera.
Pero los oligarcas en el poder tenían más problemas
que unos ciudadanos facinerosos. El dinero se acababa y sólo podía ser
rescatado por los bancos de occidente. Líderes como Husák llegaron a un pacto
social con su gente, “Si ustedes se conforman y no me dan problemas, nosotros
les garantizamos la comida necesaria, un nivel de vida razonable y varias otras
comodidades. Lo que tienen que hacer es olvidarse de ideas burguesas como
democracia”. El pacto funcionó por un tiempo, pero a principios de los 80’
empezó a decaer. El gobierno comunista no podía cumplir con su parte del pacto
sin pedirle enormes préstamos a los gobiernos capitalistas. Los problemas
básicos del sistema se hicieron obvios pero, aunque tenía que cambiar, no
podía, por motivos políticos e ideológicos. El Partido extraía su autoridad de
la convicción de que siempre hacía las cosas bien y la historia estaba de su
lado. Los problemas surgían cuando la realidad no seguía el libreto de los
visionarios marxistas.
La única forma de llenar los anaqueles era con
préstamos de capital de occidente. La visión marxista, en la práctica, era como
apuntó Adam Michnik, “construir el comunismo a base de dólares”. Los comunistas
y los banqueros norteamericanos se abrazaron en una suerte de danza macabra. La
dictadura percibía al dinero occidental como una forma de pacificar a la
opinión pública nacional e internacional y de retrasar los cada vez más
necesarios cambios de sistema. Usaban los créditos extranjeros no para invertir
en nuevas tecnologías o diversificar la base industrial, sino en comida y
bienes de consumo, que luego le daban a la gente con precios subsidiados poco
realistas. Al principio, los ciudadanos estaban contentos, tanto como los
banqueros, que tenían líneas de contacto desde Londres y Wall Street hasta
Moscú y Berlín. La mitad de los préstamos eran de bancos privados garantizados
por gobiernos occidentales, que invitaban a los comunistas a tomar el dinero,
porque los comunistas eran percibidos como prestatarios responsables. Los
banqueros, que no tienen memoria, veían a los regímenes como grupos estables
con ciudadanos trabajadores disciplinados. Más importante, creían que un
gobierno soviético haría lo que fuese antes de entrar en default (NOTA PERSONAL: Un default ocurre cuando el
gobierno nacional no es capaz de pagarle a sus acreedores la plata que ha
percibido en préstamo).
Eran cínicos y sorprendentemente ingenuos sobre los
sistemas políticos con los que lidiaban. A largo plazo, la única forma de
garantizarse esos pagos era invitando a una democracia cada vez más abierta,
pero la idea nunca se les ocurrió. En cambio, muchos vieron a la ley marcial y
los arrestos de Solidaridad en Polonia como algo excelente. El General volvería
a meter a las cosas en cintura y los pagos ocurrirán a tiempo. “¿A quién le
importa lo que diga la política?” explicó la cabeza de la división
internacional de Citibank en un artículo de Commentary de 1982, “Lo que importa
es que puedan pagar las facturas”.
Rusia tenía un problema tan grave como el del resto
del imperio –y peor en ciertos aspectos. Proteger al gobierno era una carga
cada vez más pesada, aunque el Kremlin no lo reconociera. No estaban preparados
para hacer un análisis de costos-beneficio sobre la manutención de un imperio
que les costó tanto por alcanzar y su determinación de permanecer siendo un
superpoder, por prestigio e ideología, era total. No pensaban que llevaban a la
URSS a la ruina y enfocaban los gastos en el sector militar. El plan económico
tenía dos fines: Todas las fábricas que hicieran productos industriales, como
carros o electrodomésticos, debían tener una aplicación militar para esos
bienes. Se produjeron y compraron grandes cantidades de armamento. Cientos de
misiles intercontinentales se hicieron al año y miles de tanques salían de las
fábricas. El motivo era ideológico y nacía de un complejo de inferioridad,
pensaban que lo que Estados Unidos hiciera sería tecnológicamente superior, así
que se compensaba la calidad con la cantidad. Se competía no sólo con
Norteamérica, sino con Inglaterra y Francia. Como dijo Viktor Starodubov, asistente
del ministro de defensa Ustinov, “construimos todas esas armas de destrucción
masiva por esa razón, era de lo poco que podíamos hacer bien”.